jueves, 30 de abril de 2015

MENDELSSOHN, DULZURA Y ROMANTICISMO


                   Dos puntos me movieron a escribir hace años sobre el gran compositor Felix Mendelssohn Bartholdy (1809- 1847) cuya música siempre he tenido en gran estima: 1) es el menos afortunado de los músicos románticos en cuanto a bibliografía en castellano y 2) la sensibilidad de unos prometidos al celebrar su boda cuando les hablé del “Ave María” de Felix Mendelssohn, segunda parte de las tres que consta el motete opus 23 de música sacra (a- “Aus Tiefer Not”, b)- “Ave Maria” y c, “Mitten Wir”). Esta pieza no es tan conocida/escuchada/interpretada por no ser tan estándar como el “Ave María” de Franz Schubert o la de Gounod/Bach, ya que se trata de una composición con coro a ocho voces, solista y órgano (compuesta en 1830). La boda, oficiada por mi, con este “Ave Maria” casi olvidado, salió redonda y, aparte de los cónyugues, diversos invitados asistentes alabaron la obra Mendelssohniana.
Pero no solamente esta pieza está olvidada (o casi), a Mendelssohn muchos solamente le recuerdan por la “Marcha Nupcial”, parte de “El sueño de una noche de verano”, según William Shakespeare.
Felix Mendelssohn Bartholdy nació en el seno de una familia burguesa y culta de origen judío (convertida al luteranismo), nieto del filósofo Moisés Mendelssohn y fue niño prodigio aparte de tener todos los elementos a su disposición para triunfar (la familia siempre le apoyó, fuerzas auxiliadoras de las que en muchas ocasiones carecían los Mozart o Schubert, para citar tan solo dos “niños prodigio” como Mendelssohn). Se incluye en el grupo de los grandes músicos románticos como Chopin, Schumann (con el cual tenía una gran amistad), Berlioz o Liszt pero si su sensibilidad estaba cerca de estos, la construcción de su música, su vocación estética, le aproxima a unas formas objetivas no perturbables por caminos pasionales (Haydn, Mozart, o sea clásicos). A la maravillosa “fantasía romántica” de un Schumann o un Chopin, Mendelssohn opone un equilibrio y una suavidad incluso más allá del clasicismo: los maestros del rococó. Posee una melancolía solo superficial  (si a veces está agitada es por su entusiasmo), es más sentimental que volcánico, influye en él la música de sus admirados Palestrina, Allegri, Haendel y Bach, aparte de descubrir la perdida música de la monumental obra de Juan Sebastian Bach “La pasión según san Mateo”. Su temperamento se traduce en cualidades que exaltan su música: armonía, equilibrio, serenidad, elegancia, pulcritud en contraposición a la fogosidad atormentada propia del romanticismo (especialmente Robert Schumann). Este estilo, influenciado por el romanticismo y por estilos anteriores se convierte en un gratísimo experimento no simpre apreciado del todo a pesar de que conociera el éxito ya en vida, a diferencia de otros grandes, por ser director de orquesta (1) aparte de compositor. Como muchos románticos Mendelssohn murió joven. La muerte de su hermana Fanny, muy unida a él, influenció en la suya-
Si es verdad que su óptima situación económica y afectiva le favoreció también resulta indudable la posesión de una tendencia natural hacia la consecuencia de su obra según su pensamiento y voluntad y no quiso que fuera de otra manera. Es injusto por ello reprobarle una intensidad --- propia de otros maestros (cfr. Beethoven, visagra entre clasicismo y romanticismo al igual que Schubert) --- que jamás buscó (tampoco atributo definitivo de un arte). Ante todo Mendelssohn aprecia el equilibrio de las formas, para él norma indispensable en la música. Es sensible como cualquier romántico a la patria, la naturaleza, el hogar, amor, dolor, paisaje o nostalgia pero nunca “se pasa” como otros románticos en estado puro (quizás el concierto para violín y orquesta en su parte central constituye una rara excepción en su obra que es pura y “bruscamente romántica”). Fue como los dos niños precoces antes citados, Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Schubert, un auténtico poeta de la invención melódica aparte de serlo también en la orquestación.
En su adolescencia escribió 12 sinfonías, en muchas ocasiones olvidadas hoy en día, pero señalizantes la inteligencia y técnica a venir. De entre sus cinco sinfonías son la 3, 4 y 5 las más destacables. La 3 en la menor (opus 56) llamada “Escocesa” creada en su viaje a aquel país: hay una delicada descripción de paisajes y clima que la acerca a la música programática en carácteres nostálgico- dramáticos. La 4 en fa mayor (opus 90) se creó igual: ahora se trata de su viaje  a Italia, de ahí el sobrenombre de “Italiana”. Si la 4, “Italiana” es la más popular, la 5  en re mayor (opus 107) quizás sea la mejor elaborada. Recibió el sobrenombre de “Reforma” para conmemorar el tercer centenario de la reforma luterana.
El concierto en mi menor nº 2 para violín (opus 64) es de un elevado lirismo y de una perfección formal incomparable mientras “El sueño de una noche de verano” (opus 21 y opus 61), una parte fue compuesta a los 17 años (opus 21) --- en un principio escrita como obertura de concierto --- y acabada en plena madurez musical (la unidad estilística es absoluta), componiendo música incidental (opus 61) para el teatro --- incluye la famosa “Marcha Nupcial” --- a la que incorporó la obertura ya existente. Muchos apuntes del clasicismo en una atmósfera romántica como en otras obras del autor. “La gruta de Fingal” (opus 26), también conocida como “Las Hébridas” es un poema sinfónico está resuelta con destreza y fantasía (practicamente sentimos el sonido del agua y varios ruídos en la cueva) --- los sobrenombres le vienen de la gruta de Fingal en Staffa, una de las islas Hébridas, en la costa de Escocia y compuesta en el mismo viaje a este país (dedicada asl príncipe de Prusia, futuro rey Federico Guillermo IV de Prusia). Muy famosas son sus “Romanzas sin palabras” (opus 30), de pulcro lirismo mientras que sus oratorios: “Paulus” (opus36) y “Elías” (opus 70) están también entre lo mejor de su repertorio. El primero se acerca a los oratorios de Georg F. Haendel y el segundo tiende más a los himnos de estilo inglés pero sin olvidar totalmente a Haendel. El “Te Deum” (opus 29), el “Salmo 141” (forma parte del opus 78) y la cantata “La primera noche de Walpurgis” (opus 60) son piezas maestras de la música coral. En cambio no tuvo suerte en la ópera “Ruy Blas” (opus 95) --- escribió la obertura --- según Victor Hugo y alguna otra inacabada, no era lo suyo. Algunos destacables “lieder”, encantadores y pulcros pero sin llegar a la profundidad de los de Schubert... El mundo de Mendelssohn era muy otro...
                                                                                                                           Narcís Ribot i Trafí

1)- Dirigió la sinfonía 9 de Schubert (D. 944) en do mayor por vez primera. Se encontraba extravíada hasta ser descubierta por Schumann quien la bautizó como “La Grande” (“Maravillosamente Grande”). Fue estrenada el 21 de marzo de 1839 en Leipzig once años después de la muerte de Schubert.

2)- No conozco ningún estudio extenso y profundo en castellano. Podemos citar el global de la “Música Romántica” de Alfred Einstein (Alianza Editorial, traducción de 1986) en donde se comentan algunos aspectos del compositor (oratorio y música sacra). El resto de la bibliografía son estudios breves y más bien divulgativos aunque no carezcan de interés. Citemos algunos:
---“Mendelssohn”, de Josep Palau (Seix Barral, colección Estudio, 1948), agotado. Lo encontré de segunda mano ---
--- “Mendelssohn, el paraíso perdido”, de Andrés Ruíz Tarazona (Editorial Real Musical, 1976), libro muy valioso, a pesar de su brevedad, por contener la totalidad codificada de todas sus obras ---
--- “Mozart/Mendelssohn”, diversos autores (Editorial Parramón, 1985), breve monografía y estudio musical en colección aparecida por orden alfabético de dos compositores con la misma letra inicial (“Bach/Beethoven”, “Wagner/Weber”, “Haendel/Haydn”, “Schubert/Schumann” etc.) ---
--- Para quien lea francés, de la colección Solféges/seuil, Rémi Jacobs tiene un sintético e interesente estudio, “Mendelssohn” (1977), que degraciadamente no llegó a traducir Antonio Bosch Editor (“Schumann”, Bach”,Beethoven”, “Wagner”, “Mozart”, entre otros, si lo fueron, el último en ser traducido de Solféges fue “Mahler” y, según noticias, el siguiente debía ser “Vivaldi” pero los imperativos comerciales decidieron cerrar la colección/traducción).







viernes, 10 de abril de 2015

RAFAEL SANZIO (III)


Habíamos dejado a Rafael (1483- 1520) en el Vaticano trabajando en la Signatura (biblioteca papal) bajo en mecenazgo del papa Julio II. “La Disputa del Sacramento” y “La Escuela de Atenas” en paredes frente a frente así como en los dos frescos de los muros con dos grandes ventanales: “Parnaso” (norte) y “Virtudes Cardinales” (sur). A ambos lados de la ventana: “Triboniano entregando las Pandectas a Justiniano” (institución del Derecho Civil) y “Gregorio IX recibiendo las Decretales de San Raimundo” (institución del Drerecho Canónico). Se completa la decoración con una serie de paneles y medallones en la bóveda cuyas pinturas están conectadas con los frescos de las paredes. En todas estas obras se nota la influencia de Miguel Ángel a quien Rafael admiraba profundamente aunque la completa asimilación se realizara más tarde. Hay también las colecciones arqueológicas clásicas del Vaticano que sugestionaron al artista en sus obras.
En medio de los trabajos del Vaticano, Rafael tuvo escaso tiempo para dedicarse a otras tareas: “Retrato de Freda Inghirami”, “Virgen de la Torre”,Virgen de Alba”, “Virgen de la Diadema” y, sobre todo, “Virgen de la Silla” (estilo totalmente perfeccionado) son las ineludibles excepciones. En la villa de Agostino Chigi, rico banquero de Siena, realizó el fresco de “El triumfo de Galatea”, reinterpretando el mito antiguo en una marco de alegre vitalidad.
Al acabar su labor en la “SIGNATURA” emprendió la decoración de la siguiente stanza: “HELIODORO”, situada al este. El nombre proviene del fresco principal: “Expulsión de Heliodoro”. Se inició en 1511 y se terminó en 1513, tras la muerte de Julio II, por voluntad de su sucesor, León X. El pintor abandona la armonía y tonalidades tenues de la otra estancia adquiriendo un estilo mucho más dramático en la composición/elección de los colores. El ejemplo de Miguel- Ángel en la bóveda Sixtina abre unas prespectivas experimentales muy valiosas para Rafael. Además de ensayar sobre las posibilidades expresivas de las torsiones corporales gracias al reciente descubrimiento de “Lacoonte”. Las figuras son más enérgicas y el colorido más rico en densidad y corpóreo en las vestiduras que recuerdan el contacto con la escuela veneciana de Lorenzo Lotto y Sebastiano del Piombo. Quizás el ejemplo más claro sea “El Milagro de Bolsena” (ala sur de la stanza) donde aparece Julio II y su tío Sixto IV en actitud orante frente la reliquia (corporal salpicado con la sangre de Cristo) de aquel milagro que movió a Urbano IV a declara la fiesta del Corpus de forma oficial. El fuerte contrates de luces- sombras está también destinado a potenciar la tensión dramática de las escenas. El tercer fresco fue “La Liberación de San Pedro”, proyectado en la pared norte donde demuestra su habilidad en reproducir/imaginar las escenas má representativas del texto apostólico (basado en los “Hechos de los Apóstoles”, el inicio de la historia de la Iglesia a partir de la Ascensión de Jesucristo, escrito por san Lucas como continuación de su Evangelio). Sus últimas obras son para particulares e iglesias, su último fresco (“Encuentro de Atila y León el Grande”), la decoración de la estancia “Del incendio” y su nombramiento como arquitecto tras la muerte de Bramante que no pudo demostrar. Rafael falleció repentinamente en 1520 a los 37 años...

                                                                                                                                 Narcís Ribot i Trafí 

martes, 7 de abril de 2015

RAFAEL SANZIO (II)


En la entrega anterior vimos como Rafael Sanzio --- junto con Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti forman el terceto para evocar el concepto de Renacimiento aunque hubiesen más artistas --- nació en Urbino comenzando a formarse como pintor con su padre para perfeccionarse en el taller de Perugino en Peruggia. Ya independiente se trasladará a Florencia, indiscutible capital artística de Italia. Fra Bartolomé (también alumno de Perugino) es quien le influyó en un principio: figuras luminosas y vibrantes (la “Virgen Condestable”, proviene de este estilo), majestuosidad refinada de las figuras y sentido glorioso de la composición. Después se cumplió su deseo de estudiar y aprender (y dejarse influenciar) por los grandiosos Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. En el tondo de la “Virgen Terranova” existe algo del estilo leonardesco (relación entre las figuras, armonioso fluir de líneas, inmersión de las figuras en el espacio y fusión de los colores) para  dejarse seducir por el típico sfumato (precioso modelado de una figura emergente de un fondo negro). Rafael es ya un gran pintor (temas religiosos, históricos y mitológicos) y retratista pero aún no ha colmado su ambición de realizar una obra pública.
Ahora, sin abandonar la marca de Leonardo, dirige su mirada hacia Miguel Ángel: dinamismo en el dibujo, el desarrollo de las formas según la geometría de la espiral, el trabajoso contorneo de las figuras y la solidez escultórica de los volúmenes (retrato de Magdalena Donni, los mismos que habían encargado el famoso “Tondo Donni” a Miguel Ángel). Ejemplos de esta época son “Retrato de los duques de Urbino”, “Autorretrato”, “La Grávida”o “La Vírgen del Baldaquino” y el famoso “Descendimiento” que marca el paso de los brillantes años en Florencia hacia la plena madurez artística. Se preparaba ya para su período en las estancias vaticanas.
Desde su elección en 1503 Julio II practicó una contundente política del reforzamiento del Estado Pontificio. Se interesó en mayor medida que sus predecesores por la función propagandísitica de las obras de arte dejando un cierto margen de libertad a los artistas. En 1505 encarga la reconstrucción de la basílica vaticana a Donato d’Angelo Bramante (1443 o 1444- 1514) y su propio monumento funerario a Miguel Ángel. Inicialmente había pensado en un grupo de pintores de fama para decorar las habitaciones del segundo pìso del Palacio Apostólico pero finalmente confió el trabajo a Rafael quien comenzó en la estancia llamada Signatura, biblioteca papal al mismo tiempo que Miguel Ángel levantaba el andamiaje en la Capilla Sixtina para pintar los frescos de la bóveda (1508). El techo de la stanza estaba ya pintado. Rafael la rehizo pero respetando la estructura organizativa (lunetos en forma de medallones geométricos). Hay dos grandes frescos en paredes enfrentadas: “Disputa del Sacramento” y “Escuela de Atenas” y otros dos frescos en los muros donde se encuentran los ventanales: hacia el norte el “Parnaso” y hacia el sur las “Virtudes Cardinales” (Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza). Tres líneas elípticas para los personajes de la “Disputa del Sacramento” en torno a un eje central que alinea los dos grandes misterios cristianos: Eucaristía y Santísima Trinidad mientras que la “Escuela de Atenas” están reunidos los grandes pensadores de la Antigüedad (Euclides representa a Bramante y Heráclito, en actitud pensativa, lleva el rostro de Miguel- Ángel)...

                                                                                                                                 Narcís Ribot i Trafí

viernes, 3 de abril de 2015

RAFAEL SANZIO (I)


                               A pesar de los ambientes cortesanos en donde realizó su arte, pocas noticias de su vida privada sabemos de Rafael Sanzio (1483- 1520). En Urbino (donde nació, 6- abril- 1483), Florencia y Roma, tres capitales del Renacimiento italiano, desenvolvió su vida y su obra.
Su padre, Giovanni, era un pintor bien considerado en la corte de Federico y Guiobaldo de Montefeltro, tenía cierta reputación pero demasiado académico, sin salirse de lo establecido y no solo en esto hay coincidencia entre Rafael y Mozart, el pintor y el músico, dos niños prodigio los cuales desde su precocidad ya mostraban su genio latente en sus respectivas artes. Su madre, Magia di Battista  Ciarla, falleció  en 1491 y tres años después su padre aunque este se dio cuenta del  talento del niño y le había enseñado los rudimentos de la pintura. Bajo la tutela de fra Bartolomé, tío paterno, conocerá a Timoteo Vitti quien le influirá, trasladándose después a Peruggia para trabajar y perfeccionarse en el taller del pintor Pietro di Cristoforo Vennucci, llamado “Il Perugino”, aprendiendo con él las complejas técnicas pictóricas de finales del siglo XV, desde la preparación de los pigmentos y del soporte hasta la disposición del óleo (método importado de Flandes desde hacía poco que ofrecía mayores efectos de transparencia). Paralelamente ensayará continuamente con el dibujo, método de expresión más natural para él. Rafael siempre estudió las obras de sus colegas para sacar el mayor provecho posible, no copió, no fue epígono de nadie ni ecléctico despersonalizado pero si se basó en otros para crear su estilo personal (otra vez la concordancia con Mozart).
De Perugino (1448- 1523) aprendió y mejoró: la habilidad para fragmentar la superficie, la figuración del paisaje y su tierna relación con los personajes así como la exquisita y emotiva expresión (especialmente de sus Madonas), compartiendo el gusto decorativo de su compañero Bernardino di Betto di Baigio, conocido como Pinturicchio (1454- 1513).
A los 17 años abandonó el taller siendo ya un consumado maestro. En esta 1ª etapa que engloba su formación en Urbino y el período “peruginesco” da sus primeras obras autónomas: “Natividad de la Virgen” (panel) donde destaca la inserción de figuras en el espacio, el panel procesional “Estandarte de la Trinidad” pintado por ambos lados, el retablo “Coronación de la Virgen” o la espléndida “Crucifixión” donde empleó los colores más umbrios de su carrera aunque la obra maestra de este tiempo será “Los desposorios de la Vírgen”, basada en un retablo de Perugino, donde entre otros puntos destaca la precisa distribución entre las figuras, influencia claramente arquitectónica nada artificiosa (Rafael fue también arquitecto). La 2ª etapa coincide con su estancia en Florencia (1504- 1508). Allí tuvo la oportunidad de estudiar pacientemente la obra de los grandes Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti. Una ligera influencia leonardesca es el tondo de “La Vírgen Terranova”: un armonioso fluctuar de líneas y relación establecida entre las figuras. Vendrán después “Vírgen del Gran Duque” y “Vírgen Cowper”, donde enriquece las figuras con delicadas vibraciones luminosas difuminantes del color ...

                                                                                                                                Narcís Ribot i Trafí

lunes, 30 de marzo de 2015

LEONARDO EN SU APORTACIÓN PICTÓRICA (III)


                               1482: Leonardo se instala en Milán al servicio de Leudovico el Moro. Allí ejerce de maestro de obras en trabajos hidráulicos y de bonificación, aparte de proyectos arquitectónicos, de urbanismo y de máquinas para fiestas en la corte. También es el período de mayor actividad pictórica que le procurará total renombre. Su primera obra es la “Virgen de las Rocas” (1483- 1486, Museo del Louvre), en la iglesia de San Francesco Grande. Estaba destinado a un retablo de madera en el panel central mientras los hermanos De Predis pintaban los laterales con ángeles- músicos. Esta tela fue regalada a Luis XII de Francia a causa de un litigio. Diez años después Leonardo elaboró una segunda versión de “La Virgen de las Rocas” (National Gallery Londres) con algunas diferencias: 1) las aureolas de los cuatro personajes (La Virgen, el Niño, Juan Bautista niño y el ángel Uriel), 2) ahora el pequeño Juan lleva una cruz de caña, 3) los vestidos más pesados en la 1ª versión son aquí livianos, transparentando las formas, 4) las rocas, espacio ambiental en ambas, son pintadas de forma más plástica en la 2ª versión aunque no más realista, 5) la luz resbala sobre ellas originando penumbras húmedas de rocío (1ª versión) ahora crea fuertes contrastes de claroscuro sin usar el sfumato, 6) el ángel sonríe al público (1er. cuadro), ahora ensimismado (2º cuadro) y 7) la carnación de los niños es menos tierna.
La Santa Cena” (1495- 1498), pintada en la pared del refectorio dominico (Santa Maria della Grazie) es la obra universal --- pese al deterioro y a las inadecuadas restauraciones --- de Leonardo. No es  el momento de la institución eucarística sino el anuncio de la traición de Judas. Distribuye los 12 apóstoles en grupos de tres, intensificando el dramatismo del momento.
Que Leonardo fue un gran retratista lo reafirman “Retrato de un músico”, “Dama con armiño” o “Ginevra Benci”: dignidad de actitudes, nitidez de formas, superación del formalismo celebrativo quattrocentista, ect.
Virgen con el Niño y Santa Ana” pintada en Florencia (1510) representa a María sentada en las rodillas de su madre santa Ana a punto de recoger al niño que a su vez sostiene un corderito --- símbolo del futuro sacrificio --- rodeados de vapores azulados, un árbol y un cerco de montañas (bellísimos detalles pictóricos) es un cartón nunca traducido en pintura aunque con estructura autónoma, no versión ni derivación de otras. La obra quedó inconclusa (tiempo en que Leonardo estaba muy preocupado por las matemáticas y otros asuntos  entre los cuales podría ser la realización de “La Gioconda”, de la misma época) y otro pintor efectuó la figura del corderito, con seguridad delineada en un principio con un color neutro.
Santa Ana” está dibujada al carbón unos años antes. “La Gioconda” o “Monna Lisa” (1503- 1515) sencillamente es el retrato más famoso del mundo. Del rostro y las manos se han hecho innumerables comentarios y la ejemplar aplicación  del sfumato tiene en “San Juan Bautista” (1513- 1516) otra magistral lección de modelado que anticipa el tenebrismo de Caravaggio.

                                                                                                                   Narcís Ribot i Trafí 

jueves, 26 de marzo de 2015

LEONARDO DA VINCI EN SU APORTACIÓN PICTÓRICA (II)


                En la anterior entrega brevemente enumeramos los componentes del original estilo del gran Leonardo da Vinci (1452- 1519). Empezó en el taller de Andrea del Verrocchio (1435- 1488) durante once años (1467- 1478) compartiendo discipulado con Perugino, Botticheli y Pinturicchio entre otros. Siempre gozó de la fama (justamente) de ser uno de los más grandes artistas de todos los tiempos a pesar del escaso número de obras pictóricas (una veintena), algunas deterioradas, llevando su afán experimental a los materiales utilizados en tenaz resistencia a emplear el fresco tradicional (1).
La primera obra en la cual colaboró de la que tenemos noticia no es, precisamente, de pintura: el gran arquitecto Filippo Brunelleschi (1377- 1446) encargó a Andrea del Verrocchio  la grandiosa esfera de cobre dorado que debía coronar la gradiosa cúpula de Santa María de Fiore y sostener la cruz. Fue izada a los sones de un tedeum el 27- mayo – 1471.
En la “Anunciación”, una de sus primeras pinturas, ya demuestra su inquietud científica- analista  estudiando paños que cayeran en pliegues, apareciendo ya sus innovaciones sobre prespectiva y contorno.
Nunca hemos de olvidar la ingente cantidad de dibujos, algunos puramente científicos y otros preparatorios del trabajo pictórico que nos ofrecen importantísima información.
Es muy interesante el cuadro de Verrocchio, en su mayor parte, “El Bautismo de Cristo”, diferencia entre las concepciones clásicas quattrocentistas y la personalidad artística de Leonardo. El ángel de la izquierda que sostiene las vestiduras es de Leonardo (giro del tronco al revés de la cabeza, además de la carnación y los suaves matices), el paisaje retocado también por Leonardo (montañas de perfil accidentado, escarpadas rocas y agua muy clara lo cual da la impresión de extenderse de forma natural por todo el cuadro), como el mismo Jesús arreglado al óleo por el aún alumno sobre el temple (2) del profesor.
Siempre investigación y ciencia para desarrollar una idea normativa de la pintura como fueron dos obras inacabadas por su partida hacia Milán: “San Jerónimo” (1480) y “La Adoración de los Reyes” (1481), donde Leonardo plasmó por vez primera una composición planteada desde la ley del marco y superficie, articulada mediante la ordenación geométrica de la superficie y la relación con el formato del cuadro, actuando además como coordinantes las miradas, los gestos y las actitudes al igual que su futura “La Cena”, mientras el valor simbólico parte del cruce de diagonales en la cabeza de la Virgen, forjada con la sonrisa y el sfumato que responden a los arquetipos leonardescos.
La Virgen con con el Niño y un jarrón” (1495) conlleva evidentes convenciones (el rostro de la Virgen) e innovaciones (cuidadosos pliegues de ropajes, paisajes de fondo). “La Madonna Benois” y “Retrato de Ginevra de Benci” también son de la mismo período. Su época en Milán (“La Vírgen de las Rocas”, “La Cena”) y en Florencia (“Batalla de Angiare”, “La Gioconda”) las veremos, Dios mediante, en la próxima entrega con aires de folletón artístico...
                                                                                                                              Narcís Ribot i Trafí

1)- PINTURA AL FRESCO- Técnica para pintar paredes y techos en la cual se emplean colores disueltos en agua de cal extendidos sobre una capa de estuco fresco especialmente preparado.
2)- PINTURA AL TEMPLE- La técnica de la pintura al temple o témpera consiste en el agua como disolvente del pigmento mientras el aglutinante (llamado también temple o engrosador) es algún tipo de grasa animal, huevo, caseína, glicerina y otras materias orgánicas y goma.

sábado, 21 de marzo de 2015

LEONARDO DA VINCI EN SU APORTACIÓN PICTÓRICA


                   Leonardo (Leonardo di ser Piero da Vinci) nació en Vinci (Toscana), pueblo cercano a Florencia (1452, y falleció en Francia, 1519, tenía, pues, 67 años) unos 20 años antes que Miguel Ángel y 30 antes que Rafael, triada con la cual se identifica habitualmente el concepto de Renacimiento. El padre de Leonardo, ser Piero, procedía de una distinguida familia florentina dedicada, desde generaciones, a la profesión de notario. La madre, Caterina, procedía del campo, tuvo a su hijo fuera del matrimonio y lo entregó a la familia del padre. Ser Piero no tenía hijos de su primera esposa, se casó cuatro veces y solo tuvo más vástagos con sus dos últimas esposas, once en total. Siempre reconoció y quiso a Leonardo, descubriendo, además, sus dotes artístico- científicas para presentar el futuro pintor- escultor- arquitecto, ingeniero e inventor al prestigioso pintor- escultor Andrea del Verrocchio (probablemente en 1467). Allí realizó su aprendizaje hasta 1482 recordando que diez años antes (1472) había sido admitido en el gremio de pintores de San Lucas (Florencia), suponiéndole cierta independencia profesional.
Apasionado estudioso de la naturaleza, observó/estudió el comportamiento de la luz y sus efectos sobre la figura y el paisaje siendo el primer artista que fusionó figura humana y paisaje.
Leonardo aparece como un “quattrocentista” puro aunque estudia la figura humana más profundamente que estos. Ama la naturaleza en todas sus formas y su pensamiento abstracto y científico lejos de alejarle de su imaginación/inspiración artística lo aúna inseparablemente aunque la ciencia robe tiempo al arte y viceversa.
Pocas obras de pintura nos dejó --- y más en comparación con otros maestros ---al contrario de dibujos, demostrando un talento extraordinario, una meticulosidad personal y unos movimientos con breves y enérgicos trazos los cuales evidencian seguridad y también placer al dibujar. El motivo de la escasa producción pictórica debemos buscarlo en la dedicación a sus múltiples facetas y al carácter inquieto e impaciente del artista (algunas de sus obras quedaron inacabadas). A pesar de todo fue uno de los grandes innovadores de la pintura del Renacimiento y de todos los tiempos.
Los pintores del “quattrocento” adaptaron su visión de la realidad a las reglas geométricas de la perspectiva lineal. Los buenos efectos estaban producidos por cuerpos geométricos situados en ambientes arquitectónicos. Leonardo aportó el elemento atmosférico que ofrecía mayor profundidad. Este componente intangible, mixtura de aire, luz, color y humedad, actúa de manera evidente en el espacio abierto y natural. Colocó sus figuras en el paisaje o delante de ventanas abiertas y creó, además, la perspectiva aérea, o sea el efecto ilusorio de la profundidad ambiental a través del uso de la sombra y de la luz y la gradación en claroscuro desde los primeros hasta los últimos planos de la imagen.
El  SFUMATO es el elemento expresivo más peculiar del estilo leonardesco: consiste en proporcionar un delicado relieve plástico a los cuerpos mediante mediante el paso gradual de la luz a la sombra y la eliminación de contornos bruscos para difuminarlos en la atmósfera.
También su mensaje será más polivalente. Así expresa su visión artística donde el hombre/la naturaleza y lo sagrado/profano forman total unidad.

                                                                                                                                Narcís Ribot i Trafí