sábado, 22 de abril de 2017

LAS ÓPERAS DE MOZART


Las óperas de Mozart son una revelación del alma, un símbolo total de su contenido emotivo, algo insuperable para cualquier músico”. (Richard Strauss)

               La ópera, drama cuyo texto puede ser sucesivamente cantado y hablado, debe su nacimiento a algunos músicos y poetas florentinos de finales del siglo XVI, también como reacción contra la polifonía que no tenía en cuenta el valor literario del texto. El “bel canto” --- preferencia de la belleza vocal (el canto) sobre la palabra --- conoció su apogeo en las óperas napolitanas para  después, la ópera, ser dominada por dos corrientes: 1) el acento sobre la palabra y la música en función de hacer más claros e intensos los textos poéticos, y 2) el acento sobre la música con el texto sometido a las normas estéticas musicales y vocales mientras la ópera francesa añadía ballets, apareciendo la “ópera cómica”, la “buffa”, la “humorística”, etc.
El notable músico alemán Christopher Willibald Gluck (1714 -1787) renovó la ópera intensificando el recitativo, escenas para el coro, las arias adoptan libremente su propia forma, la orquesta interviene para dar fluidez dramática, control del ballet y temas buscados con preferencia en la Antigua Grecia  y su mitología (“Orfeo y Eurídice”, “Alceste”). A partir de 1780 las aportaciones de Gluck y las de la ópera italiana convergen genialmente en la portentosa imaginación de Wolfgang Amadeus Mozart (1756 -1791) y nace otra época para la ópera y la música.
A través de un discurso musical de perfecta fluidez, en el cual se dan cita todas las técnicas, se produce la perfecta unión de lo vocal con el sinfónico instrumental. De Gluck toma Mozart la grandeza de la concepción trágica, la fuerza del recitativo, el protagonismo y la importancia del coro pero con más fuerza que en la revolución gluckana.
Tan magníficamente dotado para la orquestación sinfónica como para el teatro, Mozart compuso su primera ópera a los 12 años: “La Finta Semplice” (representación “buffa”), donde se anuncian sus futuros éxitos y a continuación “Bastian y Bastiana” (obra en alemán aún representada) en un acto. Gracias a un contrato fue “Il Sogno d'Escipione” (1772) y “Ascanio in Alba” aumentaron su popularidad mientras “Lucio Sila” demostraba su capacidad musical ante un libreto mediocre (vemos que estas obras están inspiradas en la Antigua Roma, “Ascanio in Alba” es mitología romana). Algunas de sus óperas quedaron inconclusas (“Thamos, rey de Egipto” y “Zaide”, un “sigspiel” que le proporcionó material para “El rapto en el Serrallo”). La obra de total madurez de esta primera época es “Idomeo, rey de Creta” (1780), muy original en sus planteamientos, cosa que hizo el no triunfar en sus primeras representaciones. Ya en su etapa plenamente madura nos da “El rapto en el Serrallo” (1782), de ambiente oriental, sin caer en el decorativismo o en la búsqueda gratuita del empalagoso exotismo de otras ocasiones (pero no de Mozart). La orquestación turca era inédita: bombo, tambores, pifanos, címbalos y triángulos (esta obra entusiasmó al mismo Gluck que nunca intentó competir con Mozart). Después de dos óperas cómicas incompletas (“La oca del Cairo” y “Lo sposo Deluso”) comienza en 1785 la colaboración con el excelente libretista Lorenzo da Ponte. La unión entre el genio salzburgués y el polifacético da Ponte dio sus frutos en tres obras maestras, figurantes por derecho propio en cualquier antología lírica: “La Nozze di Figaro” (1785), “Don Giovanni” (1787) y “Cosi Fan Tute” (1789).
En la primera todo es sensacional, quizás lo más destacable es la perfecta descripción de los personajes mediante la música (el tema de “Fígaro” fue adaptado de la comedia de Pierre Agustin de Beaumarchais), del gozo, la alegría se pasa a la pena, algo muy difícil de conseguir y que Mozart logró. “Don Giovanni” fue otro éxito: lujuria, sangre, comedia... Don juan es licencioso y sin escrúpulos para conseguir su finalidad pero también es noble y espontáneo. Nuevamente se consigue un equilibrio perfecto entre el preciso libreto de da Ponte y la imaginativa y deliciosa música de Mozart (la obertura está entre las mejores). “Cosi Fan Tute” está provista de una música translúcida que convierte, una vez más, una aparente comedia a primera vista frívola en auténtico drama humano. Puede que fuera del triángulo la que menos éxito consiguió aunque desde el punto de vista literario es el libreto mejor conseguido de da Ponte.

En 1791, año de su muerte, Mozart concluyó dos óperas: 1) “La Clemenza de Tito”, elaborada rápidamente (tres semanas), sufriendo cierto estatismo pero la música mozartiana está por encima de todos los elementos y, en ocasiones, se sitúa a la altura de sus mejores obras (se puede emparejar con “Idomeo, rey de Creta”) y 2) “La flauta mágica”, que bajo el estilo de sigspiel (drama musical que contiene diálogos en alemán de carácter ligero y cómico) da cabida a todos los géneros: estilo religioso, conjunto cómico, canción popular, arias heroicas, etc. De esta forma compendia un espléndido mosaico musical dotado de una sorprendente unidad (algo que solo Mozart consiguió). El simbolismo de la obra, su vertiente masónica (Mozart era masón), sus efusiones esotéricas partiendo de dualidades maniqueas (luz- tinieblas, bien- mal) están aún lejos de descubrirse en su totalidad pero, eso sí, puede uno gozar sin paliativos de esta “Flauta mágica”, una de las más altas cimas del arte universal y perfecta síntesis de otras obras mozartianas...