miércoles, 19 de diciembre de 2018

RODIN Y LA ESCULTURA



Un arte que tiene vida no restaura las cosas del pasado, las prosigue(Auguste Rodin)

UNO- LA ESCULTURA EN EL SIGLO XIX. Durante mucho tiempo se creyó, generalmente hablando, que el interés artístico de la escultura en el siglo XIX no podía compararse al de la pintura. Causas: 1) notable dependencia estilística y topológica de modelos anteriores, 2) derivación continua hacia los aspectos descriptivo- literarios, 3) su ligazón a empresas políticas y/o económicas, 4) la dificultad, por razón técnica, para integrarse en forma rápida en el sendero de los movimientos culturales de otras artes renovadoras en el tiempo y 5) la invisibilidad/inexistencia, en principio, de un itinerario lógico y coherente para convertirse en elemento transgresor presente/exigible en cualquier obra de arte. Sin embargo, con gran libertad estilística, y a pesar de todo, el siglo XIX es uno de los más prolíficos en la consecución de obras escultóricas, superior incluso al de la propia pintura, además de permitir, dada su espectacularidad literaria, de abrir puertas a su capacidad para expresar la integración de las artes.
Durante mucho tiempo la escultura decimonónica fue ecléctica, vivía /copiaba lo realizado anteriormente pero en el último cuarto de siglo se llevaron a cabo diversas experiencias renovadoras (también en la pintura). Estaba claro el no poder interpretar escultóricamente todos los principios del Impresionismo Pictórico, solo algunas coincidencias (la obra de Medardo Rosso, p. e.). Se observan cambios importantes en el arte de esculpir, tanto en la valoración de los aspectos concretos (volumen, espacio, sugerencia, textura, vitalidad formal) omitiéndose otros valorados anteriormente (sentido narrativo, teatralidad, virtuosismo técnico, acabado).
Aquí hace su aparición Auguste Rodin (1840- 1917), último bastión de la materia en servicio del soporte literario y un sentido plástico completamente nuevo en heterogeneidad de interpretaciones personales enlazadas tanto en la mentalidad realista como en la simbolista. Sus esculturas parecen estar en movimiento, la vida late debajo de la superficie escultórica como en Miguel Ángel Buonarroti o en Gian Lorenzo Bernini. Menospreciado y atacado por aquella crítica, siempre existente, opuesta a cualquier innovación, se le reconocerá después como uno de los escultores más grandes de todos los tiempos mientras la crítica negativa y destructiva será olvidada para siempre...
DOS-  FRANÇOIS- AUGUSTE- RENÉ RODIN nació y falleció en París (1840- 1917), vivió, pues, 77 años. Procedía de una familia humilde, su padre, Jean- Baptiste, instalado en Paris desde 1830, era empleado de la Jefatura de Policía y su madre, Marie Cheffer, casó con su esposo en segundas nupcias. Rodin estudió en la escuela de los “Frères de la doctrina chrétienne” de Nancy para después, 1850, empezar a dibujar y a los 14 años entró en la “Escuela Imperial Especial de Dibujo y Matemáticas” aprendiendo a dibujar  y modelar de memoria guiado por el pintor Horace Lecoq aún con técnicas aceptadas como tradicionales y académicas y consiguió ganar varios premios pero no entrar (intento en tres ocasiones) en la Escuela de Bellas Artes. Tras abandonar la carrera eclesiástica al descubrir no tener vocación se centró en el arte de la escultura pero con métodos ya no tradicionales. Estudió anatomía con Antoine Louise Barye en el Museo Nacional de Historia Natural y aprendió mucho para su futura carrera con el escayolista Constant. Ganó algunos premios más, trabajó para el Museo del Louvre y en la Galería de Estampas de la Biblioteca Imperial, moldeó estatuas decorativas, contribuyó en la reconstrucción urbana de París como ayudante de Georges Eugène Haussmann y en 1860 da su primera escultura conservada de él: ”Busto de Jean- Baptiste Rodin”, su padre, de estilo totalmente neoclásico.
Rodin elabora en 1863 ”El hombre de la nariz rota”, primero rechazada por el Salón de París, luego aceptada (inicio de su reconocimiento, al menos de forma oficial), época en la cual traba amistad con el pintor y escultor Jean Baptiste Carpeaux. Al año siguiente entró en el taller del escultor Albert- Ernest Carrier- Belleuse (trabajó como marmolista de 1864 a 1870) con el cual tuvo siempre una gran amistad.
Había estudiado a fondo la escultura clásica y a su admirado Miguel Ángel. Al igual que los pintores impresionistas restó importancia al acabado de la obra dejando algo a la imaginación del espectador (en alguna ocasión dejó la piedra sin trabajar para dar la impresión que su figura surgía del caos y tomaba forma). En principio, al menos, dependió del sistema artístico tradicional (salones, academia, encargos públicos) y en sus primeras obras había ya influencias de Miguel Ángel y de Donatello (Donato di Niccolò di Betto Bardi) pero ya anunciaban el estilo personal y plasticidad a venir. Esta convivencia tradicional- nuevo fue importante lo cual sirvió para que el gobierno francés le confiara “Las puertas del Infierno” (encargada en 1880), puerta para la entrada del futuro Museo de Artes. Basada en “El Infierno” de Dante Alighieri, esta obra nunca llegó a crearse (monumental grupo escultórico que debía medir aproximadamente seis metros de alto por cuatro de ancho) pero sus esquemas y planos sirvieron para campo experimental en donde introducía y variaba figuras luego independientes como “El pensador” (1881), “El beso” (1881) o “Danae” (1885).
En su primera obra importante, “La edad del bronce” (estatua en bronce de un hombre desnudo, tamaño natural de 72 pulgadas de alto, 1875-76) fue acusado falsamente de sacar directamente los moldes del cuerpo del modelo y no de una arcilla moldeada por el artista como ha de hacerse en el vaciado. Era demasiado perfecta y no le creyeron pero salió triunfante además de reconocido como gran escultor. Entre las amistades que le apoyaban estaba Edgar Degas, pintor impresionista (y también escultor). A continuación cayeron sobre él ofertas de todo tipo: monumentos, retratos, etc. Una vez llegado aquí podríamos decir que anatomicamente falta lógica de proporción pero es voluntariamente utilizada para subrayar los sentimientos. El proceso de elaboración de sus esculturas es el vaciado, elaboradas en principio con yeso. Primer paso para conseguir la representación fidedigna del estado interior.
Había demostrado sobradamente su competencia y vocación cuando trabajaba para Carrier- Belleuse creando objetos de decoración cuyo destinatario era la aristocracia francesa. Se considera “La joven con sombrero de flores” (1865) como una de sus obras primerizas (con reminiscencias rococó) y ya independizado realiza “Alegorías de las artes y las ciencias”, tres figuras del “Monumento al burgomaestre J. F. Loos” y una “Cabeza de Beethoven” para el patio del Conservatorio Real de Música, todas ellas en Bruselas. Después de un viaje a Italia --- donde admira y estudia la obra de Donatello y Miguel Ángel (1875) --- elabora el mismo año la ya citada “La edad de bronce” con la cual se produjo el escándalo comentado.
El hombre de la nariz rota” estaba en un principio entre sus primerizas obras incomprendidas por creer el público y crítica que estaba inacabada al igual que “El Monumento a Balzac” (1892-1897), también rechazada al principio. Se consideraban inconclusas, asimismo, “Torso” (1884) o “El hombre que camina” (1907), inspirándose en la escultura de Grecia y Roma (“La Venus de Milo”, a la cual le faltan los brazos que nunca tuvo y algún “listillo” había insinuado el deber de ponérselos). Todas ellas serán reivindicadas y valorizadas más tarde, al igual que “La Catedral”, (1908) – titulada también “El arco de la Alianza” --- escultura representando un par de manos, la herramienta con la cual el hombre crea. A resaltar el detallismo y el contraste (superficie rugosa en donde descansan las manos y superficie lisa para la piel).
El pensador” es una de las obras escultóricas más características de Rodin, con una carga psicológica muy importante mientras “El beso” contiene una curiosa sensación de movimiento: según el ángulo de visión del espectador las dos figuras parecen besarse y  no según otro ángulo. Los burgueses de Calais” (1884- 1889) es un conjunto escultórico de seis personas, también una de sus obras más importantes (los seis burgueses que en 1347, al inicio de la Guerra de los 100 años, dieron su vida por los habitantes de la ciudad).
La expresividad es una de las características más relevantes de Rodin. Refleja en cualquier figura el sentimiento deseado con sensaciones diferentes según el punto de vista...




lunes, 3 de diciembre de 2018

GHIRLANDAIO



                                          Domenico di Tommaso Bigordi (Florencia, 1449- Florencia, 1494) conocido (*) como “Ghirlandaio” --- su padre era un orfebre muy competente y hábil en la realización de guirnaldas, de ahí su pseudónimo --- seguramente empezó en el taller de su progenitor para después entrar  en el del pintor Alessio Baldovinetti y en el de Andrea de Verrocchio, pintor, escultor y orfebre (según Giorgio Vasari), en donde conoció a Leonardo da Vinci. En realidad su nombre y apellidos completos eran Domenico di Tommaso Curradi di Doffo Bigordi (Curradi por el padre y Bigordi por el abuelo) y algunos autores le citan como Domenico Curradi pero la mayoría por Domenico Bigordi.
Centrándose en la pintura abrió su propio taller en donde colaboraron también sus hermanos David y Benedetto así como su cuñado Sebastiano Mainardi y su hijo Ridolfo, quien consiguió bastante reputación en la Florencia del Renacimiento. Uno de los aprendices que pasó por su taller, aunque por breve tiempo, fue Miguel Ángel Buonarroti. Pocas cosas más se saben de la vida de Ghirlandaio, prácticamente nada se conoce de su juventud.
Fue un maestro nunca satisfecho con sus propias obras, recomendaba a sus ayudantes que nunca rechazaran ningún trabajo aunque les pareciera inadecuado para ellos (p. e. decorar un armario de señora, cosa ejecutada personalmente en diversas ocasiones) pese a que para él nunca fue el dinero lo principal. Fue un hombre diligente y honesto y hay indicios de su prematura muerte (a los 45 años) en la pobreza a causa de la peste.
Apreciado en vida  y bastante olvidado después, hoy día es reconocido como gran pintor. Facilidad dentro de su composición hacia lo decorativo y acertado uso de la perspectiva creada a ojo además del buen uso de su concepción del claroscuro, siendo más discutible la aplicación de los colores, demasiado brillantes y secamente iluminados en ocasiones. Ello fue más aplicable en sus cuadros a la tempera mientras sus frescos fueron elaborados absteniéndose de insertar añadidos al temple (“buon fresco”). Usó siempre estas dos técnicas, nunca la pintura al óleo. Hay una cierta crudeza en los perfiles y los contornos de sus figuras que lo asimilan a las esculturas de bronce. En el arte florentino fue el primero en mezclar sin diferencias lo sagrado y lo profano (se practicaba antes en Siena) y sus figuras de Cristo, la Virgen María y los ángeles resaltan en la excesiva finura de sus manos y pies. Según Vasari fue el primero en suprimir de sus pinturas el uso de los dorados.
Frente al arte para la corte propio de Sandro Botticelli (cuatro años mayor que él) opone Ghirlandaio el arte de la alta burguesía, predominando los bloques de masas sobre el detalle con línea decorativa, ecléctica y académica con amplias vistas panorámicas (estilo presente en la primera mitad del siglo XV, el quattrocento).
En los inicios de su carrera pictórica hay influencias tanto de Filippo Lippi (especialmente en los bocetos y colorido), además de Benozzo Gozzoli (en la selectiva expresividad de las escenas), como  las de artistas flamencos en la importancia dada a los paisajes y en su concepción más realista (Roger van der Weyden, Hans Memling y, sobre todo, Hugo  van der Goes).
Ghirlandaio fue llamado a participar en la decoración de los paneles de la Capilla Sixtina en el Vaticano (1481) junto a Botticelli, Perugino, Cósimo Rosselli y algún otro maestro. El papa Sixto IV les encargó el trabajo a instancias de Lorenzo de Medicis, el Magnífico. Cada uno de los pintores iba acompañado de un buen número de ayudantes, alguno de ellos se convirtieron en maestros (Filippino Lippi, hijo de Filippo Lippi, Piero di Cósimo, Pinturicchio, Luca Signorelli). El tema se centraba en el paralelismo de la historia de Moisés con la de Cristo como desarrollo de los planes divinos. Motivo: reconciliación del papado con los Medicis y Florencia. De Ghirlandaio se conserva “Vocación de los Apóstoles” (1481- 1482), redonda y maravillosa en todos sus aspectos. Una de sus obras maestras. Ello le dio gran reputación: a su persona y a su taller, llegando a ser, gracias a su habilidad y genio, el más grande “retratista” de su tiempo, el preferido de la alta burguesía (“retratista” oficial de los Medici, familiares y amigos). Recordemos “Giovanna Tornabuoni” (1488), temple sobre tabla: medio cuerpo hasta el torso de la joven dama erguida con tranquilidad y serenidad en fondo oscuro brillante, mostrando discreción y algo de melancolía propias de la expresividad del autor; esmaltes realmente soberbios, traje elegantísimo de seda, grandes perlas y un rubí en contraposición a objetos contenidos en una ménsula: un collar de corales  rojos colgados de un listón y un libro de oraciones semiabierto con los bordes de las páginas dorado mientras las manos se entrelazan suavemente  con un pañuelo de seda.
Un anciano con niño” o “Un abuelo con su nieto”, temple sobre madera (1490) es una de las obras más populares de Ghirlandaio en donde claramente se entremezclan estilos: el del anciano ocupando en el cuadro una posición de tres cuartos y no totalmente de perfil en exposición realista (incluso en los síntomas de rinofima que deforman su nariz), propio de la pintura flamenca mientras abraza al niño, su nieto, de rasgos idealizados, finos y tiernos en composición más lineal al igual que el paisaje/telón de fondo visto desde la ventana, claramente italiano renacentista.
De sus obras al fresco: “Las historias de la vida de Santa Fina” (1475) en San Girmignano, en Roma (1481- 82) dos episodios de la vida de Cristo en la Capilla Sixtina y en la Biblioteca Vaticana. Entre sus obras más admiradas están los ciclos de frescos en la Capilla Sassetti en Santa Trinita con las “Historias de la vida de San Francisco” (1480) y “Las historias de la vida de la Virgen y de San Juan Bautista” (entre 1486 y 1490) en la Capilla del Coro en Santa María Novella, encargo de Giovanni Tornabuoni.
Entre las más importantes pinturas sobre tabla tenemos “La Natividad” para la Capilla Sassetti” (1485), “La Coronación” para la Catedral de Narni (1486), “La adoración de los Magos” en los Oficios (1487), otra “Adoración de los Magos” para el Hospital de los Inocentes” (1488), el ya citado retrato de “Giovanna Tornabuoni”, “El retablo de Santo Domingo”, en Rímini, pintado para Carlo Malatesta por aquellas mismas fechas y “La Visitación” para la familia Tornabuoni (1491). En los tres últimos años de su vida no se le conoce ninguna obra...

                                                                                                                             Narcís Ribot i Trafí