jueves, 4 de febrero de 2016

GIOVANNI BELLINI: LUZ, COLOR Y NATURALEZA


                                   Desde el principio de mi interés por la pintura y todo el arte en general, he sentido siempre debilidad por la obra del pintor veneciano Giovanni Bellini (dentro de la cosmología de la pintura renacentista y de la pintura en general) por la nitidez de su perspectiva, la vitalidad de su colorido y el espléndido uso de la luz que le convirtió en el mejor pintor del quattrocento veneciano y en uno de los mejores paisajistas del Renacimiento.
Poco se sabe de su juventud (su nacimiento ha de colocarse entre 1426 – 1430, falleció también en Venecia, 1516) y los estudios de su obra escasean . Hijo de Jacobo Bellini, pintor bastante reputado, propietario de un taller artístico que aunó el estilo bizantino, la tradición veneciana y las nuevas ideas naturalistas procedentes de Toscana. Allí, Giovanni y su hermano Gentile se formaron como pintores siguiendo los pasos de su padre al intentar fundir las perspectivas renacentistas con las tendencias del gótico tardío. En esta primera etapa juvenil destacan sus “Vírgenes”, siendo sus modelos los iconos bizantinos y greco- cretenses muy difundidos, cambiando su hieratismo original por un lirismo y un sentimiento poético que vivifica las figuras y las coloca en íntimo y afectuoso contacto con el espectador (“Virgen con niño”, “Virgen griega”, “Virgen Lehaman”, etc.). Otra temática característica de esta etapa son las “Piedades”, también de influencia bizantina. Destaca, entre otras, “La piedad de Bérgamo”, con su dramatismo representado por el dolor de la Virgen y san Juan Evangelista sosteniendo el cuerpo del Cristo ejecutado y ya bajado de la cruz.
La segunda etapa viene señalada por la influencia de Andrea Mantegna el cual se convirtió en su cuñado. Le influyó en la ordenación geométrica consiguiendo un tono impolutamente caligráfico (es interesante comparar las versiones de ambos artistas de “Oración en el huerto”). Algunas obras de este capítulo: “Crucifixión”, “Transfiguración”, “Presentación en el Templo” (también existe otra versión de Mantegna). Al finalizar esta fase --- aunque sin abandonar la representación racional del cuerpo /espacio ni su interrelación --- quedará también algo influenciado por Antonello di Messina (ca. De 1430- 1479), considerado como uno de los introductores de las técnicas pictóricas con óleo en Italia, influido por la luminosidad atmosférica de la pintura flamenca que aunó con la ingente perspectiva del Renacimiento Italiano. La coloración de Bellini es ahora más luminosa y profunda, el color substituye al contorno y la luz domina el cuadro.
Entramos ya en su tercera y última etapa, la de su madurez artística. El “Políptico de san Vicente Ferrer” (9 encasamentos en tres filas), Retablo de Pésaro, Cristo muerto sostenido por ángeles”, “Resurrección de Cristo, otra versión de “Transfiguración, Alegoría Sagrada”...
Bellini se dejó influenciar por lo mejor de otros pintores, incluso por alumnos suyos como Giorgione (1478- 1510) o Tiziano (1485 o 1490- 1576), creó un personal estilo, murió nonagenario  gozando siempre de fama y su maestría es importantísima para la pintura veneciana del siglo XVI.
Antes se afirmaba que los pintores venecianos sobreponían los colores directamente sobre el panel/lienzo a partir, a veces, de un primario boceto. Esto es verdad a partir de 1500. Que el dibujo era tan importante para los venecianos como para otros artistas (p. e. los florentinos) lo demuestra claramente la familia Bellini. Jacopo Bellini recopiló un cuadernos de dibujos que sus hijos Gentile y Giovanni (apodado Giambellino) utilizaban mientras aprendían a pintar ¿Donde se inspiró Giovanni para conseguir aquella gradación de color tan exquisita y grácil? En verdad la luz, espléndidamente manejada, otorgaba a los tintes rosas de la carne infinidad de matices y las ilimitadas gradaciones de grises, verdes, amarillos y marrones dotaban a la obra de Giambellino como una de las más apasionantes de la historia. Los primeros trabajos de la escuela veneciana, brillantes, poseían una superficie de color contrastado pero plano. Bellini comprendió las sutiles tonalidades propias de la naturaleza. Se ha barajado la posibilidad del conocimiento sobre obras de pintores flamencos (Van Eyck, Van der Weiden), quizás algo, pero las complejas y ricas tonalidades son diferentes al estilo estable y uniforme de los flamencos. Giambellino debió ser, en mucho, autodidacta observando/estudiando la naturaleza.

Si contemplamos la misma escena pintada por Bellini y por su cuñado Andrea Mantegna, “Oración en el huerto” vemos como la del segundo está compuesta en sentido teatral ligando los acontecimientos por el vector paisajista: en un fondo de construcciones italianas, Cristo arrodillado sobre roca, escorzo de los cuerpos de los apóstoles; Judas conduciendo los guardias domina el plano medio empalmando el giro de su manto con la curva que asciende la colina. Bellini, aunque influido estilisticamente por Mantegna, da su propia visión de la naturaleza: suaviza pendientes, ensancha curvas, modera el ritmo; los apóstoles dormidos en primer plano están absorbidos por el paisaje, como fundidos  en el suelo mientras Jesús en silueta recortada hacia el cielo se dirige a él orando en silencio. Esta comunión naturaleza & hombre cohesionados por la luz (reconociendo que el cuadro de Mantegna resulta más que notable) es lo que confiere a la pintura de Bellini un sentimiento religioso único...

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