domingo, 30 de agosto de 2015

LA NOVIA DE FRANKENSTEIN


Era feo, horriblemente feo, pero cuando sus músculos y articulaciones se pusieron en movimiento la fealdad adquirió un grado que ni el propio Dante hubiera podido imaginar” (“Frankenstein”, de Mary W. Shelley).

Concebida en un principio como continuación de la exitosa “Frankenstein” (“El Dr. Frankenstein”, 1931), de James Whale, “Bride of Frankenstein” (“La novia de Frankenstein”, 1935) se erigirá como mejor aportación en el cine en blanco/negro sobre el mito creado por la joven escritora británica Mary Wollstonecraft (1797- 1851), amante y después esposa de uno de los poetas ingleses más famosos: Percy B. Shelley.
Mary Shelley escribió su “Frankenstein o el moderno Prometeo” o, simplemente “Frankenstein” en 1818, o sea 113 años antes del clásico de James Whale (en los inicios del cine hay alguna versión muda). Prometeo es el Titán que, en mitología griega, disfrutaba haciendo enfadar a Zeus, llegó a colarse en el Olimpo para robar el fuego de los dioses, el carro del dios sol para dárselo a los hombres. Zeus le castigó duramente haciéndole encadenar por Hefesto, dios del fuego y de los metales forjados, a una alta montaña donde, cada día, bajaba un águila hambrienta  para devorarle el hígado. Al ser inmortal la víscera le crecía de nuevo pero sufría al igual que un humano. Finalmente Heracles (Hércules) --- hijo de Zeus --- lo liberó matando al águila de un flechazo. La comparación: el científico Victor Frankenstein (Henry en el film) llega a descubrir el secreto para crear vida, celosamente guardado desde la creación de la humanidad. Encuentra un camino científico para vivificar a un ser creado por él con fragmentos de diversos cadáveres y en una fría noche de noviembre le insufla la electricidad que le despierta a la vida. Horrorizado por lo que acaba de hacer y por el espantoso aspecto de su criatura los problemas empezarán para Victor cuando el monstruo se le aparezca y le reclame una compañera de su misma naturaleza puesto que no puede tener contacto con el ser humano y él lo quiere a toda costa. Es rechazado por su horrendo aspecto y su alma, en principio elevada, devendrá también monstruosa (“Si no puedo inspirar amor, inspiraré terror”). La negación por parte de Victor a crear el segundo ser artificial en versión femenina desencadenará la tragedia total...
El clásico cinematográfico de James Whale en 1931 difiere en mucho a la obra de Mary W. Shelley: el monstruo no proclama ninguna queja de su condición, no distingue entre el bien y el mal, carece de intelecto (en la novela lo adquiere poco a poco y aprende a leer --- “El paraíso perdido” de J. Milton cae en sus manos y lo lee con fruición--- e incluso filosofa sobre el ser humano y él mismo) y todo ello a causa de una diferencia radical consistente en saber su origen y no ser admitido en la sociedad humana en el libro mientras que en la película se justifica su agresividad y el mal cometido a causa de la equivocación del ayudante jorobado (tampoco aparece en la novela) quien ha robado el cerebro de un asesino paranoico. James Whale dio, indiscutiblemente, una aportación personal y su película triunfó. Utiliza el estilo expresionista (quizás sea “El gabinete del Dr. Caligari”, de Robert Wiene, la más influyente) para darnos una cinta en donde rezuma demasiado la moralina y el “no pasar los límites establecidos” (en este como en otros puntos prefiero el enfoque totalmente diferente dado por Hammer y Terence Fisher, visión totalmente renovadora). La simplicidad del film de Whale --- excesivamente alabado por encima de otras obras más conseguidas en su conjunto --- se debe al guión de Garrett Fort y Francis Edward Faragoh  no directamente basado en el libro sino en una adaptación teatral escrita por Peggy Webling para el productor y actor Hamilton Deane (1927). Cuatro años después de “El Dr. Frankenstein” Universal ofrecerá una continuación confiando de nuevo la realización a James Whale: “La novia de Frankenstein”, revelándose como muy superior al film original, mucho más arriesgado y abierto a las necesidades heterogéneas del género fantástico y quedará en perfecto parangón con “Freaks”, “El malvado Zaroff”, “King- Kong” o “La isla de las almas perdidas”. El guión es de William Hurbut (dos trabajos, entre otros, de John M. Stahl: “Imitación a la vida”, 1934 y “Parece que fue ayer”, 1933) es mucho más interesante que el del film original y James Whale, aventajándose  a si mismo, logró un trabajo muy superior y también mucho más arriesgado en su puesta en escena ya que en otro realizador podía haber caído en el más espantoso de los ridículos (especialmente en su parte final). En “La novia de Frankenstein” nos acercamos más al libro, incluso va más allá en alguna resolución: p. e. la creación del monstruo femenino (no realizada en la novela) deslizándose uno de los pensamientos del profesor, que uno de los seres creados rechazara al otro.
En realidad el éxito del film de 1931 se debió principalmente a la iconografía: los rasgos sabiamente esculpidos por el maquillador Jack P. Pierce sobre el hasta entonces desconocido Boris Karloff el cual realizó una interpretación extraordinaria (le abriría su carrera hasta la fama). Alto, Corpulento, cuerpo tendiendo al rectángulo (hombros, dedos), cabeza cuadrada (plana y cilíndrica si la miramos a vista de pájaro o en picado) con una enorme cicatriz, con dos electrodos a cada lado del cuello, andar lento y desigual, enormes zapatones de plomo que le facilitan inclinarse más de lo normal. Este aspecto es el que se popularizó y pasó a la historia, para muchos no hay más “Frankenstein” que este y más porqué la criatura “robó” literalmente el apellido al creador (en la segunda aproximación de Whale es significativo el hecho del despertar de la criatura femenina: vestida con una larga túnica blanca, moviendo la cabeza de un lado a otro y sacudida aún por los últimos espasmos eléctricos será cuando el Dr. Pretorius exclame: ¡”La novia de Frankenstein”!). Karloff interpretará por tercera y última vez al personaje que le dio éxito: “Son of Frankenstein” (“La sombra de Frankenstein”), de Rowland Van Lee (1939) un más que apreciable film que sin igualar la excelsa “La novia...” si superaba en interés y puesta en escena al sobrevalorado “El Dr. Frankenstein”. Colin Clive es el profesor Frankenstein en los dos filmes de Whale, con más aspecto de galán que de científico. Cumple con su cometido y nos sirve para ver la diferencia con las películas de Hammer- Fisher. Clive es Henry von Frankenstein, solo sujeto a “la locura pasajera” en el cenit de su experimento pero cuando su creación ha asesinado se alía con los aldeanos y el burgomaestre para dar caza al monstruo. Nadie le pedirá responsabilidades, al fin y al cabo es el heredero de la baronía de los Frankenstein... El barón Victor Frankenstein de Hammer (Peter Cushing) le vemos por primera vez en”Curse of Frankenstein” (“La maldición de Frankenstein”), de Terence Fisher (1957), intenta esconder los crímenes de “su criatura” (Christopher Lee, con un aspecto totalmente diferente del clásico) y finalmente es condenado a la guillotina por las tropelías de su creación. En la continuación, “Revenge of Frankenstein”, de Terence Fisher (1958) se salva sobornando al verdugo y a su ayudante y ejerce con nombre falso en un hospital para indigentes pero cuando estos se enteran de su verdadera personalidad lo linchan... Este film --- para mi el mejor sobre el personaje junto con “La novia de Frankenstein” --- lo vimos en pases de TVE ya que jamás se estrenó comercialmente en España. Ahora ya ha salido en DVD con el título literal de “La venganza de Frankenstein”.
Es también admirable la brevísima (unos pocos minutos) interpretación de Elsa Lanchester (esposa de Charles Laughton en la vida real) como monstruo femenino. En el reparto del primer film aparecía un interrogante (?) en el intérprete del monstruo; ahora Karloff ocupa toda la pantalla al principio del film y el mismo interrogante aparece en la intérprete de la criatura femenina al finalizar pero si leemos el nombre Elsa Lanchester como intérprete de Mary W. Shelley, la escritora de la novela, cuando en la reunión le comenta a su esposa y a Lord Byron que la historia no ha acabado (doble papel memorable y frecuentemente olvidado) y ello da pie a la obertura de esta  segunda película... Veamos algunos puntos del acercamiento film-novela, sus coincidencias, aunque ello no sea lo esencial para configurarse obra maestra:
I)- Aquí el monstruo es consciente de su condición de marginado, intenta contenerse, sabe ya lo que es bien y mal. Ahora lo del cerebro de asesino es un dato que solo estorba. Sabe que lleva siempre la espantosa marca de la soledad aunque reacciona contra su naturaleza de forma desconsoladora y humana (veremos al monstruo más humano de toda la serie de ocho películas producidas por Universal): él desea ser un hombre más en el mundo pero la sociedad le rechazará, temerá y odiará no porqué sea malo sino porqué es “otro”, es diferente. Como muy bien señala Gerard Lenne el sentido de la parábola sin llegar a ser política es claramente social.
II)- La ira de la vieja sirvienta de los Frankenstein (Una O'Connor) quien anima a los aldeanos a abrasar el molino en su totalidad (inicio de la acción, prolongación directa de “El Dr. Frankenstein”) para borrar toda traza del monstruo sintetiza notoriamente esta necedad intolerante. III)-La novia de Frankenstein” es una exquisita y perfecta fábula reflexiva (como puede serlo el “Freaks”, 1933, de Tod Browing), condensada en una escena básica y significativa: aquella en la cual la criatura descubre su imagen al reflejarse en el agua de un estanque. En el siguiente film de la serie, “La sombra de Frankenstein” (pasada después por TVE y comercializada en Vídeo y DVD con la traducción literal de “El hijo de Frankenstein”), el pobre ser se contempla en un espejo y se aparta con aversión pero en “La novia de ...” el sentido es más fecundo porqué el monstruo golpea con rabia su imagen reflejada en el agua...
IV)- Al igual que “La bella y la bestia”, de Jean Cocteau (1946) o el citado “Freaks” (“La parada de los monstruos”, de Browing se nos demuestra de forma clara que la fealdad física no equivale a la fealdad moral; la superficialidad y la ignorancia conllevan a la criatura a la soledad, elemento esencial del resorte dramático...
V)- La figura del Dr. Septimus Pretorius (Ernest Thesiger) es un gran hallazgo. Posee una colección  de homúnculos creados y esclavizados por él, refutación al mecanismo y automatismo seco de la primera versión. Al no poder convencer a un lloriqueante y dolorido Frankenstein para reanudar sus experimentos y conseguir crear una compañera para el monstruo --- lo cual podría llevarle a liberar su instinto agresivo en contra de la sociedad --- hace raptar a la joven esposa de Henry por el propio monstruo a quien persuade de la factibilidad de la teoría sobre la unión de la pareja artificial.
VI)- Antes de tropezar con Pretorius la criatura había sido apaleada, crucificada y encerrada en una mazmorra por parte de los aldeanos. Logrará huir aterrorizando a toda la localidad gracias a su hercúlea fuerza. Deambulando por el bosque topará con un viejo ermitaño ciego el cual al tomarle por un mendigo idiotizado le ofrece comida, techo y le enseña los rudimentos del lenguaje. Le dice que el fuego no siempre es malo (el monstruo gruñe cuando el buen hombre enciende un puro) y luego con un violín desgrana las deliciosas notas del “Ave María” de Franz Schubert para después darle a beber un baso de vino. Tiempo después Pretorius le dará otro baso de vino pero este es distinto: es el vino de la esclavitud, no el de la amistad.
VII)- Más inteligente que los demás enemigos del monstruo (los aldeanos), Pretorius solo le utiliza para llevar a término sus planes o sea la creación de la mujer artificial para su propio provecho personal: su éxito mediante la ciencia sin importarle los medios y sin ningún escrúpulo (al igual que el Dr. Moreau de “La isla de las almas perdidas” o el Frankenstein moldeado por Terence Fisher y producido por Hammer). Presionado y chantajeado, el titubeante Henry accede a los planes del siniestro y afeminado Pretorius: los dos científicos trabajan día y noche, observados por el monstruo, y así la segunda criatura artificial es creada y vivificada como lo fue la primera.
VIII)- Como una pavorosa Nefertiti de cabellos electrizados, el monstruo femenino aparece como una sublime y apocalíptica visión. Su compañero se acerca y le acaricia la mano pero ella grita de terror al ver su espantoso aspecto. Un terrible furor se apodera del monstruo (“Me odia como todos”, susurra) al verse rechazado por un ser de su propia especie y toma la determinación de buscar la paz en la muerte. Dejará huir a Frankenstein y a su esposa Elizabeth (Valerie Hobson, en “El Dr. Frankenstein” era Mae Clarke) y procede a volar el laboratorio en cuyas ruinas quedará sepultado junto con su artificial consorte y Pretorius. Mientras baja la palanca que provocará la explosión contempla con lágrimas en los ojos a quien debía ser su pareja que sigue mirándole y gritando. Antes del desenlace ella se abrazaba continuamente a Henry, quizás para pedir protección, quizás porqué se sentía enamorada o, puede que, por ambas cosas...
A ochenta años de su realización, “La novia de Frankenstein” conserva su sabor añejo de obra maestra, para los auténticos clásicos el tiempo es un factor positivo y cada vez que se repite su visión se le ven más cosas; como si se contemplara un cuadro de un gran pintor o se escuchara una sinfonía de un gran músico. Para los verdaderos clásicos no pasa el tiempo...
                       
                                                                                                    Narcís Ribot i Trafí 

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