miércoles, 24 de abril de 2013

LAS PIRÁMIDES DE LA V DINASTIA



       Khentakus --- esposa del faraón Shepseskaf  y, probablemente hija de Micerinos o Djedefre, según hipótesis --- fue una mujer de alto linaje a quien se le construyó una gran tumba entre las pirámides de Kefrén y Micerinos. Descartada la idea de  “Pirámide inacabada” (45 m de norte a sur y 43 m de este a oeste) presenta hallazgos técnicos similares a la tumba real de Shepseskaf y las grandes mastabas de Guizé. Khentakus es el nexo de unión entre la IV y la V dinastía en el Imperio Antiguo.
Nacieron unos trillizos --- Khentakus fue la madre según los estudiosos y según un papiro del Imperio Medio la progenitora fue la esposa de un sacerdote real --- destinados a ser faraones de la V dinastía: Userkaf, Sahure y Neferirkare.
Los reyes de la V dinastía siguieron la forma piramidal de sus antecesores de la IV (Keops, o gran Pirámide, Kefrén y Micerinos) pero reflejan un cambio a la vez teológico y técnico en referencia a sus anteriores: se afirma cada vez más el culto solar ---- expresado con el sufijo RA en los faraones menos en Userkaf y Unás, primero y último de la dinastía --- y la aparición de una nueva estructura: el templo solar, símbolo de la unión entre el faraón y la divinidad representada por el sol. Las pirámides de la V dinastía son más reducidas (a pesar que la economía debía fluctuar más o menos igual que en tiempos de la IV) y para su construcción se utilizaron materiales locales bastante pobres, cortados en pequeños bloques y revestidos con la hermosa y blanca piedra calcárea de Tura así como el granito de Asuán o el basalto (muy poco empleados). El templo funerario, en cambio, cobra mayor importancia y, en general, es de grandes dimensiones.  Tanto los templos como las pirámides de la V han resistido muy mal el paso del tiempo y la rapiña humana. Está claro que dedicaron menos potencial económico al tema de la erección funeraria que sus antepasados.
Userkaf hizo construir su complejo funerario en la zona norte de la necrópolis de Sakkara, al extremo norte de la pirámide escalonada de Zoser (III dinastía, la pirámide más antigua), rechazando continuar la construcción fúnebre de su madre, Khentakus. La estructura, como todas, está muy degradada pero los expertos han podido deducir como eran la pirámide y el templo solar. Los siguientes faraones trasladaron sus complejos funerarios a Abusir, a unos 3 Km al norte de Sakkara (solamente los dos últimos, Djekare  y Unás volvieron a Sakkara). La de su hermano Sahure, segundo de los trillizos, no difiere mucho del anterior --- capas de tosca calcárea local cementada con barro del Nilo --- y, por supuesto como en todas, el bello revestimiento ha desaparecido por completo, solo el templo se encuentra en relativo mejor estado. El tercero de los hermanos, Neferirkare, accedió al trono con cierta edad. Su pirámide es la mayor de la dinastía. En principio parecía intentar imitar el complejo fúnebre de Sahure (su pirámide tenía  originalmente una altura superior a la de Micerinos). En su templo funerario Bochard descubrió unos valiosos papiros que han proporcionado una importante cantidad de información sobre la vida y economía de la época. Tenemos muy pocos datos de Shepseskare, sucesor de Neferirkare, y de su pirámide inacabada (descubierta por una misión checoeslovaca en 1978-79). Situada al noroeste de la de Sahure sería la mayor de Abusir de haberse acabado. Un hijo de Neferirkare, Neferefre, ocupa el trono después de la muerte de Shepseskare e igualmente su pirámide está sin terminar. En su templo solar se encontraron algunos objetos, estatuas y papiros. No se sabe cuál era la relación de Niuserra, sucesor de Neferefre, con sus antecesores. Aprovechó parte del complejo de Neferirkare y su pirámide ocupa una posición intermedia entre Sahure y Neferirkare y es la peor conservada del conjunto. Fue el último faraón enterrado en Abusir.
No se sabe la localización de la pirámide de Menkauhor, sucesor de Niuserra, ni la de su templo solar (probablemente Dashur). Fue el último rey de la dinastía V que erigió un templo solar. Los dos últimos faraones de la V  volvieron a Sakkara: Djekare mandó construir su pirámide en un saliente rocoso  al sur de Sakkara (su templo es casi inexistente en la actualidad y sirvió, además, de soporte a algunas tumbas de la XVIII dinastía) y Unás, posible hijo del anterior, con su pirámide igualmente deteriorada, la más pequeña de toda la dinastía, ofrece la novedad de los textos jeroglíficos conocidos como “Textos de las Pirámides”, encontrados aquí por vez primera y seguidos por Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II (VI dinastía) y Aba (VIII dinastía) así como en las pirámides subsidiarias de algunas de las esposas de estos faraones.
USERKAF (2498- 2491 a. C.), 49 m de altura original. SAHURE (2491- 2477), 50 m de altura original. NEFERIRKARE KAKAI (2477-2467), 69 m de altura original, SHEPSESKARE (2467-2460), NEFEREFRE (2560- 2453), NIUSERRA INI (2453-2422), 50 m de altura original, MENKAUHOR IKAUHOR (2422- 2414), DJEKARE ISESI (2414- 2375), 50 M. de altura original y UNÁS (2375- 2345), 43 m. de altura original.
                          Narcís Ribot i Trafí, miembro de la Sociedad Catalana de Egiptología

lunes, 1 de abril de 2013

LA ZÍNGARA Y LOS MONSTRUOS


VAN HELSING O INDIANA JONES CONTRA EL IMPERIO DE LAS TINIEBLAS

            En el capítulo final de su ya clásico libro sobre el cine de aventuras, Luis Pérez Bastias se quejaba –con toda razón- del lamentable estado del cine actual. Si el cine sigue siendo negocio es porqué da a un público juvenil (poco o nada conocedores del 7º arte, poco o nada cuestionadores si no es su propia comodidad y diversión) lo que ellos piden pero no a las multitudes de antaño, desertoras de las salas. Si el cine de una sociedad decae artísticamente las nuevas generaciones influenciadas por el mismo decaen imaginativamente con él. Una de las (muchas) razones del bajo nivel cultural de mucha parte de nuestra juventud reside en las películas que les nutren, tan lineales como violentas, en función de provocar siempre una reacción previsible, no muy distinta del sabor de un helado o de las sensaciones de un concierto de rock. El cine no es (no debería ser) solo una forma de diversión, ante todo es una manera de educar, de hacer pensar. Pero este punto está hoy en día totalmente olvidado. El cine de género, siempre a base de ordenadores y de efectos especiales gratuitos en su mayor parte vive de fórmulas exitosas del pasado. La feísta y chirriante serie de “Indiana Jones” parece ser la base inspiratoria, exagerada y aumentada, de todo el género de aventuras, ciencia-ficción, fantasía o terror. Así, la última película que visioné, “Van Helsing”, de Stephen Sommers, responsable de “asesinar” el personaje de la momia (“La momia” y “El regreso de la momia”) realiza esta película donde Van Helsing  -aquí llamado Gabriel, no Abraham como en la novela de Bram Stoker-  nada tiene que ver con el profesor con conocimientos extracientíficos, antítesis del conde Drácula y del vampirismo sinó que es un símil de Indiana Jones, substituyendo el látigo por la ballesta lanzaestacas, puñales de plata, discos voladores, agua bendita, etc. A estas alturas decir que este Van Helsing está enviado por el Vaticano para erradicar el mal y que tiene un simpático fraile erudito en monstruosidades como escudero (como don Quijote y Sancho Panza) carece de toda importancia. No critico el “poutpurri” montado por Sommers de personajes terroríficos; Universal lo hizo en su tiempo (este  “Van Helsing” tiene parte de producción de Universal) pero las películas de Roy William Neil (“Frankenstein y el hombre-lobo”, 1943), las dos de Erle C. Kenton (“La zíngara y los monstruos”, 1944 y “La mansión de Drácula”, 1945), incluso la parodia de Charles T. Barton (“Abbot y Costello contra los fantasmas”, 1948), tenían una dignidad que el film de Sommers está lejos de poseer, pese a sus adelantos técnicos.
            Aquellas películas señalaron la decadencia de un género que volvería una década después con Hammer y Terence Fisher a la cabeza (por cierto, Hammer jamás realizó la mezcla de personajes fantásticos, solo el experimento de “Kung-Fu contra los 7 vampiros de oro”), logrando las más altas cimas artísticas.
            Hoy en día es todo lo contrario en el género, lo artístico no se busca como intuición de un realizador y su equipo sinó el rendimiento en taquilla, el éxito comercial y nada más: “marketing”, informática, efectos espectaculares y, por supuesto, nada de reflexión. Sommers parece seguir los pasos de cintas tan olvidables como la espantosa “Underworld” o la muy mediocre “La liga de los hombres extraordinarios” pero, dentro de lo negativo, consigue elevar el interés. La película es del género “maravilloso”, no fantástico, porque las escenas de vida cotidiana, “humanas” también son fantásticas (p.e. los caballos que literalmente vuelan para saltar un puente volado), la acción es trepidante sin reposo (lo que no es totalmente positivo) pero este dudoso factor y el respeto por las leyendas (que no tiene, p.e. un bodrio como “Entrevista con el vampiro”) hacen mirar el producto con cierta simpatía.
            Los personajes en sí no son de lo mejor: el conde Drácula (Richard Roxburgh) habla y actúa con acento gradilocuente y amanerado, está lejos de la fantasmagoría de Bela Lugosi o de la inolvidable presencia de Chistopher Lee, al menos le veo más convincente que el titubeante Gary Oldman del sobrevalorado film de Francis Ford Coppola, sus tres novias, presentes en la novela de Stoker, más que sugerir/insinuar parecen estar en estado de orgasmo permanente, el monstruo de Frankenstein se pasa la película maldiciendo a Drácula y a los vampiros, es un sufridor nato ( en esto se acerca a la novela de Mary W. Shelley) y su aspecto es clásicamente karloffiano con toques al Dave Prowse del “Horror de Frankenstein” y al Kiwi Kingston de “Evil of Frankenstein”. Poca opción se le da al actor Shuler Hensley aunque su personaje está creado para servir al conde Drácula. Así también el hombre-lobo (Will Kemp), hermano de la heroína. La transformación por ordenador ha mejorado la técnica, así el actor del licántropo solo ha de actuar en forma humana…pero yo prefiero la figura más antropomórfica de un Lawrence S. Talbot (Lon Chaney Jr.), un Leon Carido (Oliver Reed, el único licántropo de Hammer, albino) o un Waldemar Daninsky (Paul Naschy).
            El prólogo en blanco/negro es corolario de la acción a desarrollar. El Dr. Frankenstein (muy parecido al Colin Clive de la clásica película de James Whale) da vida a su criatura. Sus experimentos han sido financiados por Drácula que necesita a la criatura porqué desea descendencia y el vampiro al ser un no-vivo sus vástagos nacen muertos. El profesor, ante la perspectiva, se rebela y es asesinado por el conde. El monstruo, lloriqueante, arroja a Drácula a un hogar encendido pero como en la más profunda y auténtica leyenda, que no todos los cineastas han respetado, el fuego no puede destruir a los vampiros, el conde sale prácticamente carbonizado y, poco a poco, se va regenerando. El monstruo huye con el cadáver de su creador perseguido por los aldeanos quienes prenderán fuego a un molino donde el fugitivo se había refugiado pero, al igual que la cinta de James Whale, no morirá allí.
            Mientras tanto Van Helsing destruye al Dr. Jekyll –Mr. Hyde en Notre-Dame de París (¡) y se embarca para la destrucción del terrible vampiro que ha podido ser inmune  –mediante pactos satánicos-- a las estacas y a la plata. ¿Cómo destruirle? En claro homenaje a Jacinto Molina –Paul Naschy, finalmente solo la mordedura del licántropo lo conseguirá. He aquí el argumento. De lo más delirante…………….

NARCÍS RIBOT I TRAFÍ

jueves, 14 de marzo de 2013

FABIO MÁXIMO EN LAS ARTES



        Quinto Fabio Maximo Verrucoso “Cunctator” (ca. 285-203 a. C.) pertenecía del prestigioso linaje de los Fabios. Formó parte de la famosa delegación que dio a elegir a los cartagineses entre la guerra o la paz (218 a. C.). La respuesta fue la invasión de Italia por Aníbal. Había empezado la II Guerra Púnica. Los romanos sufrieron derrotas en Tesino, Trebia y Trasimeno y, desesperados, nombraron dictador a Fabio Maximo para solucionar la difícil papeleta. Ante la superioridad táctica y militar de Aníbal, nuestro hombre, ya anciano, opuso  prudentemente una guerra de guerrillas. Algunos dirigentes y patricios no estaban de acuerdo (de ahí su apodo “Cunctator” = “Indeciso”, “Contemporizador”), su principal opositor lo tenía en su lugarteniente, Minucio Rufo quien optó por la lucha a campo abierto con Aníbal y a punto de ser derrotado fue socorrido por Fabio aunque le retiraron el mando y se lo dieron a Cayo Terencio Varron quien desoyendo los consejos de Emilio Paulo, el otro cónsul, atacó y fue estrepitosamente derrotado en la batalla de Cannas. Varron escapó con vida y Emilio Paulo cayó (un hijo de este fue adoptado por Escipión el Africano para ser posteriormente conocido como Escipión el Joven). Volvieron a darle el mando a Fabio. Continuó con su táctica en el momento que aparecía la estrella de Escipión quien llevó parte de la guerra a Hispania. Fabio vio el triunfo de los cónsules, prácticamente alumnos suyos, Cayo Claudio Nerón y Marco Livio Salinatore sobre Asdrúbal, hermano de Aníbal, en Metauro (207 a. C.) y el declive de Cartago. Lo que no vio fue el triunfo final de Escipión sobre Anibal en Zama que condujo a la derrota total de Cartago.
FUENTES - Polibio da cuenta del enfrentamiento con Aníbal, mientras Tito Livio y Plutarco lo hacen de forma más abarrocada. Plutarco en su serie de “Vidas paralelas” compara a Fabio con Pericles por su táctica prudente en la guerra del Peloponeso (tampoco comprendida por algunos de sus compatriotas). Quinto Ennio, Aulo Gelio y Valerio Máximo complementan al personaje con diversos detalles pero todos los escritores coinciden en su sabiduría y prudencia.
LITERATURA – Su fidelidad a la palabra dada (el Senado se negó a pagar el rescate exigido sobre unos prisioneros romanos y Fabio lo realizó de su propio bolsillo) es recordada ya en la Edad Media por Vicentius de Veauvais y, más tarde en la “Gesta Romanorum”, de autor anónimo e impreso por vez primera en Lovaina (1473). Por su cualidad de “prudentia” es ensalzado por Francesco Petrarca en el capítulo dedicado a Fabio en “De Viris Illustribus” (1337) y por ello forma parte del grupo pictórico inspirado por Petrarca en Padua.
Entrando ya en la PINTURA, el GRABADO y la DECORACIÓN vemos en una capilla de Siena, a principios del siglo XV, a Fabio unido a otros personajes, como L. J. Bruto relacionados por la paciencia. En Perugia es representado junto con Sócrates y Numa Pompilio por su cualidad común de la prudencia en unas pinturas de Il Purugino. Pietro di Cortona lo inserta en la gran decoración del techo del Palazzo Barberini en Roma (1633-1639) --- encarnando una vez más la prudencia --- en una grisalla (técnica pictórica en tinte monocromático que produce sensación de relieve escultórico, empleada en bocetos y esbozos por algunos escultores del siglo XV en degradaciones de único color, generalmente gris o amarillo oscuro) en una de las esquinas. Siguiendo “De Inventione”, de Cicerón, en las otras tres esquinas se encuentran Mucio Escévola (la valentía), Manlio Torcuato (la justicia) y Escipión el Africano (autodominio). En otra pintura de techo, Johann Boksberger (cerca de 1512) en Landshut coloca a Fabio al lado de ambos Catones (Catón el Viejo y su descendiente Catón el Joven). La vida de Fabio es representada en siete escenas pintadas por Daniele de Volterra (1538) en el Palazzo Massimo alle Colonna en Roma para la familia Massimo que aseguraba descender de Fabio Maximo. Siguiendo la biografía de Plutarco, Francesco da Siena ilustra ocho frescos para el abad  Fabio Colonna en el Palacio Abacial de Grottaferrata (terminada en 1547). Giambattista Tiépolo pinta a Fabio como delegado en Cartago en una colección de escenas de la historia romana. La reconciliación de Fabio y Minucio fue representada, aparte de Volterra, en un boceto al óleo por Rubens (1622), actualmente en el Museum Boymans- van Beuningen de Rotterdam. Hay alguna representación de los príncipes de Orange como figuras romanas realizadas en 1648 en Amsterdam tras 80 años de guerra, otra pintura en la sala del burgomaestre en el Ayuntamiento de Amsterdam donde aparecen Fabio y su hijo y otra escena para la campana de chimenea efectuada por Jan Lievens (1656), basada en los versos de Joost van den Vondel.
                                    Narcís Ribot i Trafí 

domingo, 24 de febrero de 2013

LAS TRES PIRÁMIDES “CLÁSICAS”



       ¿Esclavos construyendo pirámides? No, simplemente funcionarios pagados por el Estado.
¿Unos gigantescos monumentos para enterrar a los muertos? No en su totalidad ya que su función como motores económicos de la época era incluso más importante.
¿Fue un capricho la forma piramidal? No, poderosos motivos ideológicos subyacen en cada uno de los edificios que componen estas maravillosas obras.
    (“LAS PIRÁMIDES: Historia, Mito y Realidad”, de José Miguel Parra Ortiz).
                         Por evolución de la “mastaba” (palabra árabe que significa “banco”) se llega a la primera pirámide escalonada, la del Faraón Zoser construida por el arquitecto Im-Ho-Tep (III dinastía). Vienen después las inacabadas de Shekhemhet y Khaba y a continuación aparece la llamada “Falsa pirámide de Meidum”, empezada por Huni y acabada por su sucesor Snofru, fundador de la IV dinastía. El mismo Snofru (2613- 2589, a. C.) hizo erigir dos pirámides más de gran importancia para la evolución del monumento: la “Romboidal” y la “Roja”. Así, de las escalonadas pasamos a las “perfectas” o “clásicas” o bien, dicho de otra manera, de las escalonadas --- en un conseguido intento de perfeccionar la grandiosidad --- aparecen las pirámides de lados lisos (estas primeras pirámides, antecesoras de las clásicas, las cité en un escrito en este mismo blog el 26- 0ctubre- 2011: “Protopirámides”).
Fue en la demarcación más importante de toda de toda la necrópolis menfita, Guiza  junto con Sakkara (allí se erige la escalonada de Zoser) donde se yerguen imponentes las tres pirámides más conocidas: Keops, Kefrén y Micerino. Al norte de Guiza se levanta la “Gran Pirámide”, la mayor y más antigua de las pirámides perfectas, construida por el faraón Keops (2589- 2566 a. C.), sucesor de Snofru quien dio un próspero gobierno a Egipto a pesar de ser señalado como soberbio y autoritario por parte del historiador griego Heródoto. Sus lados (1) están matemáticamente orientados hacia los cuatro puntos cardinales, su masa interior está elaborada con piedra local recubierta de bloques calcáreos procedentes de las canteras de Tura. Se trata de una obra prodigiosa ya considerada en la Antigüedad como una de las “7 maravillas del mundo” (la única que ha llegado hasta nuestros días). Por descontado causa impresión solo al pensar en sus 2.300.000 piezas de piedra calcárea dispuestas originalmente en 210 hileras; la precisión en el ajuste de los bloques es sencillamente perfecto (totalmente imposible es introducir una hoja de afeitar entre dos de ellos). Al este de la Gran Pirámide hay un templo funerario que conectaba con el templo del Valle por una vía con dos paredes decoradas con relieves; también al este nos encontramos con tres pirámides subsidiarias y tanto al este como al oeste con un buen número de mastabas (2). Al sudoeste de la Gran Pirámide de Keops se encuentra la segunda pirámide, la de Kefrén (2558- 2532, a. C.), única que conserva el revestimiento  de piedra calcárea en su parte superior. Tiene unas proporciones ligeramente inferiores a la de Keops pero al estar edificada en una posición más elevada parece mayor y su estructura interior es mucho más sencilla que la Gran Pirámide pero el templo funerario de Kefrén (en la cara este de la pirámide) es más complejo e igualmente conecta con Valle a través de una vía. Junto al templo del Valle se encuentra la Esfinge de Guiza (estatua de rostro humano, el de Kefrén, con cuerpo de león, de aproximadamente 57 metros de longitud por 20 de alto) que parece vigilar el templo funerario mientras que al sur hallamos una pirámide subsidiaria y numerosas tumbas y mastabas se distribuyen a ambos lados de la vía de acceso al templo funerario. Entre Keops y Kefrén, padre e hijo según la hipótesis más factible, ocupará el trono otro hijo de Keops: Djedefre (2566- 2558 a. C.) quien mandó construir una pirámide en el sector de Abu Rowash la cual quedó incompleta (en la actualidad no es más que un montón de piedras) por su breve reinado de ocho años. Los especialistas piensan que seguía los más estrictamente clásicos cánones empleados ya por Keops. La menor de las pirámides de Guiza es la de Micerino (2532- 2504 a. C.), la técnica constructiva de la cual y pendiente de sus lados es exactamente igual que la de su abuelo Keops y la de su padre Kefrén. Al sur se encuentran tres pequeñas pirámides subsidiarias y al este el templo funerario conectado con su correspondiente vía o calzada al templo del Valle. A diferencia de las otras dos pirámides la de Micerino tiene sus grandes caras revestidas con bloques de granito en el primer tercio de su altura (visible aún en la zona norte de la construcción) y con placas calcáreas en los dos tercios superiores mientras que su estructura interna es más compleja que las de sus antecesores (3). Entre Kefrén y Micerino reinó durante un año (2532 a. C.) un posible hijo de Djedefre llamado Baka o Nebka el cual inició un trabajo piramidal en la necrópolis de Zawiet- el – Aryan, a medio camino entre las necrópolis de Guiza y Abusir (5 km al sur de Guiza). Debía de ser una gran pirámide (se descubrió en 1900 mientras se buscaba la pirámide del Horus Khaba de la III dinastía) pero se quedó en proyecto: recinto rectangular de 650 m de norte a sur, 400 de este a oeste y primera hilera de la cara septentrional. Ninguna de las pirámides construidas después de las de Guiza de la IV dinastía consiguió la grandeza de estas.
                              Narcís Ribot i Trafí, miembro de la Societat Catalana d’Egiptología

1)- Pirámide de Keops/Queope/Kufu. Altura original: 146 m.; longitud de lado: 230,37m.
 - Pirámide de Kefrén/Quefrén/Kafra. Altura original: 143,4 m.; longitud de lado: 215,25 m.
 -Pirámide de Micerino/Menkaura. Altura original: 65,66 m.; longitud de lado: 103,40 m.
2)- Las tres pirámides subsidiarias de Keops pertenecen a las esposas del faraón. En las mastabas están enterrados los familiares y grandes funcionarios de la época de Keops.
3)- Para este escrito consulté los tres libros indispensables de José Parra Ortíz:
-“Historia de las pirámides de Egipto” (Complutense, 1997)-
-“Los constructores de las grandes pirámides” (Aderabán, 1998)-
-“Las pirámides, historia, mito y realidad” (Complutense, 2001)-
Además de:
-“El Egipto del Imperio Antiguo”, de Josep Padró (Historia- 16, 1989)-
-“Guía de las pirámides de Egipto”, Alberto Siliotti (Foli, 1998)- 

miércoles, 13 de febrero de 2013

HAN PROFANADO EL SUEÑO DE LA MOMIA



He abierto los caminos que están en el cielo y en la tierra, porque soy el bienamado de mi padre Osiris. Soy noble, soy un espíritu, estoy bien pertrechado. ¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!” (Formula nueve del “Libro de los Muertos”).
                 Hace algunos años Tomás Fernández escribía que el actual cine fantástico estaba dirigido a adolescentes desconocedores de la función, caústica y corrosiva con el orden existente, propia del género. Los pobres guiones actuales se mezclan con efectos especiales paupérrimos o bien conseguidos, depende de la disponibilidad económica del film ya que es difícil encontrar un realizador en el género actual que conjugue positivamente los elementos inherentes al “fantastique”. Hablando en general, el fantástico actual no cuestiona el orden como antes. Los grandes creadores han desaparecido ya: Tod Browning, James Whale, Ernst Beaumont Schoedsack, Terence Fisher, Mario Bava… También otros realizadores que nos hicieron pasar buenos momentos: Erle C. Kenton, Riccardo Freda, Roy Ward Baker, Seth Holt, Freddie Francis y otros, como Roger Corman, están inactivos (al menos como director).
Quizás el personaje más destrozado sea el vampiro con el empeño, entre otras lindezas, de presentarnos teenagers como no-muertos; vomitorios en forma de película o series televisivas como los “Crepúsculos” u otras “Entrevistas con el vampiro” de una pésima escritora llamada Anne Rice (nunca he podido pasar de la segunda página de alguno de sus libros) con una equivalencia cinematográfica bastante olvidable por más Brad Pitt, Tom “Cruises” y Banderas que nos colocaran. Pero una cosa es cierta, estas obras de pretendida novedad, literarias o cinematográficas, son automáticamente colocadas en altares y adoradas por diletantes, indocumentados, sociólogos frustrados y aprendices del esnobismo ridículo y de lo “políticamente correcto” pero generalmente ajenos al fantástico.
En su momento también tocó el turno a la momia. “The Mummy” (“La momia”, 1999), de Stephen Sommers es un engendro infumable protagonizada por unos personajes que suponen la culminación de la estupidez pero fue un éxito de taquilla lo cual animó al realizador a filmar una secuela, “The Mummy’s Returns” (El regreso de la momia”, 2001), empalmando con “The Scorpion King” (“El rey Escorpión”, 2002), de Chuck Russell donde Sommers  solamente escribió el guión (en las dos “momias” fue director y guionista), en realidad una precuela de su “La momia” que ha generado, ya, dos secuelas más. En 2004 Sommers escribirá y dirigirá una macedonia de monstruos, “Van Helsing” la cual, pese a lo delirante de la proposición, tiene para mí más elementos de interés que sus “momias”.
El personaje de Sommers nada tiene a ver con la entrañable momia resucitada que encarnó Boris Karloff, Lon Chaney Jr., Christopher Lee o Paul Naschy. El mito de la momia, potenciado por el cine, entra en Europa gracias al interés que despierta todo lo que rodea al Antiguo Egipto (campaña de Napoleón, 1798, descubrimiento de la piedra Rosetta, los estudios de Champollion). Todo el ambiente entra en la literatura de la mano de Théophile Gautier (“La novela de una momia”) aunque el sustrato fantástico corresponda a Edgar Allan Poe (“Conversaciones con una momia”) y, `por encima de todo, Arthur Conan Doyle --- creador del inmortal Sherlock Holmes --- (“Lote 249”). Extraños acontecimientos al abrir la tumba de Tutankhamon sobre George Herbert, lord de Carnarvon y el arqueólogo Howard Carter enriquecieron el interés sobre el tema que el cine había ya tocado en su período mudo pero la primera versión codificada del mito, instalando los códigos del personaje, fue la producida por Universal en 1932, “The Mummy” (“La momia”), dirigida por aquel gran fotógrafo alemán llamado Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff tras su éxito en el film de James Whale (1931), “Frankenstein” (“El doctor Frankenstein”). Sencillamente, fue un éxito. El tema a grandes rasgos, repetido a través de los años, es el siguiente: nuestro protagonista es un hombre del Antiguo Egipto (un príncipe o un sacerdote, generalmente), con grandes conocimientos de la magia y ciencias ocultas, comete el pecado de amar a una mujer “prohibida” (una princesa, casi siempre) y al ser descubierto es condenado a ser “momificado en vida” lo cual produciría la muerte a cualquier ser humano pero él está por encima, en conocimientos, de cualquier ser humano. Después de pasar unos 3000 años de inmovilización y estado letárgico en la tumba se produce un hecho que retornará la vida a la momia y al cobrar total independencia buscará venganza hasta encontrar una muchacha (arqueóloga, por regla general, de la expedición que descubrió su tumba) con un sorprendente parecido con la princesa amada y, por supuesto, se enamorará de nuevo…
Recordar que en esta primera versión sonora la momia Im- Ho- Tep (Boris Karloff) se despoja de sus vendajes al poco de resucitar y se presenta en sociedad para conquistar a Helen Grosvenor (Zita Johann) para llevársela a su reino de ultratumba. Es destacable el paralelismo de esta “La momia” con “Dracula(“Drácula”, 1931), de Tod Browning e interpretado por Bela Lugosi, donde el operador era el mismo Karl Freund: los dos films se inician con la obertura musical de “El lago de los cisnes”, de Peter I. Tchaikovsky, el vampiro y la momia penetran en una sociedad de unos tranquilos burgueses ajenos al peligro quienes serán defendidos por el Dr. Van Helsing (“Drácula”) y por el Dr. Muller (“La momia”), en las dos películas interpretadas por el mismo Edward Van Sloan, crucifijos y talismanes serán usados para alejar a los intrusos del más allá y finalmente la destrucción el monstruo (apasionante cuando la momia/Karloff queda reducida a polvo al arder por autocombustión el papiro que le ha dado la vida, después que Helen recitara una oración a la diosa Isis para evitar ser sacrificada por Im-Ho-Tep y reunirse con él en el más allá).
Universal decidió volver al tema, tras el éxito de su primera incursión, ocho años después. “The Mummy’s Hand” (1940), de William C. Cabane, con Tom Tyler como Kharis, la momia rediviva, menos fina y misteriosa y más brutal que Im- Ho- Tep. The Mummy’s Tomb” (1942), de Harold Young, “The Mummy’s Ghost” (1943), de Reginald Le Borg y “The Mummy’s Curse” (1944), de Leslie Goodwins, las tres interpretadas por Lon Chaney Jr. Y las tres junto a su antecesora jamás vieron la luz comercial en salas españolas (afortunadamente hace años salieron packs sobre el personaje y pudimos visionar estas momias inéditas). Dan una de cal y otra de arena, el interés sube y baja, hay buenos momentos para el aficionado pero también hay rutina y desgana que sería total en la parodia de Charles Lamont (y producida por la misma Universal, la cual, después de exprimir como un limón a sus personajes que tanto éxito le dieron se dedicó a parodiarlos en las comedias de Abbot y Costello). “Abbot and Costello meets the Mummy” (1955) posiblemente sea la peor parodia de la pareja de cómicos sobre figuras del terror, claramente inferior al encuentro con el Dr. Jekyll & Mr. Hyde, también a la del hombre invisible y a la de los tres mitos principales: “Abbot and Costello metes Frankenstein” (“Bud Abbot y Lou Costello contra los fantasmas”, 1948), de Charles T. Barton, la mejor de todas.
En su programa de renovación, la británica Hammer dará de la mano del gran Terence Fisher la que es para mí la mejor película sobre la momia, más apreciada ahora por los aficionados que en el momento de su estreno. Fisher va más allá del lineal guión servido para conseguir la aportación más profunda. Se puede preferir el clasicismo de Universal --- por otro lado magnífico --- pero “The Mummy” (“La momia”, 1959), con un Christopher Lee hierático e impresionante como Kharis y un Peter Cushing sensacional como el arqueólogo John Banning, es donde más se produce la interacción/oposición entre las dos culturas (egipcia milenaria/ inglesa victoriana). La pasión por la esposa de Banning, Isobel (Ivonne Furneaux), muy parecida a la princesa Ananka, el amor de Kharis, solo se desata en la momia cuando la mujer se suelta el pelo… “La momia” de Fisher a los 54 años de su realización me parece la más personal, la más subyugante, la que mejor expone las características del mito.
Técnicamente perfectas e interesantes me parecen las dos aproximaciones siguientes de Hammer al mito (no estrenadas comercialmente aquí, solo vistas en algún pase de festival  y en DVD): “Curse of the Mummy’s Tomb” (1964), del productor/realizador Michael Carreras y “The Mummy’s Shroud” (1967) quizás un poco inferior a sus similares (en época de rodaje y estilo) “The Reptile” y “Plague of the Zombies” (ambas de 1966 e inéditas en España, dando gracias, una vez más, al DVD). La cuarta y última aportación de Hammer, “Blood of the Mummy’s Tomb(“Sangre en la tumba de la momia”) es un caso aparte y más que el mito de la momia se centra en reencarnaciones y brujerías. Basada en un relato de Bram Stoker (“La joya de las 7 estrellas”) fue dirigida en 1971 por Seth Holt, fallecido durante el rodaje, y acabada por Michael Carreras. Es un film extraño…
Delante el feista (en general) panorama del género actual, el poder recordar estas maravillas pasadas se constituye en un auténtico placer para el verdadero aficionado.
                                                                      Narcís Ribot i Trafí

jueves, 17 de enero de 2013

DOMICIANO FLAVIO EN LAS ARTES



El emperador Nerón se vio obligado al suicidio en el año 68, dejando las cuentas del Imperio Romano prácticamente arruinadas. El año de los “cuatro emperadores”, (69) estuvo marcado por las guerras civiles lo cual acabó de hundir el tesoro público (Galba, Otón, Vitelio), por fin el 4º fue honrado y logró nivelar el balance y devolver la grandeza a Roma: el general Vespasiano, el cual gobernó durante 10 años (69- 79) y sucedido por su hijo primogénito Tito, quien en su breve reinado (79- 81) fue amado y en su muerte llorado por todo el pueblo. El mismo año, 81, su hermano menor Domiciano (Tito Flavio Domiciano), apoyado por los pretorianos, fue nombrado emperador. Era doce años menor que su hermano Tito y de carácter totalmente opuesto: ambicioso desde su juventud con resentimiento hacia su padre por no concederle los honores que él creía debía poseer y con envidia hacia su hermano (Tito le ofreció compartir el gobierno del Imperio pero Domiciano lo rechazó). Empezó bien y acabó muy mal. Siguiendo al historiador Joachim Fernau podríamos repetir que “No era un estúpido, ninguno de los Flavios lo fue”. Su política, tanto interior como exterior fue muy buena al principio: promulgó una ley que defendía a todos los ciudadanos honrados de la difamación y ordenó el procesamiento de funcionarios corruptos. Sus actuaciones militares (en muchas ocasiones iba delante del ejército) fueron altamente beneficiosas para Roma: victorias en Britania, Germania, Dacia (actual Hungría) combinadas con acciones pacifistas. Pero en el año 89 se rebeló el ejército del Rin (por considerar la “paz ignominiosa” con los dacios) con dos legiones y aliados germánicos al mando de Lucio Antonio Saturnino quien fue vencido y muerto. A partir de ahora Domiciano se vuelve malpensado y cruel, asumiendo un gobierno donde predominan la delación, las represiones y el terror. Se hace llamar “Deus et Dominus” (=Dios y Señor), persiguiendo cristianos y judíos por no reconocerle como tal. Enemistado con los senadores finalmente habrá un complot donde su propia esposa Domicia Longina abrirá la puerta a los conjurados quienes apuñalarán al emperador. Era el 18 de septiembre del 96 y con él acababa la dinastía Flavia.
La mayor parte de los escritores le fueron claramente hostiles: Tácito, Suetonio, Plinio el Joven… Exageraron su crueldad y vileza comparándole con Calígula y Nerón y más cuando lo confrontaron con los “Cinco buenos emperadores” que vinieron a continuación: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío Y Marco- Aurelio. La historiografía moderna le reconoce como un absolutista despiadado pero buen gobernante en un principio. Su figura se asemeja en muchos puntos al emperador Tiberio. El historiador Tácito escribió durante la dinastía Flavia pero parte de su obra se ha perdido, Décimo Junio Juvenal dispara sátiras contra Domiciano y su reinado como injusto, violento y corrupto, Estacio redactó cuatro poemas de la vida del emperador y Marco Valerio Marcial citó en sus obras y epigramas a Domiciano, mientras Cayo Suetonio (escribió su obra en tiempos de Adriano) en su conocida “Vida de los doce césares” reconoce la parte positiva en su inicio y carga las tintas negativas en su terrible parte final.
Poca cosa hay en PINTURA, “El triunfo de Tito” (1885), de Lawrence Alma- Tadema, óleo sobre lienzo, donde vemos a Vespasiano emperador seguido de Domiciano y su esposa (fueron felices durante algún tiempo) y Tito detrás de ellos, quien cruza la mirada con su cuñada abriendo suspicacias en los historiadores.
En LITERATURA tenemos una obra de teatro escrita por Philip Massinger (1626) donde Domiciano es el protagonista, “The Roman Actor”. Aparte predominan novelas históricas como “Domitia and Domitian”, de David Corson (2000), sobre el matrimonio imperial; las novelas histórico- policiacas de Lindsay Davies sobre Marco Didio Falco (1989-…) durante el gobierno de Vespasiano (Domiciano aparece como personaje secundario); “The Light Bearer”, de Donna Gillespie (1994); la extensa “Los asesinos del emperador”, donde se nos cuenta el lamentable capítulo final del gobierno y persona de Domiciano hasta el tiempo de Trajano, escrita por Santiago Posteguillo (2011); “Misterios romanos” (2002-2008), otra colección de obras escritas por Caroline Lawrence sobre hechos reales y “Roma después del incendio” (1999) del erudito Allan Massie, prácticamente historia novelada desde Nerón a Domiciano.
En el CINE conocemos “La Rivolta dei Pretoriani” (1964), Alfonso  Brescia, un péplum  sin tener nada a ver con la historia (Pierro Lulli era el emperador); “Dacii” (1967), film rumano sobre las guerras dacias de Sergiu Nicolaescu donde Györg Kovács era Domiciano; el telefilm británico, “Age of Treason”, de Kevin Connor (1993), basado en las novelas de M. Didio Falco y “San Giovanni” – L’Apocalipsse” (2002), telefilm de Raffael Mertes, donde Bruce Payne es el emperador y Richard Harris encarna a san Juan Evangelista, en único apóstol que no murió en la tortura y tuvo larga vida (se centra en la persecución contra los cristianos).
                                                                    Narcís Ribot i Trafí

domingo, 23 de diciembre de 2012

“SUEÑO DE AMOR”. “LA HISTORIA DE FRANZ LISZT”



(Charles Vidor y George Cukor, 1960)
Escrito en 2011, a los 200 años del nacimiento de Franz Liszt.

Recordando con admiración y agradecimiento al padre Federico Sopeña Ibáñez, gran musicólogo, autor del primer libro de música que leí (“Estudios sobre Mahler”).
         “Sueño de amor” me parece uno de los biopic más interesantes jamás filmado. El biopic o película biográfica dramatiza la vida de persona o personas en los hechos más significativos de su vida y/o en los años más importantes de su vida/su obra. Esta es la más clara definición de un género basado en personas reales aunque algunas de sus acciones mostradas en el cine no lo sean o se tomen pequeñas o grandes libertades para acoplarse mejor al terrero del celuloide. Hay biopics sobre inventores, héroes, conquistadores, sabios, escritores, músicos, etc.…. La película de hoy pertenece a la vida de un músico. No en vano está subtitulada como “La historia de Franz Liszt”. “Song Without End: The Story of Franz Liszt”, debía titularse originalmente “Magic Flame” pero el realizador Charles Vidor falleció durante el rodaje (4-junio-1959) siendo terminada por George Cukor quien no quiso ser acreditado  y pidió solamente citar a Vidor (aunque se recuerde la contribución de Cukor al film antes de nombrar al director original).
Charles Vidor tenía ya la experiencia de otro exitoso biopic musical: “A Song to Remember” (“Canción inolvidable”, 1944), con Cornel Wilde como Fredéric Chopin, Merle Oberon  (George Sand) y Paul Muni (profesor Joseph Elsner). Así, puede decirse que Charles Vidor realizó dos biopics sobre los más grandes pianistas del período romántico musical. Entre los círculos cinematográficos he leído más alabanzas para la película de Chopin; personalmente (a pesar del aprecio que siento por ella) prefiero “Sueño de amor” pese a su alargamiento (a causa de tener forzosamente dos directores), la veo --- aunque parezca contradictorio --- más equilibrada y comedida en su puesta en escena (en diversos momentos es bastante similar) ya que en la película sobre Chopin, el profesor Elsner estropea en ocasiones (por otra parte excelentemente interpretado por Paul Muni) con sus chistes, sus ocurrencias graciosas y su verborrea risible la fluidez narrativa y estorba el conflictivo amor entre el músico y George Sand.
El guión de Oscar Millar es conciso, no retrata toda la vida del compositor sino que empieza con su (ya avanzada) relación estable con Marie de Flavigny, condesa de Agoult (la conoció en verano de 1833 en casa de Chopin) con quien tuvo tres hijos (la segunda, Cósima, llegaría a ser la esposa de Richard Wagner), citados en el film, su posterior amor por la princesa Carolina de Sayn- Wittgenstein (comienza durante una gira en 1847) que forma el nudo del film y el final cuando los deseos de la princesa de casarse por la Iglesia podían cumplirse (el tribunal eclesiástico había rechazado la petición de los enamorados de anular el matrimonio de Carolina pero después fallece el marido) no será así ya que el músico siempre había tenido una cierta vocación religiosa. El film termina en apoteosis, tanto musical como en imágenes: Franz Liszt entra en un convento franciscano para más tarde recibir las órdenes menores (conferidas por el cardenal Gustav Hohenlohe) en 1865. Un Liszt con hábito eclesiástico al piano con  impresionante música elevada cierra la película……..
El título en España, “Sueño de amor” está tomado de los tres nocturnos para piano solo “Liebesträume” (S/541), publicados en 1850 (el más famoso y popular, por “cantábile” es el 3º) ya que la traducción literal del film original sería “Canción sin fin”/”Song Without End”.
I)- APORTACIONES DE FRANZ LISZT, EL TITÁN DEL ROMANTICISMO
Ahí tenéis al hombre a quien debe rendirse el mayor homenaje. Cuando todo el mundo se burlaba de mi, me demostró una fe inquebrantable. Sin él, quizá no hubieseis podido oír hoy una sola nota mía. Cuanto soy y cuanto poseo se lo debo a él”. Richard Wilhelm Wagner refiriéndose a Franz Liszt en la inauguración del festival de Bayruth, 1876.
Unos meses después del nacimiento de Chopin y Robert- Alexander Schumann (1810), dos años después del de Felix Mendelssohn (1809) y dos antes del de Verdi y Wagner (1813) nace Franz Liszt en la propiedad de los Esterhazy (1811). Su padre, Adam Liszt era intendente de la aristocrática familia que años atrás había tenido a Joseph- Franz Hydn como maestro de capilla. Adam era un músico aficionado: tocaba la guitarra, el violín y el piano. En su único hijo, nacido en Doborjan (Hungría), de constitución delicada, descubrió la facilidad para el piano y el repetir los temas musicales que le daba viendo en él a un futuro Mozart. Apasionado por la música de sus antecesores, especialmente Beethoven con quien habló en una ocasión, Franz Liszt conquistó su gran reputación de músico muy temprano. Viaja incansablemente por toda Europa, es ya músico consumado, sea ya como pianista (su faceta más conocida) o como espléndido director de orquesta, interpretando obras propias o de amigos suyos como Schumann o Hector Berlioz y, más adelante, Wagner. Tuvo amores, algunos con mujeres de la nobleza (sus relaciones más duraderas fueron con la condesa Marie d’Agoult y con la princesa Carolina de Sayn Wittgenstein) o con bailarinas como la famosa Lola Montes. No obstante, nunca contrajo matrimonio. Era un hombre simpático, cordial, abierto y un auténtico amigo de sus amigos. Ayudó a Berlioz, a Chopin (además de escribir una biografía sobre el músico polaco) pero sobretodo comprendió las grandiosas óperas de Wagner a quien ayudó en todos los sentidos.
-Una de las aportaciones musicales más valiosas de Liszt es el “poema sinfónico”, como lo bautizó él. El nombre de poema se refiere al contenido poético que forma el programa (una pintura, un héroe novelesco, un drama, una escena, un poema, una idea, una impresión) complementado por la música en un solo movimiento (inspirado por la “Sinfonía Fantástica” de Berlioz, sus sustentadores fueron, entre otros, Shakespeare, Byron, Hugo, Schiller) aunque la composición musical pueda escucharse perfectamente sin esta grandiosa base literaria. Compuso 13 poemas sinfónicos-
-Las sinfonías “Fausto”, según los personajes de Johann Wolfgang von Gohete y “Dante”, centrándose en “La divina comedia” de Dante Alighieri, son resueltas sintetizando los temas musicales sobre los principales personajes-
-En sus dos conciertos para piano Liszt anula las fronteras entre los diversos tiempos y en su 2º concierto los pasajes de distintos tiempos se funden entre si sucesivamente, ofreciendo la más clara noción de “combate” entre solista y orquesta-
-Con su sonata en si menor para piano (dedicada a Schumann) reduce en un solo tiempo “gigante” los cuatro movimientos comenzando por un fragmento lento. Esta creación (que en un principio desconcertó al propio Schumann) no totalmente comprendida en tiempo de su aparición, hoy se ha convertido en pieza capital de la música pianística (influenció a muchos músicos que vendrían después, entre ellos Cesar Franck)-
-Su única ópera la elaboró a los 13 años, “Don Sancho”, con buen fundamento pero escaso éxito. Comprendió que este no era su camino en el campo musical-
-Nunca dejó de tratar la música religiosa pero merece especial atención la de su último período cuando había tomado ya el hábito eclesiástico y era conocido como “el abad Liszt”: misas solemnes, oratorios, salmos musicados, cantatas y diversas piezas para órgano-
Humanista, poeta, gran músico, creó un cosmos de música rutilante en color y matices, rico en su vocabulario armónico, señalándose como el más arriesgado explorador del mundo musical que abría la puerta a las conquistas del siglo XX (el mismo Wagner bebió en muchas ocasiones de la fuente musical de su amigo y suegro Liszt).
II CHARLES VIDOR
De verdadero nombre Vidor Károly (1900- 1959), nació en una familia judía de clase media de Hungría. Acabada la I Guerra Mundial estudió ingeniería en la Universidad de Budapest y después en la de Berlín. Allí entró en el cine trabajando como montador y director asistente para emigrar a Estados Unidos en 1924. Formó parte de un grupo especializado en óperas de Wagner para después entrar en un coro de Broadway. En 1931 dirigió un cortometraje, “The Bridge”, financiado por él mismo, que caló en un mandatario de la Metro Goldwyn Mayer quien al reconocer su buena técnica y calidad le ofreció un buen contrato. Al año siguiente codirigió --- aunque no esté acreditado --- “The Mask of Fu-Manchu” (“La máscara de Fu-Manchú”, 1932), de Charles Brabin que es una delicia y la mejor adaptación del personaje de Sax Rohmer con un Boris Karloff pletórico al encontrar el éxito tras su interpretación de “Frankenstein” (“El Dr. Frankenstein”), de James Whale (1931). De 1933, a partir de “Sensation Hunters”   (“Dama de cabaret”) hasta 1939 realizó nueve films para M. G. M.  En 1940 entra en Columbia Pictures y compone una docena de películas hasta 1948 para volver en 1952 a  la M. G. M. y a alguna que otra productora. Al principio de esta etapa es destacable “Blind Alley” (“Rejas humanas”, 1939) para encontrase en 1946 con el mayor éxito de su carrera profesional: “Gilda” (“Gilda”), recordada entre otras muchas cosas por la famosa bofetada de Glenn Ford a Rita Hayworth, siendo “The loves of Carmen” (“Los amores de Carmen”, 1948), también con Rita Hayworth, la última de esta 2ª etapa ( se trata de una película destacable pero no me atrevería a decir que es la mejor de las adaptaciones de la obra de Prosper Mérimée). En este capítulo hay otros films interesantes como  “Cover Girl” “Las modelos” (1944), “Canción inolvidable”, la comedia “The Tuttles of Thaití” (“Se acabó la gasolina”, 1942), protagonizada por Charles Laughton, y “Ladies of Retirement” (“El misterio de Fiske Manor”, 1941), drama gótico a la hitchcockiana “Rebecca”, bastante bien resuelto.
En la década de los 50, su tercera etapa, tiene siete films de los cuales destacaría especialmente la encantadora “Hans Christian Andersen” (“El fabuloso Andersen”, 1952), sobre el escritor de cuentos, “Rapsody” (Rapsodia”, 1954), una historia de amor dentro el mundo de la música y “A Farewll to Arms(Adiós a las armas”, 1957). En 1956 logró crear su propia productora (Aurora Productions) aunque no llegara a realizar sus proyectos por su repentina muerte mientras filmaba “Sueño de amor”.
Charles Vidor fue siempre un técnico competente y habilidoso, daba una fluidez encomiable a la narración, sabía sacar provecho de los actores y cuidaba perfectamente los decorados y la ambientación donde conseguía en ocasiones cuadros inolvidables. Planos bien elegidos la mayoría de veces, frescura narrativa y buen gusto y elegancia en la composición. Este era su estilo ¿Creador? Está hoy considerado en la frontera de lo artesanal, discutible por supuesto. Al igual que otro caso similar, Henry Hathaway, y al igual que este tiene pocos estudios sobre su cine pero si el autor de “Tres lanceros bengalíes” tocó casi todos los géneros (bélico, negro, western, aventuras, espionaje), Vidor se centró en películas más íntimas, drama, biografías aunque en ocasiones arañara el cine negro (“Gilda”) o el western por dos veces (“El valiente de Arizona”, 1935 y “Los desesperados”, 1943, con Glenn Ford y Randolph Scott, casos aislados dentro de su filmografía). Las productoras le respetaron siempre por su seriedad, profesionalidad y conocimiento técnico aunque a veces le encargasen trabajos más bien rutinarios. No creador en el sentido de un John Ford, Raoul Walsh, Howard Hawks o King Vidor (con el cual no guardaba ningún parentesco) pero si un buen realizador, un director destacable del que los aficionados quisiéramos hubiesen más como él.
III “SUEÑO DE AMOR”
El film ganó un “Globo de oro”, el de “Mejor película musical”, al igual que varias nominaciones al “Mejor Actor para una Película Musical” para Dirck Bogarde que encarnó maravillosamente a Franz Liszt aunque no se pareciera a él físicamente (el Franz Liszt secundario pero necesario para ayudar al protagonista Chopin de “Canción inolvidable”, interpretado Stephen Bekassy, era más cercano al retrato del músico, incluso con la larga melena gris y su delgadez) y Geneviève Page, sencillamente perfecta, como la condesa Marie d’Agoult, así como otra nominación para Capucine quien encarnó a la princesa Carolina.También los secundarios me parecen perfectamente ajustados en sus respectivos roles: Martita Hunt como la Gran Duquesa que avergüenza a su hermano el zar el haber llegado tarde al concierto, Alexander Davion como Chopin y Lyndon Brook como Wagner en sus tres escasas y breves apariciones, apuntando su carácter fuerte y temperamental, exigente y ególatra; en su primer encuentro Liszt no le hace caso por tener prisa, en el segundo pide disculpas a un Wagner ceñudo, confesándole lo maravillosa que es su música, y en el tercero Wagner pide dinero a Liszt para huir a Suiza ya que es buscado por la justicia por no cumplir un contrato (en innumerables ocasiones le ayudó). Al cerrarse la historia cuando el compositor toma los hábitos queda fuera el amor de Wagner con Cósima (que no aparece para nada en el film). Al casarse Liszt rompió relaciones, momentáneamente, con ellos (apreciaba mucho a Wagner, como demostró, pero no le quería como yerno). Si es verdad que Wagner maniobró hasta lograr la reconciliación cuatro años después (1). La princesa Carolina le dirá a Franz: “Este hombre es un monstruo”, refiriéndose a Wagner; sonríe el compositor y contesta: “Es insoportable pero su música llega al alma, es maravillosa y debo ayudarle”; continúan hablando y la princesa le aconseja que se centre más en su propia música a lo que Liszt responde que se debe ayudar  a todo aquel que ofrezca una música genial, en beneficio de la humanidad y como acción para acercarse a Dios (en más de una ocasión confesará ante la pantalla su arrepentimiento de la vida bohemia, de conquistador y mujeriego y su deseo de servir a Dios tomando los hábitos). También queda fuera del film la visita histórica que recibió Liszt del papa Pío IX (hubiera podido ser motivo para subrayar su vocación religiosa).
Tanto el vestuario del diseñador Jean- Louis y la dirección artística de Walter Holscher son acertados y magníficos, reproduciendo perfectamente el ambiente y la época del compositor. La escena inicial es significativa: música de nuestro hombre con plano general nocturno de la localidad, plano de acercamiento a una casa y la conversación de Liszt al piano y Marie cortando unas flores. Se nota que hay diferencias entre los dos amantes, ella opina que la nueva obra tiene resonancias “religiosas”, que ya sabe como piensa, él le contesta mostrando su deseo de educar a sus tres hijos en la fe católica y la condesa replica que de acuerdo pero que ellos viven en adulterio, cosa totalmente cierta (Marie no era atea pero no vivía la doctrina cristiana, su concepción representa más bien deísta). Llegan a continuación Chopin, George Sand y el representando Potin, todo ello narrado en continuidad de planos medios y americanos muy bien resueltos. El buen nivel se mantendrá en el resto de la cinta.
La música (el piano era interpretado por el compositor Jorge Bolet), por su parte, recibió un Oscar a la “Mejor Banda Sonora”, para Harry Sukman (adaptador y coordinador) y Morris Stoloff (supervisor) con la “Philaremonic Orchesta” de los Ángeles. Aparte de la música de Liszt aparece también la de otros compositores que él interpreta o como fondo: Verdi, Schumann, Mendelssohn, Bach, Paganini, Haendel, Beethoven y, por supuesto, Chopin y Wagner. Como en otros biopics musicales aquí no llega a acaramelarse o hacerse pegadiza, está como elemento más, centrándose al principio en el compositor (2) como hombre totalmente dado a su música, cariñoso, abierto a todo el mundo y tan apasionado en sus amores como en su música (un acierto más a cargo de Dirk Bogarde). Luego la cinta se centra en el triángulo amoroso Marie- Franz- Carolyne, la marcha de la primera que deja el campo libre a los nuevos enamorados y el protagonismo más absoluto del pleito por el divorcio de la princesa y cuando se abre la esperanza viene el cambio de vida. La princesa lo comprende: se marcha de una iglesia después de rezar con el rosario entre sus manos mientras Liszt con sotana interpreta una de sus obras sacras al órgano y aparece el FIN de esta película que supo recrear formidablemente el romanticismo de unos personajes típica y eminentemente románticos (3).
                                              Narcís Ribot i Trafí
(1). Liszt influenció en el matrimonio de uno de sus alumnos preferidos, el director de orquesta y wagneriano Hans von Bulow, con su hija Cósima quien respetaba a su marido pero no le quería. Estaba enamorada de Wagner.
(2). Este año es el bicentenario del nacimiento de Liszt. En algunas localidades se han organizado conciertos a tal efecto, en otras no ya que la música clásica no les debe importar. Como siempre.
(3). Wagner falleció de un infarto en Venecia, 1883. Liszt quedó profundamente afectado. Tres años después (1886) moría nuestro hombre de una pulmonía contraída en el tren.