viernes, 30 de agosto de 2013

WAGNER EN EL CINE


Richard Wilhelm Wagner (1813- 1883) no fue simplemente un músico sino un dramaturgo- músico. Su idea era fundir, conjuntar el poema dramático y la música; así, engastados mutuamente y además fue un pensador en el campo de la estética y un teórico del arte. Al igual que su admirado  Ludwig van Beethoven, Wagner buscaba lo sublime, la necesidad de superarse a sí mismo en un ideal de abnegación y sacrificio, la lucha del héroe con el destino  para dominarlo y suscitar el advenimiento de un mundo mejor (“Parsifal”, la tetralogía del “Anillo del Nibelungo” compuesta por “El Oro del Rin”, “La Valkiria”, “Sigfrido” y “El Ocaso de los Dioses”). Los autores de ópera anteriores a Wagner habían utilizado la música de forma instintiva, a veces sin profundidad en la conexión con lo visual, colocando muchas veces al azar atractivas melodías mientras nuestro hombre ubicó los motivos correspondientes a cada situación o personaje: todo está en función de la obra incluyendo el ballet usado en ocasiones (“Rienzi”, “Tanhauser”) pero jamás como simple ornamentación.
Recordemos  los diversos compositores barrocos y pre barrocos  tienen grandes obras, después Wolfgang Amadeus Mozart escribió óperas famosas, Beethoven compuso solo una, “Fidelio” (1805), y juró no hacer ninguna más --- pese al éxito --- por las dificultades que encontró, Franz Schubert (por cuya música he sentido siempre gran debilidad) compuso unas cuantas óperas sin estrenar ninguna: “Alfonso y Estrella”,Fierrabas” (óperas), “El estudiante de Salamanca” (opereta) o “Rosamunda” (música incidental), en resumen argumentos  bastante descuidados y algunos deleznables, música maravillosa… Compositores como Felix Mendelssohn (“Las bodas de Camacho”), Franz Listz (“Don Sancho”) o Robert A. Schumann (“Genoveva”), pese a buenos momentos se acercaron a la ópera solo de forma accidental mientras otro de los grandes, Brahms, jamás elaboró ninguna. Italia, tierra privilegiada musicalmente y en otros aspectos, nos dio notables y grandes especialistas: Gaetano Donizetti, Vicenzo Bellini, Gioachino Rossini, Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini para citar solo los más destacables. A primera mitad del siglo XIX en Alemania la ópera ya se basaba en pensamientos e ideales de filósofos y poetas, muchas veces de temática sobrenatural destacando el compositor Carl María Von Weber (1786- 1826) con su obra más conocida, “El cazador furtivo” que, pasando por Heinrich Marscher (1795- 1861) y Giacomo Meyerbeer (1791- 1864) llegamos al renovador total Richard Wagner con sus primeras obras de estilo claramente romántico para después innovar la música y el escenario como jamás se había visto. El pensamiento de Wagner es el “drama musical” --- y así se denominarán sus obras de este segundo período --- ubicado siempre en el romanticismo musical. 1) Busca la fusión de todas las artes y sus componentes (poesía, escenografía, música, trama), 2) la melodía “sin fin” solo cambiante por un fraseo regular imprimiendo cadencias claras para señalar más dramatismo a la obra, 3) el “leitmotiv”, para representar hechos, situaciones, personajes… 4) la obra desarrollada “hasta el infinito”, varias tienen una duración de más de cinco horas, 5) música al servicio del drama escénico con papel relevante y principal de la orquesta en función propedéutica de la acción y su desarrollo.
Resulta curioso que fuera la obra de Wagner la introductora, en mi caso, en el mundo de la música clásica y de la ópera, consideradas obras “difíciles”, nunca o casi nunca recomendada como introducción para principiantes (en el estudio de la música o simplemente para los aficionados). De ello hace ya más de treinta años y al poco descubrí la influencia wagneriana en otros músicos --- no compositores de ópera --- admiradores del artista alemán (en cuyas obras “algo hay” que nos recuerda a Wagner aunque fuera de género totalmente distinto) como Anton Bruckner (su sinfonía 3 está dedicada y lleva el sobrenombre de sinfonía “Wagner”) o Gustav Mahler sin que por ello deje de admirar la obra de Johannes Brahms en la cual se refugiaron algunos detractores wagnerianos (también me gustan las óperas de Verdi, Mozart, Puccini, Richard Strauss, éste con influencias wagnerianas en la primera parte de su carrera) y muchos más pero Wagner por su originalidad temática, escénica y cromática es mi preferido.
Una docena de años después de la muerte de Wagner apareció un invento llamado cinematógrafo (1895), en un principio considerado una curiosidad de barraca de feria y, desde luego, despreciado por muchos. Luego se asentaría convirtiéndose en el 7º Arte (después de literatura, música, danza, arquitectura, pintura y escultura; así, sin orden). En verdad si Wagner hubiera conocido el cine lo hubiese utilizado en función de su ideal de fusión de las artes. Con las técnicas de hoy en día de efectos especiales (frecuentemente usadas, por desgracia, como finalidad de la obra y no como medio) podríamos imaginar escenas totalmente maravillosas como el viaje eterno del “Holandés errante”/”Buque fantasma”, el viaje por arte de magia de Venusberg al valle cercano al castillo de Wartburgo (“Tanhauser”), la totalidad del desenlace de “Lohengrin”, la lucha contra el dragón (“Sigfrido”), la lanza suspendida en el aire de “Parsifal”, los dioses subiendo al cielo por el arco iris o el Walhalla incendiado (final de la Tetralogía, “El ocaso de los dioses”) y muchas otras.
En agosto de 1980 apareció el nº 74 de la revista barcelonesa “Monsalvat”, dedicada a la música clásica (cayó en mis manos cuatro años después), constituyendo un monográfico sobre “Wagner en el cine”, además de hablar también de la influencia del compositor en diversas artes (aparte de ello solo recordar el retrato de Wagner realizado por aquel insigne impresionista Auguste- Pierre Renoir y también que el gran arquitecto catalán Antoni Gaudí era otro eminente wagneriano) el cual me sirvió para elaborar una esquemática relación de películas sobre la figura de Wagner y alguno de sus temas tocados por el cine. También es válido ahora con el lógico añadido de dos o tres cintas más. Se han realizado varios films biográficos o sobre temas wagnerianos aunque no podamos hablar de directores o actores especializados en Wagner.
Una sorpresa para mí fue la cinta biográfica que abre las adaptaciones, “Richard Wagner” (1912), de nacionalidad alemana y dirigida por Karl Froelich para conmemorar el centenario del nacimiento del músico. El Dr. Giuseppe Becca interpretaba a Wagner con un físico muy similar y la película costó unos 60.000 marcos, una cifra astronómica para su época. Con firme precisión narra los acontecimientos fundamentales de la vida del compositor, entre ellos la “Insurrección de Dresden” (1849) reprimida por el rey Federico Augusto II de Sajonia con el apoyo de Prusia y en donde Wagner, comprometido con el movimiento anarquista de Mikhail Bakunin, se vio obligado a exilarse durante un tiempo mientras su persona y su música eran repudiadas y marginadas.
Me parece obligatorio hablar, aunque sea brevemente, de “Los nibelungos” de Fritz Lang (1924) a pesar de no ser una película donde aparezca la figura de Wagner pero si de los personajes usados por él en la “tetralogía” del “Anillo del nibelungo”. Es lógica la concomitancia de héroes y protagonistas entre la tetralogía wagneriana y el film “Die Nibelungen” (“Los nibelungos”, Alemania), del gran realizador Friedrich Christian Anton Lang, más conocido como Fritz Lang (Viena, 1890 – Los Ángeles, 1976). El guión de la película es del propio Lang y su esposa Thea von Harbou (recordemos, entre otros, el guión de “Metrópolis”) y mientras ella se afiliaba al partido nacionalsocialista el realizador se exilaba de Alemania hasta aposentarse en Estados Unidos. La película está inspirada en “Nibelungenlied” (“El cantar de los nibelungos”), poema épico medieval germánico (siglo XIII) y anónimo que, como muy bien dijo Salvador Sainz, es el equivalente del “Cantar del mío Cid” en España o “El cantar de Roldán” en Francia. En él ya se había basado Friedrich Hebbel en la composición de su trilogía para el teatro: “Siegfried, el de la piel de cuerno” (prólogo en único acto), “La muerte de Siegfried” (en cinco actos) y “La venganza de Kriemhild” (igualmente representada en cinco actos). Wagner también se basó en los mismos fundamentos pero más parcialmente ya que añadió y lo mezclo con leyendas de las sagas nórdicas. Como dato anecdótico señalemos que “Los Nibelungos” de Lang está dividida en dos partes, la primera es “La muerte de Sigfrido”, más dinámica y fantástica, fue promocionada y ensalzada por el régimen nazi mientas que la segunda, “La venganza de Krimilda”, fue prohibida (recordemos la aversión sentida por el realizador sobre el partido y la ideología instalada en su país ya que prácticamente era lo mismo Austria que Alemania). Al final de su admirable carrera cinematográfica el realizador nos dará otra maravilla en forma díptica filmada también en Alemania: “El tigre de Esnapur” y “La tumba india”. Con las mismas divisiones de la obra de Lang hay un remake --- dos películas, también alemanas, de Harald Reinl (1966-68) --- bastante visibles aunque con un Sigfrido bastante apagado, una Brunilda morena y, lo más importante y más grave, la música no es de Wagner.
Volviendo a la figura del compositor alemán veremos en 1954 el film estadounidense de William Dieterle “The Magic Fire” (“Fuego mágico”). Es una película sobre nuestro músico sin respuesta comercial ni crítica en su país; en Europa la crítica fue más positiva al igual que la recaudación. La Republic Pictures, productora de la cinta, había realizado westerns en Trucolor --- recordemos aquella obra maestra de Nicholas Ray titulada “Johnny Guitar” ---  como excepción filmó esta biografía con el mismo sistema. El rodaje se realizó en Alemania en localizaciones como el castillo de Neuschwanstein, en Füssen (empezado a construir por Luis II de Baviera en 1869 y terminado en 1886) o el domicilio de la familia Wasendonck en Suiza, hoy convertido en museo, entre otros enclaves interesantes, corriendo la música a cargo de Erich Wolfgang Korngold y Hans Richter, director de algunas obras wagnerianas en el Festival de Bayreuth (iniciado anualmente a partir de 1876). Se trata de un film difícil de ver, quizás no tan “maldito” como la película de Robert Wise de 1945, “A Game of Death”, remake del clásico “El malvado Zaroff” (1932) o el “Parsifal” del wagneriano catalán Daniel Mangrané (1951) pero que uno desearía hallar y hasta el momento nada… Por los pasajes sueltos que he podido visionar posiblemente no sea un film compacto pero algún fragmento desparramado tiene la calidad esperada de un director como Dieterle. A destacar la interpretación de Alan Badel como Wagner y Rita Gam (Cósima Listz, futura amante y esposa de Wagner), apareciendo también nuestro entrañable Peter Cushing en el rol de Otto Wasendonck, esposo de Mathilde. Acusan a la película de no ser seria, de no profundizar la relación del compositor con su mecenas, el rey Luis II de Baviera o también de no hacer mención de los hijos de Wagner y Cósima (Eva, Isolde, Siegfried). Puede ser cierto pero hay otros films sobre el tema que siempre obvian estos y otros aspectos y desde el punto de vista de las mujeres con las cuales convivió: Minna Planner (Yvonne De Carlo), Mathilde Wasendonck (Valentina Cortese) y Cósima Listz (Rita Gam), casada primero con Hans von Bulow (Erik Schumann), director de orquesta wagneriano y gran amigo de  Franz Listz (Carlos Thompson). En cambio si se narra el enfado de Listz con Wagner y su hija Cósima que duró cuatro años hasta una posterior reconciliación (siempre protegió, en todos los sentidos, a Wagner pero no le quería como yerno, prefería a von Bulow quien había sido su alumno).
Hubo una serie inglesa para TV (en principio se proponía una película de larga duración para salas) de Tony Palmer, “Wagner” (1983) bien ambientada y excelentemente interpretada donde se describen 50 años de la vida del compositor: Richard Burton es Wagner, Vanessa Redgrave es Cósima Listz, reuniendo también a monstruos sagrados de la interpretación como sir Laurence Olivier, sir John Gielgud y sir Ralph Richardson. La música de Wagner (lo agradecemos) ambientadora de la filmación no podía ser mejor dirigida: sir George Solti. A pesar de ello el guión es dubitativo  y carece de consistencia en ocasiones y la música parece colocada al azar sin pensar cual conviene en cada escena. Todo ello hace la narración sea reiterativa. Una muestra de la indocumentación es cuando se pronuncia la palabra “nacionalsocialismo” en uno de los capítulos: cuando murió Wagner (1883) este término no existía aún, Adolf Hitler nació en 1889 y el partido nazi tomó el poder en Alemania en 1933. Es necesario decir que la obra de Wagner (y en especial la tetralogía) es todo lo contrario de la apoteosis nacionalista germana, aunque ya los guillerministas kaiserianos, antes, y después los nacionalsocialistas se apoderaron de ella, debidamente manipulada, para sus mezquinos fines (evidentemente silenciaron o no recordaban su pasado tras la barricadas, su relación con Bakunin y Roeckel y la revolución de Dresde en 1848). A pesar de todo la serie se puede visionar.
“Wahnfriend” (“Richard y Cósima”), de Peter Patzak (1987) es el último biográfico que conozco. Se narra a partir de la relación amorosa entre Wagner y la hija de su amigo Listz (el suegro solo tenía dos años más que el yerno) con la presencia de un amigo el cual posteriormente rompió con el compositor: el pensador Frederic Nietzche. No se profundiza ni analiza el porqué de la rotura y en la película, una vez más bien ambientada, el guión hace desarrollar general y tediosamente la acción según los pensamientos e ideas de Nietzche. Si en la serie de Tony Palmer, Liszt  era presentado como un pobre hombre, algo bobo, aquí, en su primera parte, aparece como un molesto inoportuno. Recordemos que Wagner confesó que se lo debía todo a Franz Liszt (alguien, en un escrito lo tachó de “villano palaciego”, cuando el compositor húngaro era un hombre afable y bondadoso que siempre ayudó a sus colegas, algo no siempre reconocido). Otra oportunidad perdida de mostrar la vida de Wagner y como produjo aquella música sin par; nos quedamos con una película más la cual sin ser mala es muy discutible.
Hay algún film donde Wagner aparece como personaje secundario que tiene su importancia. Si nos ceñimos al protagonismo del rey Luis II de Baviera hemos de citar la canónica “Ludwig” (“Luis II de Baviera, el rey loco”), donde Luchino Visconti (1972) consigue una obra de precisión estilística en buena fusión argumental apoyado por su inspiración y el excelente manejo de actores: Helmut Berger  (rey Luis II), Trevor  Howard (Wagner) y Romy Schneieder repitiendo su rol de Sissí aunque en un registro totalmente diferente. La película de Visconti tiene un precedente, “Ludwig” (“El rey loco”), de Helmut Kautner (Alemania, 1954) difícil de visionar y, por testigos, sencillamente magnífica,  totalmente al revés de “Ludwig, Requiem für Einen Jungfraülichen Köning” (“Ludwig: Réquiem por un rey virgen”) escrita y dirigida por Hans- Jürgen Syberberg (1972), película fragmentada y deshilvanada aunque goza de cierta popularidad extracinematográfica por la entrevista del realizador a Winifred Wagner (nuera de Richard, esposa de su hijo Siegfried, con la cual nunca coincidió ya que nació 14 años después de la muerte del compositor).
Tengo en estima “Song without End” (“Sueño de amor”), de Charles Vidor (1960), fallecido durante el rodaje por lo cual el film se completó a cargo de George Cukor. Es una parte de la vida de Franz Liszt (magnífico Dirk Bogarde) donde Wagner (Lyndon Brook) aparece brevemente en tres ocasiones, la última le pide dinero para poder huir a Suiza perseguido por una sociedad musical que le ha negado un clarinete y él ha roto el contrato y, además, le entrega la partitura de “Lohengrin”. Charles Vidor tiene otro biopic musical: “A song to Remember” (“Canción inolvidable”, 1945), sobre Frederic Chopin, bien conseguido.
También Ken Russell, especialista en películas “etílicas” (podrían denominarse así) por lanzar la cámara al aire sin ton ni son dará aporte al tema: “Mahler” (“Una sombra en el pasado”, 1974) narra la historia (“sui generis”, por supuesto) de aquel compositor (judío) ferviente wagneriano: veremos una Cósima joven-Walkiria- con atuendo (escaso) nazi la cual subyuga en relación sadomasoquista al joven Mahler. Si “Una sombra en el pasado” es grotesca (los fragmentos musicales de Mahler, lo único destacable), lo perpetrado un año después por Russell, aparte de ser una mamarrachada pura, también es aberrante: “Lisztomania(“Lisztomania”), donde se identifica --- otra vez --- a Wagner con el régimen nazi,  representando el mal dentro de la música mientras Liszt encarna al bien dentro de la música (Wagner incluso copia partituras de su suegro). Al tomar los hábitos (aunque nunca fue sacerdote) el compositor húngaro desea realizar un exorcismo sobre su yerno que, al morir, su espíritu se reencarna en un zombi- nazi…
No siempre ha hecho justicia el cine a Wagner y a su música pero si tenemos cintas destacables. Se cumple el segundo centenario del nacimiento del compositor. En algunas localidades se ha recordado su obra en festivales y muestras (aunque solo sea en breves fragmentos musicales) mientras que en otras las palabras “cultura” o “sensibilidad” les van anchas a determinados políticos ocupantes de la “cartera cultural”, solo capaces de promover sainetes populacheros, ruidosos, vulgares, groseros,  gargantuescos  y de sal gorda para intentar arañar votos de donde sea. Si algún partido político intenta (y casi consigue) hundir los valores también lo hace con la cultura, la cual es otro gran valor, solo protegen y subvencionan (cuando están en el poder) “la suya”, por supuesto: si algún artista milita en su formación será siempre mejor que otro que no lo haga y este último se procurará hacerle caer en la sima del olvido (el lamentable estado del actual cine español, p. e., donde películas de “amiguetes” adictos recibían apoyo económico aunque hubiera casos en que el film no llegara a estrenarse por no gustar a nadie y porqué nadie iría a verlo). Y así estamos…
                                                                   
                                                        Narcís Ribot i Trafí


jueves, 8 de agosto de 2013

RECORDANDO A FREDDIE FRANCIS


Podríamos decir que, por méritos propios, deviene Freddie Francis (Londres, 1917- Isleworth, 2007) el más importante ecléctico (junto al más creativo y personal Roy Ward Baker) de la Segunda Edad de Oro del fantástico británico inaugurada por el gran Terence Fisher. En su juventud Frederick William Francis estudió ingeniería pero a él le gustaba el cine, especialmente la fotografía, entrando como aprendiz en 1934 con el pseudónimo de Louis Prothero. Después de la guerra, donde filmó documentales, se revela como uno de los mejores fotógrafos de la cinematografía europea al servicio de realizadores como Jack Cardiff, John Huston, Joseph Losey, etc., llegando a ganar un Oscar por “Sons and Lovers” (“Hijos y amantes, 1960), de Jack Cardiff. Recordemos otras películas destacables donde contribuyó Francis con su siempre acertada fotografía: “Suspense”, “La mujer del teniente francés”, “El hombre elefante”,  etc.
Logra pasar a la dirección en 1961 con “Two and Two Make Six” y por diversas circunstancias se especializa en el género fantástico aunque él declare siempre que no le interesa el género. Realizará la obra encargada de la mejor forma posible como buen conocedor de la técnica cinematográfica para cobrar su paga. Estamos ante un ilustrador  de historias fantásticas (en ocasiones muy interesante) no un creador como lo fue Terence Fisher. Hace años me sorprendió un título cuando pensaba que ya no rodaría más películas: “The Dr. And the Devils” (“El Dr. y los diablos”, 1985), según la obra de Robert L. Stevenson de la cual Robert Wise había dado una versión entre correcta y discreta para Val Lewton y John Gilling otra de excelente para Tempeam (Robert S. Baker & Monthy Berman) con Peter Cushing. La sorpresa continúa ya que el film fue producido por Mel Brooks que, después de tanto bodrio e insulto al cine cómico se redime mostrándose como eficaz productor (también subvencionó “La mosca” de David Cronenberg, uno de los fantásticos más logrados de los 80) y, por lo visto, sin inmiscuirse en la labor de los realizadores como hacen algunos otros. Desgraciadamente el film no obtuvo la deseada respuesta en taquilla.
Su eclecticismo parece conferirle una falta de método en los rodajes y, sin embargo, sus logros son apreciables para el buen aficionado, como se dijo son atonales, no hay la inteligencia ni la profundidad de Fisher quien va más allá de lo anotado en la partitura y sin embargo su “fantastique” tiene un algo, un impacto extraño y eficaz para un realizador que se limita a narrar sin la reflexión fisheriana pero con eficacia en muchas ocasiones. Varios de sus films obtuvieron éxito comercial y gracias a ello y a su solvencia y habilidad técnica, como industrioso del cine, aparte de Gran Bretaña trabajará en Alemania (“Vengeance” según la novela de Curt Siodmak) y en España en su última época, se deberá tanto a la mítica Hammer (“Evil of Frankenstein”, “El alucinante mundo de los Ashby”) como Amicus (“La maldición de la calavera”, “El psicópata”), Tigon (“The Creeping Flesh”, donde se reúnen una vez más Christopher Lee y Peter Cushing), producciones de Herman J. Cohen (“Trog”, “Locura”, con Jack Palance, extraña cinta que uno desearía repetir su visión) y Tyburn (“The Ghoul” y “Legend of the werewolf”), productora fundada por su hijo Kevin Francis de vida más bien efímera.
Otro punto importante en la carrera de Francis son los guiones, la mayoría atractivos y acertados. Si esto se cumple puede conseguir hallazgos apreciables y no como Terence Fisher el cual a veces se encuentra escritos normalitos y no tan esforzados como otros (“La momia”, “The Man who Could Cheat the death”) y mediante su puesta escena eleva el film a muchos quilates por encima de lo planteado. Francis --- ya lo hemos dicho --- es sencillamente un buen (lo digo con toda convicción) ilustrador/narrador.
Su irrupción en la Hammer de los Carreras/Hinds se divide en dos partes: 1) sus tres films etiquetados como “terror psicológico” y 2) la prolongación de las series de los dos personajes- estrella, Drácula y Frankenstein. 1) El hábil Jimmy Sangster (fallecido recientemente) elaborará todos los guiones colocando sorpresas, maquinaciones maquiavélicas y criminales, sustos y golpes de efecto en esta colección de películas de terror no monstruoso: “El sabor del miedo”, magnífica y ejemplar cinta de Seth Holt (1961), seguida de “Maniac” (1963) del productor y realizador Michael Carreras --- mejor en su primera faceta que dirigiendo aunque el film se pueda ver --- inédita comercialmente aquí aunque visible en soporte DVD con el título de “Venganza diabólica”. A continuación vienen los tres films de Freddie Francis, un poco más compactos que el de Carreras: “Paranoiac” (“El alucinante mundo de los Ashby”, 1963), “Nighmare” (“El abismo del miedo”, 1964), pudiendo añadir “Fanatic” (“The espera la muerte, querida”, 1965), de Silvio Narizzano --- recuerdo en mi infancia el abandono de la sala de cine en la proyección de “El abismo del miedo” al no poder resistir el terror químicamente puro emanante de sus imágenes, especialmente al principio --- e “Hysteria” (1964), inédita aquí aunque pude visionarla en vídeo en inglés. Todos estos films están fotografiados en un sobrio blanco/negro y,   sin ninguna duda, el de Holt es el mejor de la serie junto con otra realización del mismo estilo con guión del mismo Sangster, también para Hammer,  de este director israelita desaparecido prematuramente en 1971: “The Nanny” (“A merced del odio”, 1965), con Bette Davis. Más adelante el guionista Jimmy Sangster se pasará a la realización de forma no tan sólida ni segura como compositor de libretos y dentro de Hammer nos dará “Fear in the Night” (“Miedo en la noche”, 1972), ahora ya en color, con Peter Cushing, Joan Collins y Ralph Bates.
2) Su aportación a los mitos clásicos, sabiamente iniciadas por Terence Fisher, es bastante notoria (aunque algunos lo consideren el inicio de la decadencia de Hammer), ya sea volviendo a la imaginería Universal (“Evil of Frankenstein”, 1964) --- inédita aquí pero vista en algún Festival de Sitges y en algún Vídeo o DVD de importación --- es un film catálogo: homenaje de los antiguos films donde el monstruo arrebata el protagonismo al profesor (a la inversa de Fisher), incluso el maquillaje de Roy Asthon (cabeza como una “caja de zapatos”, como se dijo) intenta acercase a la clásica iconografía karlofiana/pierciana de Universal, un émulo de Igor que se apodera de la voluntad del engendro para sus fines, el monstruo conservado en hielo al principio y el fuego purificador que consume creador y criatura al final de esta película visionada con agrado. Ahora el guión es del productor Anthony Hinds con el pseudónimo de John Elder, no tan nítido como Jimmy Sangster pero siempre oferente de varios puntos de interés en algunos de sus escritos mientas que en otros se acomoda a la pura rutina con la mirada puesta en la taquilla. Esto sucedió plenamente con “Dracula Has Risen from the Grave” (“Dracula vuelve de la tumba”, 1968), uno de  los mejores films de Francis correspondiente a uno de los mejores escritos de John Elder. La sangre es señalada ahora directamente como motor de vida y deseo sexual y los hallazgos de las interacciones Drácula- Iglesia estaban ya presentes en el anterior capítulo de Terence Fisher, “Drácula, príncipe de las tinieblas”, 1965, aunque de forma no tan absoluta. Un buen trabajo de Francis --- ambiente, fotografía, la exacerbada iluminación en determinadas escenas, especialmente cuando el vampiro hace su aparición --- (quizás sobrevalorado en algunos ambientes y, por el contrario, menospreciado en otros) pero nos quedamos con la pregunta ¿Cómo hubiera salido  el film si lo hubiera dirigido, como se ha señalado, Terence Fisher?
Siempre han funcionado bien en taquilla las películas de Feddie Francis”, declaraba Milton Subotsky, copropietario de Amicus quien, además, escribirá unos curiosos guiones que, junto a otros del escritor Robert Bloch (autor de la novela “Psicosis” que Alfred Hitchcock trasladará al celuloide) harán popular la fórmula del film de sketchs  que iniciará Francis con “Dr. Terror, House of Horrors(“Dr. Terror”, 1964) y continuará con “Torture Garden” (1967), inédita comercialmente aquí, con un éxito comercial mayor del esperado y “Tales from the Crypt” (“Condenados de ultratumba”, 1971), el de mayor éxito taquillero. Otras trabajos para Amicus:”The Skull” (“La maldición de la calavera”, 1965), guión de Subotsky según novela de Robert Bloch. “The Deadly Bees” (1966) o “The Psichopat” (“El psicópata, 1965).
John Elder había servido a Francis unos hallazgos interesantísimos como el sacerdote dominado por el vampiro (“Drácula vuelve de la tumba”) o el monstruo de Frankenstein enamorado de una zíngara (“Evil of Frankenstein”) continuará haciéndolo en “The Ghoul” (1975) --- un padre (Peter Cushing) mantiene oculto a un monstruoso  hijo que se alimenta de carne humana --- y  la inferior “Legend of the Werewolf” (1975), donde se explicitan  los ataques desde el subjetivo punto de vista del hombre- lobo virados en rojo, mostrando además al licántropo hablando en forma bestial (es en realidad remake de “Curse of the Werewolf”, 1961, de Terence Fisher  con guión del mismo John Elder, el mejor hombre- lobo cinematográfico).
Generalmente las realizaciones de Francis están bien aplicadas, ajustadas a lo que desean sus productores de él; su fantástico no funde con lo real (Terence Fisher, Tod Browning) pero tampoco hay separación total de ambos niveles (James Whale), no está escondido dentro de un lugar separado (apartamento, sótano, mazmorra) para luego irrumpir en lo cotidiano o lo real va al encuentro de “lo fantástico” encerrado/escondido (Roger Corman en su serie sobre Edgar A. Poe) como tampoco los objetos fetiches valoran/conducen lo fantástico (Mario Bava en sus mejores films) sino que en el “fantastique” de Francis lo horrible, lo monstruoso está --- parece de bazar, como un elemento más --- y choca con lo real sin ruptura de tono. Nuestro hombre podría filmar  cine fantástico y de terror (con alguna incursión ocasional en la Ciencia- Ficción) como podría hacerlo con otro género lo cual hace pensar si sus hallazgos nacen de su valía técnica (indudablemente la posee) o bien de una casualidad, cosa harto difícil porqué Francis tiene films mediocres, algunos buenos pero ninguno absolutamente malo (al menos en los visionados por mi). Es un hombre laborioso aunque la mayoría de veces ha contado con técnicos ya destacables en las aportaciones de Fisher (guiones de Jimmy Sangster o John Elder, decorados de Bernard Robinson, fotografía de Arthur Grant), dando fruto, por ejemplo, en uno de los films que más dinero en taquilla supuso para Hammer: “Drácula vuelve de la tumba” ¿Porqué con el mismo equipo, solo cambiando a Francis por Peter Sasdy un par de años después, se caía en la pretenciosa, lamentable y a veces ridícula “El poder de la sangre de Drácula”?  Podría ser la respuesta que Francis, sin ser Fisher y como p. e. Roy Ward Baker, al menos filma como ha aprendido, es de la vieja escuela: sin buscar falsas distancias sin ayuda de teleobjetivo o del gran angular --- vicios de procedencia televisiva --- ni dota a sus films de una ampulosidad en el fondo perjudicial para el género. Hoy en día se ha revalorizado la figura de Freddie Francis en su faceta de realizador ante el grueso de lo llamado “cine fantástico actual”  que en su día fue eclipsada por la obra sin par del gran Terence Fisher.

                                                                                  Narcís Ribot i Trafí

                 

sábado, 6 de julio de 2013

SPARTACUS


ESPARTACO (STANLEY KUBRICK, 1960)
 “La  única guerra justa fue la de Espartaco” (Voltaire)
Era natural de Tracia (región del sureste de Europa  comprendida en la península de los Balcanes, al norte del Mar Egeo, enclavada en Bulgaria, Grecia y la Turquía europea) y según algunos autores procedía de la aristocracia o realeza de su país. Era un esclavo destinado a ser gladiador pero logró escapar (probablemente sirvió en el ejército romano, alistado prácticamente a la fuerza, para desertar después) y acaudilló la rebelión de esclavos más emblemática de la Antigüedad. En el año 73 a. C. se sublevó con unas decenas de gladiadores en la escuela del “tratante” o “lanista” Lentulo Batiato, cerca de Capua, por el trato excesivamente duro (con frecuencia se había llegado a esta situación sin ninguna culpa ni haber cometido ningún delito), pudiéndose refugiar en las laderas del Vesubio. Cada día lograba ampliar su contingente a base de esclavos fugitivos (llegó a reunir un ejército de 100.000 hombres). Derrotó al pretor Clodio Glabro haciendo tomar en serio el acto de la rebelión. Venció luego a Publio Varinio. El problema es que el grueso del potencial militar romano estaba fuera de Italia controlando las fronteras del Imperio. El asustado Senado envió contra el rebelde a los cónsules Lucio Gelio Publícola y Cneo Léntulo Clodiano. Las tropas de Gelio acabaron con Crixo, un esclavo celta que se había separado del grupo de Espartaco con 20.000 hombres pero el tracio se enfrentó a los dos cónsules y les venció. El ejército de esclavos llegó a pasar cerca de Roma, haciéndola temblar como Aníbal siglo y medio antes. Ahora la responsabilidad de dirigir la lucha contra los esclavos recayó en Marco Licinio Craso, inmensamente rico y el primer interesado en terminar con la rebelión. Espartaco llegó a Reggio para embarcar para Sicilia pero fue traicionado por los piratas silicios, sobornados por Craso. Un foso de 55 km de longitud fue cavado por los romanos pero Espartaco con increíble estrategia rompió el cerco por lo que el Senado requirió la presencia de las legiones de Pompeyo y Lúculo. Acorralado en todos los frentes, Espartaco se enfrentó con el ejército de Craso y luchó hasta la muerte pero su cuerpo jamás se encontró (71 a.C.). Craso crucificó a seis mil esclavos supervivientes mientras otros cinco mil huían hasta encontrarse frente a las legiones de Pompeyo, quien mandó crucificarlos, acabando así  la rebelión. Años después Marco Licinio Craso, Cneo Pompeyo y Cayo Julio César formaron el I Triunviro. La ambición no conocía límites: Craso emprendió una campaña improvisada contra los partos para obtener más gloria, fue traicionado y muerto  (53 a.C.) mientras Pompeyo se casaba con la hija de César pero al quedar viudo se enfrentó con su antiguo amigo y suegro quien le venció.

Tres novelas aparecieron sobre Espartaco en los años 50: la de Howard Fast (1951) que sirvió de punto de partida para el film de Stanley Kubrick, la de Egom Gunter (1956) y la de Wilhelm Schumann (1959). Raffaelle Giovagnoli escribe su historia en 1874 para transmitirnos su admiración por el tracio rebelde y nos explica que el cadáver de Espartaco fue recogido, lo escondieron en una villa para después enterrarle (conseguí esta obra en un mercado de libros de ocasión). Excelente narrativa posee la novela de Arthur Koestler (1939), “Espartaco, la rebelión de los gladiadores” (publicada en España por Edhasa) y la de H. D. Stover (Dusseldorf, 1977). Hay una tragedia de J. J. Saurin (París, 1760) y el famoso ballet de Aran I. Kachaturian, “Spartacus”. Finalmente se editó en 2006 otra novela histórica dentro del Imperio Romano a cargo del profesor Max Gallo cuyo volumen I, de “Les Romains” (hay cinco libros) se titula “Spartacus. La revolte des esclaves”. En España  se denominó “Espartaco, la rebelión de los esclavos” (publicado por Alianza Editorial en 2007, año de su primera edición), en recuerdo y homenaje a Arthur Koestler.
I)- SPARTACUS Y EL CINE

1)- PEPLUM es un vocablo que partió de la crítica francesa en los 60. Es la forma latinizada del griego “peplo”, una variedad de túnica sin mangas abrochada al hombro. Se referían a las películas sobre la Antigüedad cuya proliferación sucedió en aquellas fechas después del éxito de “Hércules” (1958) y su continuación “Hércules y la Reina de Lydia” (1959), ambas realizadas por Pietro Francisi y protagonizadas por Steve Reeves. Así nos encontramos con films sobre Roma, Grecia, Egipto, Cartago, Mesopotamia, etc. Los peplum podían ser mitológicos (el citado Hércules , “Jason y los argonautas”) o históricos (cualquiera de las versiones de  Cleopatra o de Espartaco) o el utilizar la historia para exponer unos sucesos ficticios, cosa que siempre se ha hecho, ahora recuerdo “79 d. C., la destrucción de Herculano” dentro del peplum o las versiones de “Titanic”, fuera de él,  donde se narra el conocido naufragio del paquebot con relato inventado, romántico generalmente, injertado. En ocasiones la historia real es diferente a la del guión cinematográfico (justificado en muchos casos porque el cine no es una clase de historia) pero lo más  lamentable (para algunos entre los cuales estoy yo, aficionado al cine y a la historia) es que muchas figuras reales nunca han sido tocadas por la cinematografía. Ya se sabe, la eterna dicotomía arte- industria. Unos personajes tuvieron éxito en el celuloide y a repetir: Julio César o Nerón; en cambio otros, con sucesos y anécdotas tan interesantes como los citados nunca han tenido su oportunidad, p. e. Trajano, Adriano, Septimio Severo, Caracalla, Heliogábalo, Sila, Mario los hermanos Graco….. o han sido tocados de refilón como los tres emperadores Flavio o Marco Aurelio y otros sin la deseada profundidad como el cartaginés Aníbal y su oponente- admirador Escipión el Africano, Escipión el Joven (hijo adoptivo del anteriormente citado), el luso Viriato…………….quizás exista alguna serie de TV donde aparezca alguno pero está fuera del conocimiento general.

Las revueltas de Euno (136-132 a. C.) y Salvio (104-101 a. C.) en Sicilia, antecedentes de la de Espartaco, tampoco han sido (que yo sepa) tema de interés para el cine (&)).

La primera versión de Espartaco fue dirigida por Enrico Vidali (Italia) y está fechada en 1913. Toda concordancia con la realidad es pura coincidencia (Espartaco se enamora de la hija de Craso, entra en Roma y logra finalmente vivir en paz). El primer film sonoro es el “Espartaco”, también italiano (1952), de Riccardo Freda excelente  fotógrafo y gran aficionado a la escultura, hoy justamente revalorizado y autor  de algunos bien conseguidos films fantásticos y de terror pertenecientes al estilo inequívoco de la escuela italiana de cine fantástico donde el principal exponente fue Mario Bava (Freda le fotografió algún film antes de pasarse a la dirección). Difícil de encontrar (se retiró de la circulación durante el rodaje del film de Kubrick), este modesto film en blanco/negro fue protagonizado por Massimo Girotti y hay evidencias que Dalton Trumbo se basó en esta cinta para el clásico de 1960,  p. e. el epílogo que es muy similar y el presentar el personaje de la novia de Espartaco. Después del monumental film de Stanley Kubrick, coproducida y protagonizada por Kirk Douglas, guión final de Dalton Trumbo según la novela de Howard Fast viene una producción televisiva dirigida por Robert Dornhelm (USA, 2004) con Goran Visnjic como Espartaco. Hubo también los clásicos films baratos (gran parte de los péplum lo son pero no desdeñables,  escenas y momentos bien conseguidos, otros por el contrario son impresentables cinematográficamente hablando), generalmente italianos o coproducciones hispano-italianas. Referente a Espartaco ---o bien el aprovecharse de su nombre ya que él no aparecía--- tenemos “La venganza de Espartaco”, de Michele Lupo (1965), “El hijo de Espartaco”, de Sergio Corbucci (1963) y “Il gladiatore che sfido l’Imperio”, de Domenico Paolella (1965), siendo esta última un auténtico atentado contra la historia ya que está ambientada en la época de Nerón (más de ¾ de siglo después de Espartaco) donde el esclavo se enfrenta al emperador (recordemos otra pifia repetida más de una vez: el Coliseo aparece contemporáneo a Nerón cuando en realidad fue empezado por Vespasiano y acabado por su hijo Tito unos 13 años después de la muerte del matricida y perseguidor de cristianos quien en realidad se divertía en el Circo Máximo). Hubo también una producción soviética de 1977, “Spartakus”, realizada por Vadim Derbenyov y Yuri Grigorovich, basado en el popular ballet de Adam Kachaturian, siendo Vladimir Vasilyev el intérprete de Espartaco. En el momento de escribir estas líneas me llega la noticia de una nueva serie de TV estrenada ya en USA aunque lo escrito en los periódicos me quitan las ganas de visionarla: “Spartacus no intenta pasar por lo que no es. Su objetivo es fascinar con lo prohibido y saciar los apetitos más primarios del espectador”: violencia inusitada, sexo sangre, torturas…….ante todo, un insulto al intelecto de quienes nos llamamos amantes del 7º arte --- sea cual sea su nivel cultural --- y de muchos otros. Pero como el cine necesita lo comercial y el negocio para su subsistencia y con la apatía intelectual que parece haberse apoderado (debidamente fomentada) de mucha parte de la actual sociedad es tristemente lógico perpetrar estos (sub) productos que harán disfrutar a algunos pero que a otros nos causa vergüenza ajena……No hay riesgo, no hay ganas de hacer las cosas bien. Eso se ve cada día en la cinematografía y en otros muchos campos.
II)- DIFERENCIAS Y AFINIDADES- Entre el clásico de Kubrick y la historia hay diferencias: 1) al final Espartaco murió en la lucha, en el film muere crucificado, 2) el personaje de Varinia es ficticio, las fuentes no relatan si Espartaco tuvo novia, amante o esposa, 3) también lo es el del esclavo griego Antonino (profesor de los clásicos y poeta) quien huye de Craso para ser acogido por Espartaco y le otorga la misión de recitar poemas (cumple la función de que cualquier movimiento revolucionario ha de estar apoyado por algún intelectual, además lee cartas y mensajes que los otros no pueden porque nunca les enseñaron a leer ni a escribir), 4) al igual que Graco, el rival de Craso en el Senado, solo el apellido es tomado de los hermanos Tiberio y Cayo Graco, políticos favorables a los plebeyos que vivieron antes de la guerra entre Sila y Mario, 5) Julio César era algo más joven en tiempos de Espartaco, no estaba aún metido en política, aquí se le nota un muchacho intranquilo y ambicioso, es amigo de Graco y también de Craso quien le recuerda sus orígenes patricios, 6) el personaje real de Léntulo Batiato, dueño de la escuela de gladiadores donde estalla la rebelión será quien pondrá a salvo finalmente a Varinia y al pequeño recién nacido fruto de su unión con Espartaco , apoyado por Graco, así la esperanza de libertad aún permanece, 7)  Clodio Glabro (en el film Publio Marco Glabro) fue el primero en ser vencido por Espartaco, aquí es un protegido de Craso quien se aprovecha de él incluso después de la derrota (declara la sentencia de destierro, repite que es amigo de Glabro y entrega sus legiones sabiendo que será llamado después por el Senado para librarles de Espartaco y así imponer su propia dictadura)…….
III)- REPARTO- Tenía muy claro Kirk Douglas, productor y actor principal, en reunir un reparto estelar. Así la dirección con acento magistralmente acertado en las escenas íntimas (algo muy importante), la ambientación y la interpretación hacen de “Espartaco” el más grande film de su género, a pesar de los diversos y dilatados problemas de rodaje, a pesar de la discutible comparación/ambivalencia del guión, a pesar de todo, el film de Kubrick es el peplum más importante de la historia.

Según las escasas fuentes (alguna estatua, con dos o tres siglos de existencia, idealizada) el esclavo tracio fue un hombre de gran altura y corpulencia. Kirk Douglas no tenía la altura física pero será el más convincente (y único para la posteridad) Espartaco como Basil Rathbone dará vida al más grande Sherlock Holmes (quizás a su lado pueda ponerse  Peter Cushing pero Rathbone actuó en más largometrajes), Charles Laughton como Graco, Laurence Olivier como Craso y Peter Ustinov como Léntulo Batiato encarnan sus respectivos roles magistralmente y sin sobreactuación --- por algo eran primeras figuras --- siendo eficazmente secundados por jean Simmons (Varinia), Tony Curtis (Antonino), John Dall (Glabro), John Gavin (Julio César) y Woody Stroode, inolvidable “Sargento negro” fordiano, (el gladiador negro Dabra que vence y ha de matar a Espartaco en el duelo de la escuela de gladiadores, exigido por Craso y acompañantes para su diversión,  y sin embargo arroja el tridente al palco donde están Craso, Glabro e invitados y salta a las gradas para matarlos pero será lanceado por la guardia y rematado por el mismo Craso).

IV)- PROBLEMÁTICO GUIÓN- La base fue la novela de Howard Fast (1914-2003), escritor, novelista y guionista de cine y TV. De ideología marxista, siempre escribía sobre el binomio libertad- opresión (en una de sus novelas históricas, “Mis gloriosos hermanos”, 1948, narra la lucha de los macabeos contra los griego-sirio-seleúcidas), tuvo que redactar bajo pseudónimo varias veces y fue encerrado en la persecución del senador  Joseph McCarthy. Allí en la cárcel firmó la novela que le consagraría y daría fama:”Espartaco” (a pesar de ello algunos la criticaron porqué el famoso esclavo tracio no aparece sino que el relato se cuece a base de recuerdos de distintos testigos).Tanto en su libro como en la versión cinematográfica de Kubrick  es evidente el paralelismo esclavos- proletario y romanos- capitalismo e imperialismo. Él mismo debía escribir el guión para la película pero no convenció a Kirk Douglas quien mandó a Dalton Trumbo (1905- 1976), escritor y guionista (recordemos la obra pacifista: “Johnny cogió su fusil” novela escrita y película dirigida por él), que (re) construyera el guión a partir de la obra de Fast. También marxista y también perseguido por el comité de actividades antiamericanas propiciado por McCarthy. A pesar de coincidir en ideología y pensamiento Fast y Trumbo no se llevaban bien en absoluto. Fast le consideraba un advenedizo miembro de la “gauche divine”, Trumbo decía de él que era un fanático de la ideología sin obertura hacia los demás y le recriminaba no haber enseñado a otros militantes- compañeros de prisión. Con el guión en marcha Trumbo también tuvo sus diferencias con el realizador Stanley Kubrick y con el productor- actor Kirk Douglas, acusándoles de intentar variar lo que él iba escribiendo. En verdad se respetó mucha parte del material de Trumbo y otra parte fue rechazada por Douglas que parecía interesarse por la ya citada novela de Arthur Koestler --- también comunista en principio para después repudiar el marxismo al conocer las purgas de Stalin, además de los campos de concentración nazis (de ascendencia judía, nació en Budapest-1905, historiador, novelista, ensayista, periodista, activista político y filósofo afincado en Inglaterra, falleciendo en Londres- 1983) --- en la parte final de la obra para señalar la (lógica) inmadurez política de los esclavos como uno de los factores principales que les llevaría a la destrucción final. Trumbo se negó rotundamente a hibridar su escrito con la novela de Koestler (aunque algo de ella rezuma en el acabado final del film).

Un exhaustivo informe sobre las controversias del guión aparece en el interesante libro de Víctor Matellano (&&), “Espartaco”, de reciente aparición, aprovechando el 50 aniversario del film cuya batalla final fue rodada en España (muchas anécdotas desconocidas por lo que hace sea un estudio muy interesante).
V)- PROBLEMÁTICA REALIZACIÓN-  Stanley Kubrick pudo terminar esta película plagada de discusiones e incidencias a todos los niveles. Costó 12 millones y tiene una duración de 184 m. El director que impuso la compañía Universal fue Anthony Mann (1906- 1967), esplendido realizador que después de hacer sus pinitos en teatro se forjó cinematográficamente en un puñado de films del género negro de serie B en los años 40 lo cual le reportó un aprendizaje y una experiencia encomiables que le serviría para saltar al Olimpo de los grandes clásicos en el cine del oeste en los 50 (aunque en ocasiones tocará el musical, el cine histórico e hiciera algún biopic la merecida fama la lograría en el western, especialmente en aquella serie de cinco films protagonizados por James Stewart y redondeada por “El hombre del Oeste”, con Gary Cooper) y otros solo le recordarán por el hecho de ser durante un tiempo el marido de Sara Montiel (1958-1963). Según el mismo Mann las desavenencias con Kirk Douglas eran tan solo conceptuales: el actor- productor quería dar más énfasis a las escenas de violencia donde intervenía Espartaco (con reflexión sobre ella), el realizador decía que de algo tan inhumano y repugnante como la esclavitud con solo mostrarla ya se hacía visible la posterior reflexión. Además, las estrellas pretendían dirigirse sus escenas ante la timidez de un hombre que demostraba no sentirse a gusto en este rodaje y Douglas interfería constantemente en su labor de realización. El nervioso Douglas despidió al director--- según él fueron los demás coproductores quienes se lo pidieron----quejándose que en una semana de rodaje se hubiese avanzado tan poco. Mann no protestó. Aceptó su liquidación (algunos dicen “tranquilo” y “contento”) y se marchó. La prueba de su nobleza de miras y de la no existencia de rencor alguno se evidenció cinco años después cuando fue elegido para dirigir un film bélico “Los héroes de Telemark”, sobre la ocupación nazi de Noruega con el fin de conseguir el agua pesada, ingrediente para la construcción de la bomba atómica. Mann llamó a Douglas para protagonizarla y este aceptó. Su relación continuó siendo buena. La verdad es que las escenas iníciales de la cantera y otras en la escuela de gladiadores hasta la rebelión son de Mann y se conservaron sin ser acreditado. Por otra parte, son magníficas, para mí están entre lo mejor del film. Douglas llamó al joven Stanley Kubrick quien le había dirigido en la película pacifista “Senderos de gloria”. Kubrick también se quejó de muchas interferencias, renegó en más de una ocasión de una película que, sin embargo, le abrió las puertas a la posteridad, su relación con Douglas fue tensa y siempre manifestó a “Espartaco” como único film que no pudo controlar en su vida profesional. Stanley Kubrick, original y meticuloso tanto en la producción de sus películas como minucioso en cada uno de sus planos constitutivos de su puesta en escena  siempre fue un realizador atípico y muy interesante, muy buenos ratos me ha hecho pasar como cinéfilo pero también en verdad se le ha encumbrado a veces de forma desmesurada: si Kubrick hizo Ciencia- Ficción, p. e., su “2001, una odisea del espacio” (1968) ha de ser lo más grande e importante, como si antes de él no existiera la S. F. (sí, le da un peso específico y su obra es de gran magnitud pero se puede preferir “Ultimátum a la Tierra”, “Planeta prohibido”, “El planeta de los simios”,La humanidad en peligro” o “Almas de metal” para citar cinco títulos tan encomiables como radicalmente diferentes a la cinta de Kubrick).

Hace unos años leí una “Historia de Roma” escrita por Joachim Furneau en tono humorístico, como hizo antes Indro Montanelli, donde el autor se declaraba espartaquista y al hablar de la rebelión esclavista comentaba que no había –ismos políticos detrás (ni socialismo, ni marxismo, ni fascismo ni nada) era algo mucho más sencillo: oprimidos rebelándose contra opresores, nada más, “Espartaco sabía que el Buen Dios no quiere estas situaciones creadas por la maldad humana, esclavitud como terrible lacra…..”. También hace años comentando la película con militantes izquierdistas, interesados por el cine, alguno de ellos manifestó su desacuerdo con el guión de Trumbo. A pesar de todo el libreto no deja de ser inteligente y hace fluir en perfecta armonía y su esplendida ambientación las situaciones perfectamente narradas en dos bloques: una larga escena para la vida, situación de los esclavos y en contraposición el equivalente del Senado o mandatarios romanos. La llamada plebe romana no  aparece en la película (motivo también de alguna queja) tan solo los comentarios de Craso criticando a Graco por sus veleidades con los plebeyos (el pueblo llano) y el recordatorio a Julio César de sus orígenes patricios. Los diálogos son ejemplares:

GRACO: “…La moral romana nos ha dado fuerza suficiente para robar dos tercios del mundo a sus legítimos propietarios”………

Más adelante, cuando habla Craso porque nadie quiere tomar el mando de las legiones preparadas contra Espartaco ya que todos le temen y debe ofrecerle la jefatura, su rival político le dice que tiene exigencias:

GRACO: “Todo el mundo pone precio a su patriotismo ¿Qué pides?”
CRASO: “Ser el comandante en jefe de todas las legiones de Roma”.
GRACO: “La dictadura”.
CRASO: “El orden. Esperaré vuestra respuesta”.
GRACO: “Te la doy ahora, inaceptable”.
CRASO: “Lo sé. Ya vendréis a ofrecérmela más adelante. Estaré dispuesto………….”

Cuando finalmente Craso consigue su propósito y se prepara para destruir a Espartaco aparecen ya las proscripciones en Roma y le anuncia a Graco que al ser el primer enemigo del estado será detenido. Graco se suicidará pero dejará dispuesta la huída a Varinia y al bebé (Craso desea seducir la compañera de su enemigo para anular sus miedos). Espartaco es crucificado pero contempla como Varinia se aleja con el niño en un carro conducido por Batiato, ahora más comprensivo. Ha dejado su personalidad repulsiva de tratante de gladiadores por una más cómica y ridícula pero más humana….

La puesta en escena es ejemplar. Desde las tórridas y sulfurosas canteras del desierto de Libia, Espartaco es golpeado. Hay ya un indicio de rebelión: muerde en el pie y corta el tendón del guardia. Le va a costar la vida pero aparece Lentulo Batiato y lo compra para ser gladiador. Humillado y maltratado por el sádico Marcelo (ex gladiador que consiguió su libertad para ser entrenador en la escuela de Batiato), enamorado de la esclava Varinia será finalmente seleccionado con el etíope Dabra en un combate para diversión de Graco, Glabro y sus dos acompañantes femeninas (una es Helena, la hermana de Glabro). Vence a Espartaco y los patricios bajan el pulgar para que le mate. Espartaco en el suelo espera la muerte como liberación pero el etíope arroja el tridente al palco y escala las gradas cuando es lanceado y rematado por Craso sin moverse de su asiento con su daga quedando salpicado por la sangre del gladiador. Es muy significativo que el primer esclavo rebelde sea de raza negra. Alguien podría decir que la vestimenta de los dos gladiadores no es completa pero la lucha Espartaco- Dabra no es oficial: espada corta y escudo, estilo tracio, para Espartaco, mientras que Dabra combate como retiario, o sea con red y tridente, ambos con protector de malla en el brazo donde se sostenía el arma pero ambos sin espinilleras ni cascos por lo anteriormente dicho. Todo ello incidirá en Espartaco que al ser maltratado de nuevo, ahoga a Marcelo en la nauseabunda sopa ardiente, guiará la rebelión y demostrará ser un gran líder con sentimientos humanos que no ha perdido a pesar de toda una vida siendo esclavo. Todas estas partes están filmadas por Anthony Mann, no lo olvidemos. Kubrick realizará con brillantez los capítulos de la vivencia de los esclavos, del Senado Romano, distintas batallas, la mansión de Craso con un mosaico a imitación de uno real conservado, las discusiones del líder con Crixo, interpretado por John Ireland (Espartaco se opone a que dos viejos hacendados romanos luchen para divertir a los esclavos y les deja en libertad)  y el encuentro final con la cámara colocada a espaldas de los esclavos para visualizar las ordenadas legiones de Craso. Otra escena recordada:  la abierta manifestación  de su bisexualidad por parte del dictador romano mientras se baña (“Me gustan tanto las ostras como los caracoles”) que asquea a Antonino y huye para reunirse al grupo de Espartaco, escena cortada en varios países en su tiempo y que al ser  restaurada en España se dobló con otras voces. En 1960 fue un escándalo, ahora pasaría desapercibida.

En resumen, a pesar de su accidentado rodaje, una gran película en su género y en la cinematografía de todos los tiempos.  (&&&)                                           
                                                                                                                        Narcís Ribot i Trafí

(&)- Las rebeliones de Euno y Salvio están explicadas en el reciente artículo de Fernando Lillo Redonet publicado en el nº 77 (abril- 2010) de la revista “Historia”, de National Geografic, “Espartaco, el gladiador que se sublevó contra Roma” (el autor también escribió algún libro sobre cine de la Antigüedad, en este momento, y de memoria, recuerdo con agrado una obra dedicada al celuloide sobre la Grecia Antigua). Otro texto de referencia es el de María- Luisa Sánchez León (Akal, Madrid, 1991), “Revueltas de los esclavos en la crisis de la República”, muy detallado.
(&&)- Victor Matellano: “Espartaco”, edición especial 50th. T&B Editores (Madrid, 2009).
(&&&)- Cuando escribí este artículo (2010) el personaje de Viriato estaba prácticamente huérfano de versiones cinematográficas y televisivas, al menos yo no conocía ninguna. Posteriormente se hicieron, al menos dos adaptaciones.



domingo, 30 de junio de 2013

ESPARTACO EN LAS ARTES


Acogió numerosos esclavos fugitivos…Dado que Espartaco dividía el botín en partes iguales, en poco tiempo reunió gran número de hombres…” (“Los rebeldes en el Vesubio, Apiano)

                              Era original de Tracia, según algunos autores procedía de la aristocracia o realeza de su país. Encabezó la rebelión de esclavos más emblemática de la Antigüedad. En el año 73 a. C. se sublevó con unas decenas de gladiadores propiedad del “tratante” o “lanero” Léntulo Batiato, cerca de Capua, motivados por el trato excesivamente duro y con frecuencia llegado a esta situación sin culpa alguna ni haber cometido ningún delito. Cada día ampliaba su ejército a base de esclavos fugitivos de sus amos. Al vencer a Claudio Glaber el senado de la República de Roma envió al pretor Publio Varinio, cuyo legado y él mismo fueron  también derrotados. A pesar de los éxitos el celta Crixo, lugarteniente de Espartaco, se separó de él con parte de sus fuerzas que las llevó al desastre cerca del monte Gárgano, muriendo Crixo y las dos terceras partes de sus hombres mientras Espartaco vencía simultáneamente a los cónsules Gelio Publícola y Cornelio Léntulo Clodiano haciendo temblar Roma como lo había hecho Aníbal muchos años antes.
Teniendo el camino libre para huir, Espartaco volvió atrás siendo derrotado y muerto al norte de Lucana (71 a. C.) por Marco Licinio Craso (junto con Cneo Pompeyo y Cayo Julio César formarían en I Triunvirato unos años más tarde). El resto de los esclavos huidos se topó con Pompeyo que regresaba de su campaña en Hispania y los aniquiló totalmente mientras los prisioneros eran crucificados. En la película de Stanley Kubrick (1960), Espartaco/Kirk Douglas moría ejecutado en la cruz para mayor dramatismo pero en realidad sucumbió en la batalla final aunque su cuerpo nunca fue encontrado.
Plutarco en su biografía sobre Craso muestra admiración por Espartaco, totalmente al contrario que Cicerón y Lucano un siglo más tarde mientras Apiano le es favorable. Espartaco pasará a ser protagonista en las discusiones políticas sobre clases sociales a finales del siglo XVIII, especialmente en Alemania. Gotthold Ephraim Lessing lo nombraba como “Defensor de los derechos humanos” (1770); hay una tragedia titulada “La Patricia” (cerca de 1800) de Richard Voss; un fragmento de Franz Grillparcer y otro de Hermann Von Ligg, obteniendo también gran éxito la novela “Prusia” (1883), de Ernst Eckestein.
Karl Liebknecht se sirve del pseudónimo “”Espartaco”, aparte de la “Liga de Espartaco” fundada por el mismo Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Karl Marx en sus cartas a F. Engels habla de Espartaco como representante del antiguo proletariado mientras Lenín le ensalza como luchador contra el capital (los romanos). En 1932 y años siguientes Stalin escribió que las rebeliones de los esclavos, especialmente la de Espartaco, debían ser consideradas como factor de liquidación del antiguo sistema de producción (incluso algunos equipos de fútbol llevaban su nombre: cfr. Spartak de Praga). Lo que Stalin no escribió es si había algún rebelde contra su dictadura, una de las más feroces que han existido (apoyada por algunos “intelectuales” los cuales justificaban y justifican las purgas del “caudillo del progreso y la libertad”, perfectamente equiparable a Hitler).
En Alemania, años cincuenta, aparecieron tres novelas sobre nuestro personaje: la de Howard Fast (1951) la cual sirvió de punto de partida del film de Stanley Kubrick, la de Egom Gunter (1956) y la de Wilhelm Schumann (1959). También en el Renacimiento Italiano era recordado Espartaco, detalles recogidos más tarde por Raffaelle Giovagnoli (1874) --- la conseguí de segunda mano, y al final se especula lo que pasó con su perdido cuerpo --- y la excelente novela de Arthur Koestler (1939), “La rebelión de los gladiadores”, publicada en Castellano por EDHASA. Hay una tragedia de J. J. Saurin, “Spartacus” (París, 1760) y en la actualidad que, en algunos sectores, interesa el mundo antiguo, aparece la novela de H. D. Stover, “Spartacus” (Dusseldorf, 1977).
Aran I. Kachaturian compuso la música de un ballet, “Spartacus”, bastante famoso (1955) y diversas estatuas, testimonios de su envergadura y estatura poco corriente (mucho más que el Kirk Douglas del cine), una de ellas a las Tullerías con una réplica en la Ny Carlberg Glypotec de Copenhague.

                                                                                                 Narcís Ribot i Trafí

martes, 11 de junio de 2013

RECORDANDO A JOHN GILLING

                           Más que Don Sharp, cuya mediocridad a través de toda su carrera queda evidenciada con los dos primeros Fu-Manchú en color producidos por Harry Alan Towers y protagonizados por Christopher Lee y más que Val Guest, a pesar de la importancia y sobriedad en sus primeros trabajos “fantastiques” para Hammer pero menos dedicado al tema, John Gilling demuestra ser, después de Terence Fisher, el mejor realizador del fantástico británico en su primer período (1956- 1967). En el segundo período (1967-1974) hombres como Freddie Francis o Roy Ward Baker (especialmente el segundo) ocuparán este puesto.
John Gilling (Londres, 1912- Madrid, 1984) debutó en diversos trabajos cinematográficos, como ayudante de realización, después de trasladarse a Estados Unidos en 1930. Empieza a escribir guiones para varios estudios (1939) hasta pasarse a la dirección (1952), faceta donde es más conocido. Una de sus primeras películas es “Old mother riley metes the vampire” (1952) con un Bela Lugosi en franca decadencia física. De vuelta a Gran Bretaña escribe guiones, entre otros, para Charles Saunders, Quentin Lawrence, Terence Fisher (antes de triunfar con el boom fantástico inaugurado a mitad de los 50 por Hammer Films), Henry Cass y Robert S. Baker. Este último, asociado con el fotógrafo Monty Berman, fundará la compañía Tempeam Films y aunque su dedicación al” fantastique”  fue solo una parte de su producción consiguieron obras tan bellas y sórdidas como “Blood of the Vampire” (“La sangre del vampiro”, 1958), de Henry Cass o “Jack the Ripper” (1958), producción, además de realización de Robert S. Baker y Monty Berman, ambas con guión de Jimmy Sangster. Tres años después este bien conjuntado dúo confiará la realización a John Gilling de “The Flesh and the Fiends” (“La carne y el demonio”) la cual posiblemente sea su obra maestra. Basada en la conocida obra del gran Robert Louis Stevenson (“El ladrón de cadáveres”), “La carne y el demonio” nos ofrece una sucia, agrietada e hipócrita sociedad victoriana con una serie de personajes negativos y sin escrúpulos (como hizo Terence Fisher con su magnífica “Las dos caras del Dr. Jekyll” un año antes, donde junto al grisáceo y apocado Dr. Jekyll todos los personajes son inaccesibles para la identificación del espectador). Destaca la interpretación de Peter Cushing como Dr. Knox quien no duda en asesinar para conseguir “materia prima” para sus experimentos, sirviéndose de los ladrones William Burke y William Hare. “La carne y el demonio” es, con toda seguridad la mejor versión de estos tres personajes reales. Hay otro acercamiento al tema “The Greed of William Hard” (1948), de Oswald Michel, con guión de John Gilling, “The Body Snatcher” (1945), de Robert Wise con Boris Karloff y Bela Lugosi, producción de Val Lewton (más centrado en el cuento de Robert Louis Stevenson) y “Burke & Hare” (1972), de elaboración independiente británica, último film de Vernon Sewell, con un erotismo excesivo, apareciendo también en el inteligente guión de Brian Clemens para uno de los Hammer de la última etapa más celebrados: “Dr. Jekyll and Sister Hyde” (“Dr. Jekyll y su hermana Hyde”, de Roy Ward Baker, 1971) --- donde confluyen el personaje ficticio Dr. Jekyll- Mr. Hyde (aquí “Sister Hyde”), los repulsivos Burton y& Hare y Jack, el destripador, en realidad el desdoblado Jekyll- Hyde --- y “The Doctor and the Devils” (“El doctor y los diablos”, 1985), uno de los trabajos más interesantes de Freddie Francis además y el “Burke &Hare”, de John Landis (2010) de la cual nada espero.
En verdad debemos acudir a obras maestras de Terence Fisher (“Revenge of Frankenstein”, “Las dos caras del Dr. Jekyll”) o de los propios Baker & Berman (“Jack, the Ripper”) para contemplar la sordidez ambiental y la fragilidad de los fundamentos humanos de esta sociedad victoriana, aplicable a muchas otras y la del orden existente (que por humano es ya defectuoso).
Alternando con series televisivas como “El Santo” o “Los vengadores” (como hicieron también los Baker & Berman), Gilling nos dará en 1961 una cinta inédita en España (faltaría más), “The shadow of the cat” ya que la narración ofrecida por la cámara es la visión de un gato y --- conociendo al asesino desde un principio --- la intriga se centra en qué forma recibirá su castigo el autor del desaguisado. Dos años antes, 1959, Gilling había rodado un film de Ciencia- Ficción casero, “The Gamma People”, más conocido que el “Spaceways” de Terence Fisher y, por ello, la compañía de los Carreras- Hinds, Hammer Films (se había dado a conocer con “El experimento del Dr. Quatermass”, de Valt Guest, 1956, prolongado por los trabajos de Fisher) decide fichar espontáneamente a John Gilling para algunos films de aventuras sobre piratas --- correctamente realizados --- y una continua trilogía fantástica: “The Plague of the Zombies”, “The Reptile” (ambas de 1966) y “The Mummy’s Shroud” (1967), ninguna de ellas estrenada comercialmente en España pero hallables actualmente en DVD. Si las tres cintas pueden llamarse “hermanas”, las dos primeras son “gemelas”: el equipo técnico es prácticamente el mismo y la acción transcurre en Cornway, un lugar de la campiña inglesa muy alejado de la creencia en zombis (“Plague of the zombies”) u hombres- serpiente (“The Reptile”). Destacable la oníricamente bella escena de los zombies levantándose de las tumbas en el cementerio (en realidad un sueño del protagonista) con una fotografía virada en tono azulado de un excelente de Arthur Grant (presente en las tres), aquella otra donde un zombi surge delante de una muchacha con el cadáver de su amiga en sus brazos (posteriormente convertida en no-muerta y decapitada con una pala por el profesor, secuencia que precede al sueño) aunque el acierto irónico esté en el argumento: un terrateniente, entendido en vudú y magia, y sus compinches crean los zombis para trabajar en una mina de estaño. También “The Reptile”--- variante exótica de la licantropía --- tiene escenas destacables en un ambiente muy conseguido: los ataques del monstruo durante la noche y en pleno bosque en sus escasas apariciones (solo al final se verá perfectamente) y el desenlace donde se prende fuego a la mansión. “The Mummy’s Shroud” es más un film de serie, quizás no valorado lo suficiente en su estreno, ante los hallazgos de “La momia” (1959), de Terence Fisher y “The Curse of the Mummy’s Tomb” (1964), uno de los mejores trabajos del productor/realizador Michael Carreras. Recordemos que el guión de este “Sudario de la momia” (literalmente) es del irregular Anthony Hinds, alias John Elder (socio, propietario, guionista y productor en Hammer Films), capaz de lo mejor a lo peor en el campo de los libretos y de la imaginación, de  jugosos hallazgos y de repetitiva rutina (con sus logros, prefiero los guiones de Jimmy Sangster), y la escritura del film una parte es de  John Elder y la otra de John Gilling (la verdad es que cuando la vi por vez primera en la Filmoteca me dio más de los esperado). El guión de “The Reptile” es de John Elder y está bastante conseguido y el acertado de “Plague of the Zombies” es de Peter Bryant (autor también de la escritura de dos magníficos Fisher: “El perro de de los Baskerville” y, con Jimmy Sangster y Edward Percy, de “Las novias de Drácula”). Estos tres títulos fantásticos para Hammer serán los que más fama y conocimiento (especialmente entre los aficionados al género)  le darán, más que los muchos policiacos realizados en los 50. Jean- Marie Sabatier nos dice que Gilling es un realizador desconcertante: sus films, incluso los mejores, fueron apartados rápidamente del circuito comercial y, durante tiempo, dificilísimos de ver (en la actualidad, gracias al DVD, la situación se ha arreglado algo). A partir de 1968 nuestro hombre vivió prácticamente apartado del cine y fijó su residencia en España donde dirigió su último film: “La cruz del diablo” (1975), basado en las “Leyendas” del admirable Gustavo Adolfo Bécquer. La falta de entendimiento de la productora con el guionista Jacinto Molina, además de otras irregularidades (la nefasta actuación de algunos intérpretes) e incomprensibles incoherencias (algunas de las “Leyendas” son contadas verbalmente y no narradas mediante la planificación cinematográfica) condujo al fracaso a este film maldito que hubiera podido ser importante quedando, sin embargo, algún destello del buen hacer de Gilling.
Dentro de la Hammer, Gilling escribirá un hermoso guión que servirá a Terence Fisher para conseguir uno de sus films más románticos y bellos: “The Gorgon” (1964), dada a conocer en España y editado en DVD como “La leyenda de Vandorf”) la cual trata de una mujer poseída por el espíritu de la mitológica Gorgona durante las noches de luna llena (otra atractiva variación licantrópica).
La obra de Gilling no tiene la homogeneidad temática y estética de la de Fisher pero afronta sus trabajos con encomiable honestidad lo cual le descubre como valioso profesional. Los momentos de “sobrenatural” son contados en el cine de Gilling, lo fantástico no será constatado como hecho para fundirlo con la realidad (Fisher) sino que será resorte de: 1) como serán asesinadas las víctimas y 2) como el causante recibirá el castigo; su competente puesta en escena es casi siempre sencilla en apariencia (lo complejo y la reflexión están ocultos), no desborda un virtuosismo técnico en la fotografía, al menos en mucha parte de su cine, y combinaciones pictóricas (Freddie Francis, Roy Ward Baker), no cae en una mediocre rutina (Don Sharp) y no filma de forma ostentosa para conseguir una pretendida plástica hermosa pero aséptica y vacía de contenido (el “televisivo” Peter Sasdy con sus continuo abuso del zoom y su mareante navegar de la cámara). Quizás sea en Hammer donde “lo fantástico” tenga más importancia en el cine de Gilling: una maldición malaya convierte en reptil humano a Ana Franklyn (“The Reptile”), el terrateniente que produce y crea zombis con sus rituales mágicos para trabajar en su mina, film de marcado cariz social (“Plague of the Zombies”) y el guardián momificado de un príncipe resucita gracias a un encantamiento para asesinar a los profanadores de la tumba (“The Mummy’s Shroud”). En este universo fantástico encontramos la perversión sexual sin que ello constituya lo esencial de sus personajes,  p. e. el latente lesbianismo de Ana en forma humana y sus víctimas femeninas cuando por la noche se convierte en monstruo (“The Reptile”), la necrofilia (“La carne y el demonio”), la homosexualidad masculina (“Plague of the Zombies”), la bestialidad (“The Reptile”)…mosaico de aciertos de un realizador sin pretensiones quien nos dio un abanico de films interesantes e importantes para los aficionados…

                                             Narcís Ribot i Trafí