lunes, 18 de noviembre de 2019

TIBURON (STEVEN SPIELBERG, 1975)



ESCRITO EN SEPTIEMBRE- 2011. PUBLICADO EN FORUM UNIVERSITAS Y DIARIO DE CINE.
“Sr. Vaughn, estamos ante una máquina perfecta, un auténtico milagro de la evolución. Y lo único que hace esta máquina es comer, nadar y procrear tiburoncitos, nada más”. (El ictiólogo Matt Hooper intentando hacer entender al alcalde de Amity que cierre las playas por la presencia de un peligroso tiburón que ya ha causado tres muertes entre los bañistas y navegantes. “Tiburón”, de Steven Spielberg).
Con “TIBURÓN” he querido que siga a “EL DIABLO SOBRE RUEDAS” porqué son los dos films de Steven Spielberg que más me gustan.
“El mar, que gran tema para hablar, para escribir, para cantar…”, rezaba una propaganda televisiva, creo que con interés hacia el turismo, hace muchos años, más de los que puedo recordar. Y se podría añadir más. El mar ha estado presente en todas las artes, desde la pintura (recordemos las famosas “marinas”) hasta la literatura…. también en el cine. El mar es un mundo dentro de otro mundo, al oír la palabra puede evocarnos la gran belleza contenida, el interés hacia lo científico, la sabiduría de los profesionales, especialmente si cuentan con muchos años, la cultura (popular inclusive) que desprende y, a la vez, la atracción hacia misterios irresolubles, al menos de momento, para el ser humano y terror, también…. Una película de 1975 que batió records de taquilla a su vez basada en una novela, también millonaria en ventas, nos hizo despertar este terror instintivo hacia las profundidades o lo que pueda surgir de ellas.
La novela se escribió un año antes (1974) de la película. Nunca hubiera imaginado PETER BENCHLEY que su mediana novela, su primer libro, se convirtiera en un best- seller. Al tener un imprevisto éxito comercial y popular llamó la atención de los productores cinematográficos Richard Zanuck y David Brow para hacer la correspondiente versión cinematográfica.
 Peter Bradford Benchley (Nueva York 1940- id. 2006) procedía de familia de literatos: su padre, Nathaniel Benchley era también escritor y su abuelo, Robert Benchley fue un reputado actor, periodista y escritor. Interesado en los temas del mar, escribió en el Washington Post, en National Geografic  y en la revista Newsweek donde, con el tiempo, llegó a ser editor, combinando con su otra tarea de escribir discursos políticos en la Casa Blanca. Después del éxito de “Jaws” (literalmente “Fauces”, “Mandíbulas”, título original también para la película) Benchley escribió una docena más de obras entre ficción y divulgación, siempre sobre el océano, su tema predilecto aparte de ser miembro destacado de la asociación ecologista. De estas otras obras recuerdo “The Deep” (“Abismo”, 1976) y “The Island” (“La isla”, 1979), ambas con versiones cinematográficas.
Jaws” (“Tiburón”) “fue la primera novela donde el protagonista es un pez” nos dice el autor. En Amity, una isla cerca de la costa que vive esencialmente del turismo a punto de empezar la temporada de verano, aparecen en la playa los restos de una muchacha, devorada por un tiburón. La prensa y las autoridades, especialmente el alcalde, deciden guardar secreto para no espantar al turismo y perder los negocios. A los pocos días se ve un enorme pez que ataca un muchacho. Un pescador, el jefe de policía y un experto en tiburones inician la cacería del tiburón aunque la bestia marina se convertirá también en cazador…..Este es el esquema traspasado al film.
Naturalmente Benchley escogió el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), considerado el más peligroso para el ser humano, el que más víctimas mortales ha ocasionado para protagonizar su historia. Es curioso que de las más de 360 especies de escualos clasificadas en la actualidad, los grandes tiburones en tamaño como el tiburón- ballena (Rhiniodon typus), el pez más grande del mundo que puede llegar a los 15 metros, o el tiburón peregrino (Cethorinus maximus), 10-12 metros, son totalmente inofensivos para el ser humano; en realidad se conocen unas 25 especies que han atacado al hombre siendo unas cuatro o cinco declaradas extremadamente peligrosas.
Por su parte, STEVEN SPIELBERG (1946) triunfó económicamente en su carrera, sus inversiones como productor y su fama acrecentada tras “Tiburón” como realizador casi siempre le hicieron millonario y por ello es nombrado como “El rey Midas de Hollywood”. Me ha interesado un Spielberg de “Tiburón” o de su ópera prima, “Duel” (“El diablo sobre ruedas”, 1971), según una historia de  Richard Matheson (autor, entre otras, de la famosa novela “Soy leyenda”, con tres adaptaciones cinematográficas a sus espaldas). Más adelante Spielberg se convertirá en un gran conocedor y técnico de los efectos especiales, apareciendo como el “Papá Noel” que nos sirve unos trucajes (a veces innecesarios) como repostería esperada en cada fiesta por sus numerosos fans. Su vampirización de versiones aventureras del cine de antaño más la acumulación de espectaculares efectos le llevará a crear la --- para mi --- empalagosa serie de Indiana Jones tan (mal) copiada en infinidad de ocasiones por otros que carecen de su habilidad, consistente en presentar sorpresa mediante efectos especiales (manejados por él a la perfección, repito) --- la innovación, la originalidad ha de venir, más que de los efectos espectaculares y deslumbrantes o de un tema exótico interesante en principio, de la puesta en escena creada por el realizador, es decir la planificación --- y su destreza en colocar bien los adecuados planos, ordenados uno detrás de otro para la circulación fluida de la exposición narrativa cinematográfica aunque sobre esto algunos considerados artesanos del cine antiguo (Richard Thorpe, George Sherman, Nathan Juran, p. e., y etc.) también lo hacían, logrando en alguna ocasión obras de incuestionable valía y de primera magnitud. Vendrán niños que proyectan su sensibilidad sobre extraterrestres (“E.T., el extraterrestre”, 1982), remakes acaramelados de historias animadas (“Hook”, 1992) y otras obras donde Spielberg lima las aristas para convertirse en “familiar” y, por lo tanto, con cierta garantía de éxito comercial. Dará intermitentemente obras, fantásticas o no, con cierto interés (“Parque Jurásico”, 1993) --- en el momento de escribir estas líneas está pendiente de estreno “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” (2011), de personajes animados (*), que espero con gran atención por ser yo un seguidor del personaje de Hergé --- pero mi Spielberg preferido es, como he dicho, el de su primera etapa, el corrosivo con el orden humano existente, el Spielberg más arriesgado quizás sin estar tanto pendiente de la respuesta taquillera.
La novela de Benchley (basada en agresiones de escualos a seres humanos, especialmente unos ataques continuos a bañistas en Nueva Jersey en 1916 citados en el film), “ni mejor ni peor que otras que dieron origen a grandes superproducciones cinematográficas”, como dice  Ángel Sala en su completo y documentado libro (1), interesó como tema a los productores Zanuck y Brown y después al propio Spielberg pero haciendo varios cambios. En el libro hay subtramas farragosas que en muchas ocasiones entorpecen la narración: mafias conectadas con los dirigentes de la ciudad, historias de adulterios y unos personajes en su totalidad hoscos y antipáticos, sin poder simpatizar/identificarse con el lector o espectador (caso de haberse hecho una transcripción literal). Benchley elaboró tres borradores para la adaptación cinematográfica de su propia novela para ser Carl Gottlieb (guionista y realizador) el redactor definitivo del guión. Gottlieb interpreta en la película a Ben Meadows de la prensa local y Peter Benchley tiene un pequeño papel como reportero de TV. También participó Rodney Cox, campeón de pesca submarina que en 1963 fue atacado por un tiburón blanco  y llevaba en su cuerpo casi quinientos puntos de sutura…….
Existen bastantes diferencias libro- película redundando a favor del trabajo de Spielberg y su equipo. Citemos algunas.
--- El personaje del pescador Ben Gardner cuya lancha es descubierta volcada y destrozada por el tiburón y allí solo se encuentra un enorme diente del escualo, él ha desaparecido, intuimos devorado por el tiburón; la barca es encontrada por el jefe  Martin Brody y su ayudante Hendriks, luego el policía hablará con Sally, la viuda del pescador (novela). En el film son Brody y Matt Hooper quienes descubren la lancha, el oceanógrafo se sumerge y se produce el susto más grande de la película: en una hendidura surge la cabeza mutilada y seccionada de Gardner haciendo perder el diente que Hooper había encontrado mientras la viuda no aparece en absoluto ---
--- Vemos a Quint por primera vez en su barco hablando del tiburón (novela), en el celuloide hace su aparición en el ayuntamiento para ofrecerse por la captura del pez en la secuencia donde rasca la pizarra con las uñas para atraer la atención de todos ---
--- Más similitud tiene la muerte del niño Alex Kintner con la diferencia de que el policía Brody no está en la playa y es él quien comunica a la madre el terrible suceso  (novela) mientras que en el film la señora Kintner se entera por los periódicos de la existencia de otra víctima (la muchacha Chrissie Watkins en el inicio) y abofetea a Brody delante de todos y del tiburón- tigre (2) capturado por Ben Gardner que casi todo el mundo hace responsable de los ataques, menos Hooper (mide la boca y ve la no coincidencia) y Quint que pasa delante del muelle con su lancha y sonríe (su profesionalidad y experiencia le dice que aquel no es el tiburón tan buscado) ---
--- El director del periódico de Amity, Ben Meadows  (aparición fugaz, interpretado por el guionista Carl Gottlieb) tiene mucha más importancia en el libro, él es quien llamará al entendido Hooper y no Brody que lo hará en la película ---
--- No hay en la película las redes mafiosas que involucran a varios políticos corruptos, principalmente el alcalde Larry Vaughn, un tipo elegante que en el film es un egoistón algo hortera (como señala Ángel Sala), una máquina de calcular y hacer dinero por encima de todo con un lamentable nivel cultural aunque en ambos medios el personaje quiera silenciar y negar la existencia del enorme escualo  (fue interpretado  por Murray Hamilton, excelente como el resto de la plantilla, repitiendo su rol, como otros, en “Tiburón II”, de Jeanot Szwarc, tres años después) ---
--- No existe adulterio entre Ellen, esposa de Brody y el oceanógrafo Matt Hooper en el film, lo cual es un gran acierto: solo los tres hombres (Brody, Hooper y Quint) contra la bestia---
---La secuencia del 4 de julio difiere: en el original literario se produce el ataque a un muchacho que logra salvarse mientras Hooper vigila usando la lancha del desparecido Ben Gardner. En la película unos niños hacen una broma con una aleta de madera logrando asustar a toda la playa para a continuación aparecer el tiburón que vuelca una barca y devora a su joven ocupante y marcharse pasando por el lado de una barca de niños también volcada por la onda expansiva (donde está Micke, el hijo de los Brody) sin hacerles ningún caso ---
--- Incluso en el aspecto físico hay diferencias: La Ellen Brody del libro es más joven y menos inteligente que la del film; el jefe Brody parece en ocasiones como blanco de todas las desgracias mientras que en la película es alguien con mucho miedo y que deberá espabilarse por la supervivencia (siendo derrotados por el escualo el pescador Quint y el científico Hooper, será un hombre que tiene miedo al mar, Brody, quien acabe con el monstruo); Quint es más atlético y totalmente calvo con odio hacia los tiburones siendo el mar para él un medio de vida; Hooper es de las mismas características físicas de Brody (novela), en el film está mucho más seguro de lo que ha estudiado y de su experiencia personal, un tipo simpático (cínico e irónico en el texto literario)---
--- Quint siente odio hacia los tiburones porqué estaba presente en el naufragio del Indianápolis, el buque americano que entregó la bomba de Hiroshima. Antes de su rescate descubrió el cuerpo inerme de un amigo suyo devorado de cintura para abajo y vio morir a muchos compañeros suyos devorados por los tiburones (en el film) detalle explicativo que no aparece en el libro aunque allí se hable del “Carcharodon megalodon”, tiburón prehistórico (antecesor del blanco) con un tamaño de 15 a 20 metros (fósiles de dientes lo atestiguan) y se especula que el tiburón de Amity pudiera ser una cría de megalodon. Según la teoría de la “territorialidad”, el tiburón que nada en solitario (llamado “Jaquetón”) y encuentra comida en una zona no la abandona y sigue rondando allí hasta que sus presas se acaban (lo lee Brody en una enciclopedia y lo explica perfectamente Hooper en la película) ---
--- La persecución del tiburón y la parte final tiene también sus diferencias. Los tres hombres regresan a tierra por la noche (libro), en cambio pernoctan en “Orca”, la barca de Quint (film). En el escrito de Benchley: Hooper muere devorado por el escualo mientras se salva en su homónimo fílmico (refugiándose en el fondo mientras el animal acaba por destrozar la jaula donde momentos antes había estado el científico, a quien se le había caído el arpón envenenado hacia las profundidades, perdiendo interés por Hooper y volviendo a embestir la lancha para atacar a sus otros dos enemigos humanos). Quint muere arrastrado por el tiburón en uno de los cables de los arpones que él le ha clavado (rememorando al capitán Achab de “Moby Dick”) mientras que en el film cae por la cubierta de su inclinada barca hacia la boca abierta del escualo (en una escena tan terriblemente angustiosa como bien conseguida técnicamente) que le está esperando (cumpliéndose sobre su propia persona lo que dijo en el ayuntamiento: “Este tiburón le traga a uno entero, una sacudida, una dentellada y todo adentro”). El animal muere prácticamente desangrado a causa de los arpones clavados por Quint cuando está persiguiendo a Brody (novela) mientras en el film éste logra arrojarle un tanque de oxígeno de Hooper en la boca y con el fusil de Quint dispara hasta alcanzar la bombona de oxígeno que al estallar hace saltar al tiburón en pedazos. Hooper surge del fondo y ríe junto con Brody; antes pregunta ¿Y Quint? El jefe de policía contesta “No”. Ambos regresan a la costa apoyándose en los restos de madera de la barca y en los flotadores. El mar está tranquilo, la pesadilla ha terminado ---
Spielberg divide el film en dos parte: la primera hasta que empieza la cacería es cine fantástico y de terror, la segunda es de aventuras sin abandonar el suspense que atravesaba la parte primera. En el primer bloque evita enseñar el enorme tiburón agresor: una misteriosa fuerza surgida del fondo del océano arrastra a la muchacha Chrissie Watkins (Susan Blacklinie) descubriendo Brody sus restos a la mañana siguiente; la misma fuerza que arranca un muelle de madera y está a punto de devorar un pescador que logra salvarse; en el ataque al niño (en off) vemos una mancha de sangre y el colchón flotador totalmente destrozado y en la acometida del 4 de julio vislumbramos una enorme y monstruosa silueta bajo las cristalinas aguas que arrastra al joven del bote volcado (una pierna seccionada se hunde hacia el fondo como el brazo de Chrissie, también cercenado, estudiado por Hooper es el testimonio del primer ataque).
En la segunda etapa aparece ya a plena vista. Sorpresa cuando aparece delante de Brody mientras éste arroja carnaza por la borda. La enorme y triangular cabeza con las fauces totalmente pobladas de terribles dientes como puñales…. Brody retrocede aterrorizado, entra en la cabina y susurra a Quint: “Necesitará un barco más grande” (el tiburón blanco es el único que saca su cabeza fuera del agua para observar a su alrededor). Otro mérito de Spielberg es que trabajando sobre un animal de reconocida peligrosidad nos hace creer que estamos ante algo sobrenatural  y maligno, demostrando una inteligencia diabólica (un tiburón se guía por su instinto y actúa por impulsos) que ataca inesperadamente en aguas tranquilas y concurridas. Luego tendremos más vistas del animal, especialmente hacia el final cuando se arroja una y otra vez contra la barcaza como si supiera que con su potencia y el peso de su cuerpo puede hacer zozobrar la embarcación. El tamaño y peso no es exagerado: los más corrientes son de 5-6 metros (“mide 8 metros y pesa tres toneladas”, dice Quint cuando lo ve por primera vez) y en una ocasión, según datos, se capturó uno de 12 metros.
La dirección de Spielberg es muy acertada: la cámara submarina se mueve con total soltura apoyando para conseguir un formidable empaque visual, la cámara lanzada desde el punto de vista del tiburón (algo pocas veces hecho, al menos hasta la fecha del film), los primeros planos de personajes en el agua, inesperados zooms, picados y contrapicados que sacan provecho de la situación de la barcaza mientras el suspense es sensacional, sustos terribles que nos atenazaron en la butaca sazonados con intermedias escenas familiares costumbristas funcionando como tiempos “de respiro” y “tranquilidad”, todo ello imitado/copiado en las sucesivas películas del género (generalmente rutinarias y sin innovación cosa que Spielberg logró), a partir de ahora el cine fantástico y el de aventuras --- para bien y/o para mal --- ya no será el mismo (3). La interpretación es magnífica: Roy Scheider (jefe Martin Brody), Richard Dreyfuss (Matt Hooper) y Robert Shaw (Quint) y el resto de los figurantes.
En esta ocasión acierta John Williams la música adecuada para la película y aunque nos recuerde el inicio de la sinfonía 9 (sinfonía “Del nuevo Mundo”) de Antonin Dvorak quedó en la memoria de muchos. El film fue rodado en Martha’s Vineyard (Los viñedos de Martha), pequeño y pacífico pueblo con aguas poco profundo. Los efectos especiales de Robert Matey son impresionantes, combinando el tiburón artificial con filmaciones documentales (4), un rodaje muy duro pero vistos los resultados valió la pena (5)….

                                                        Narcís Ribot i Trafí

(*)- “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” se estrenó en España en 2011. Quizá otro día hablemos de ella.
1)- Ángel Sala- “Tiburón” (subtitulado “¡Vas a necesitar un barco más grande! El filme que cambió Hollywood”)- Círculo Latino S. L. Editorial y presentado en el Festival de Sitges el mismo 2005. Sin duda el más completo estudio sobre el film con filmografía de sucedáneos (terrestres inclusive), homenajes de otras películas con cierto tufillo plagiario, derivaciones y continuaciones. Ángel Sala es un auténtico fan y experto sobre cine fantástico, es también el actual director del Festival de Sitges y lo que más me complace: es amigo mío aunque actualmente (por nuestras obligaciones) nos veamos poco.
2)- El tiburón- tigre (Galeocerdo cuvier), llamado así por las rayas que envuelven su cuerpo semejantes a las del felino terrestre, el tiburón- toro (Carcharinus leucas) con su extraña y rápida adaptación al agua dulce y el tiburón oceánico de puntas blancas (Carcharinus longimanus) son las especies más peligrosas para el ser humano después del tiburón blanco.
3)-  Carlos Burgaleta y José- Luís Viruete- “Terror bajo las aguas” (“El cine de monstruos marinos”)-  Ilarión Ediciones (Madrid, 2010). Es un magnífico estudio sobre películas referentes a bestias marinas reales o imaginarias (a pesar de la portada totalmente hortera).
4)- Carl Gottlieb- “Diario de tiburón”- Editorial Sedmay (Barcelona, 1975). Libro muy recomendable explicando vicisitudes de rodaje y trucajes del mítico film escrito por el guionista del mismo. Durante mucho tiempo muy difícil de encontrar. Ahora ha aparecido una segunda edición a cargo de T&B Editores (2019).
5)- Actualmente ha de añadirse el libro “El cine fantástico de Spielberg” (subtitulado “Padres ausentes, niños perdidos”), de Federico Alba. Ediciones Encuentro (2017), colección Nuevo Ensayo nº 23.



lunes, 11 de noviembre de 2019

“DUEL” O “EL DIABLO SOBRE RUEDAS” (STEVEN SPIELBERG, 1971)



                  “Duel” (1971) fue estrenada en España como “El diablo sobre ruedas”. Se trata de una película producida por George Eckstein a cuenta de Universal, en principio para TV pero --- después de su sorprendente éxito --- pasada a la pantalla ancha. Es la “ópera prima” (o sea el primer film profesional tras varios  ensayos en plan cine amateur) de Steven Spielberg. “El diablo sobre ruedas”, primero en 16 mm, fue presentado por la cadena ABC el 13-11-1971. Posteriormente, después de unos retoques y añadidos (afortunadamente, en este caso, no chirrían) se preparó para cine en 35 mm dos años después (1973), ampliando la duración de 74 a 90 minutos.
El guión original es de Richard Matheson --- estupendo y reconocido autor de Ciencia Ficción, fantasía y terror, siempre sorprendente --- según su relato corto homónimo (1), publicado por vez primera en la revista Playboy. Pocas diferencias hay, quizás un poco más al pasar de telefilm a pantalla ancha, leí la historia hace años, visioné la película antes y ahora la he revisado y continúa siendo una muy buena cinta, algunos dicen la mejor de Spielberg: a pesar del poco presupuesto tuvo bastante libertad de filmación y eligió el sistema y los planos adecuados para llegar a buen puerto. El tema nacido de la lúcida mente de Matheson (2) no puede ser más sencillo (a quienes no les gusta el cine/la literatura fantástico/a dirán que absurdo): un hombre de clase media de vida normal, David Mann (Denis Weaver), casado y con dos hijos, en viaje de negocios circula por una carretera secundaria en una zona bastante aislada y desértica cerca de la frontera con México. Al adelantar un enorme y oxidado camión cisterna (aparentemente transporta inflamables) parece molestar al chófer --- nunca se le verá la cara --- el cual iniciará una persecuación mortal contra el coche y su ocupante, sea para aplastarlo o provocar un accidente con los mismos resultados. No hay lógica para su proceder, si se busca una explicación solo podemos pensar que el conductor del camión ha perdido totalmente el juicio al igual que en “The Birds” (“Los pájaros”, 1963) de Alfrd Hitchcock --- a quien Spielberg le debe varias ideas --- no se sabe nunca el porqué del ataque de las aves (en el breve relato de Daphne du Maurier, el punto de partida, si lo hay). Ello obligará a David Mann a sacar fuerzas de flaqueza  y aceptar forzosamente el duelo del título original que en condiciones normales él nunca hubiera entrado. Es una historia de David contra Goliat y al igual que en la narración bíblica no vencerá el más fuerte sino el más inteligente.
El rodaje de la película duró del 13 de septiembre al 4 de octubre de 1971 (en principio estaban previstos unos 14 días pero tuvo que alargarse), la produjo George Eckstein --- con un presupuesto de 400.000 $, cantidad bastante normal para la TV de ABC --- para Universal y recibió los premios del Festival de Cine Fantástico de Avoriaz (1973) para el realizador y Emmy de 1982 por el sonido, además de las candidaturas por la fotografía de Jack A. Marta en el Emmy 1972, la del Premio Globo de Oro al mejor telefilme (1972) y la del Saturno al mejor lanzamiento en DVD (2005). Se filmó en los espacios naturales de Route 14 y Soledad Canyon Road, carreteras circundantes en los casi yermos cañones al sur de California (3).
I)- CAMIÓN VERSUS COCHE
Actores como Gregory Peck, David Janssen y Dustin Hoffman rechazaron el papel de protagonista, recayendo finalmente en Denis Weaver (conocido como protagonista de la serie televisiva “McCloud”)  quien hizo un trabajo encomiable. El otro personaje principal no es humano, es el camión (recordemos que salvo algunos planos sobre las botas, brazos o manos nada sabemos del conductor del robiznado y amenazante trasto). Spielberg eligió un Peterbilt- 281 de 1956, no quería un camión moderno, chato, sino de los antiguos y con morro, puesto que ello recuerda más a un rostro humano (la naríz). Hizo añadir un depósito a cada lado de la parte inferior de la cabina (similitud con las orejas humanas) y embadurnar el vehículo con una espesa capa de pintura marrón para que se viera oxidado y la luna delantera ensuciada con restos de alimañas (de esta forma no se veía con claridad al conductor). El camión estaba muy deteriorado y, además, al final ha de quedar totalmente destrozado al caer por un precipio. Durante la filmación se utilizó un segundo camión, un Peterbilt- 281 de 1960, debidamente “maquillado” como su pariente de más edad. La escena del desenlace se rodó al natural, sin maquetas ni trucos y el camión quedó totalmente destruído pero no se incendió como en el cuento de Matheson; Spielberg prefirió narrar detalladamente la agonía del “monstruo” (chatarra retorciéndose, varias vueltas de campana, estruendo, mucho polvo). La difícil secuencia final se rodó con seis cámaras con la finalidad de tener abundante material para elegir en el montaje. Punto y aparte merece el especialista Cary Loftin como el conductor del camión (nunca se le ve el rostro, repito) quien mantuvo la dirección del vehículo hasta pocos metros del barranco y luego saltó en una maniobra arriesgada para después el montaje borrar el salto aunque quedara la puerta abierta: da absolutamente igual, el conductor “muere” con su camión; David se queda unas horas mirando al destrozado cisterna --- gritando su victoria, él también se ha transformado, de cazado a cazador y de hombre apocado a resolutivo y sin miedo ya que las circunstancias para sobrevivir le han convertido en otro hombre, diferente del que era antes --- y nadie sale de la cabina en vistas a una posible secuela (hoy en día tan frecuente si el film tiene éxito comercial pero para nada se pensó en ello, ni Spielberg, ni Matheson, ni tampoco Eckstein y la película funcionó en taquilla y como aportación artística y también lo fue de crítica aunque esto, muchas veces, ninguna relación tenga con la calidad del film y/o el éxito comercial). Parece ser, según noticia posterior, que se utilizó un tercer Peterbilt, un 351 de 1964, para escenas extras en miras a las salas de cine. El camión despeñado (en única toma, por supuesto) fue el original, el de 1956.
También acertada la elección del coche de David Mann: un Plymouth Valiant- 1970 de color rojo para destacar y no confundirse con los ocres y marrones del paisaje desértico por donde circula, ni tampoco con su oponente oxidado.
La puesta en escena de Spielberg casi acaricia la perfección. Su narrativa planificadora nos hace creíble lo increíble y absurdo, de una historia cuyo resultado podría resultar equivalente al cansancio y a lo insípido (solo la carrera, persecución camión- coche, una “road movie” --- películas de coches, carreteras o carreras --- aburrida, insulsa y posiblemente mala), saca partido al sabio uso del montaje alternado (de Frank Morris) y soluciones del lenguaje televisivo --- recordemos que en su origen era un celuloide para TV --- que si bien en muchos casos el trasplante ha perjudicado al cine de pantalla ancha (en muchas ocasiones se busca la comodidad y el abaratamiento del producto reduciendo la creatividad siempre debida por parte del director), aquí funciona perfectamente gracias al estilo implantado por Spielberg el cual también se inspiró en Hitchcock en algunos recursos como el montaje acelerado (descomponer una escena en varios o muchos planos breves) de algunas secuencias de tensión así como también estos citados elementos propios de las TV como los ritmos vertiginosos, los planos bastante o muy cerrados, las distorsiones ópticas producidas por el zoom y el “ojo de pez” (hoy se abusa mucho, y gratuitamente de ellos y de las falsas distancias para lograr deformaciones y emocionar o aterrar al espectador) o el montaje salteado. Con todo ello Spielberg consigue fabricar una atmósfera, un ambiente claustrofóbico de angustia, casi desesperación por parte del perseguido, una sensación de “aplastamiento” inminente cuando el camión se acerca al coche lo cual confiere a la película un suspense tan original como bien conseguido. No pasa, como en muchas ocasiones, en callejones oscuros en la nocturnidad o en bosques aislados o mansiones/castillos aterradores sino a plena luz del día durante kilómetros y más kilometros en carreteras poco frecuentadas y zonas desérticas con escasas paradas (bares, paradores, gasolineras) durante el trayecto. Un punto para añadir al suspense “in crescendo” es el que terceras personas a quienes pide ayuda (solo una llamada a la policía) no le crean en absoluto y piensen de él como un desquiciado: los dos hombres en el café de Chuck cuando logra frenar aparatosamente, la pareja de ancianos, el conductor del autobús escolar o la señora Sally que regenta la segunda gasolinera además de exponer serpientes y otros animales en jaulas; este personaje, a diferencia de los demás, será testigo del ataque del camión asesino, perseguidor de Mann, el cual le ha destrozado todo el local y no puede llamar a la policia ya que el único teléfono ha quedado inutilizado...
Las escenas donde el camión gana terreno y se aproxima al coche, creando una sensación de inquietud, están filmadas desde el asiento trasero del vehículo de Mann mediante planos subjetivos en combinación con el zoom deformante de la perspectiva, aquí muy bien utilizados.
Hay otros títulos, algo inspirados en el film de Spielberg, sobre coches asesinos atacantes de los humanos pero el enfoque es diferente, entrando en el terreno de lo sobrenatural mientras que en “El diablo sobre ruedas” sabemos de un ser humano (?) conductor.  Recuerdo “Christine” (“Christine”, 1983), de John Carpenter según la novela homónima de Stephen King en donde un Plymouth Fury- 1958 cobra vida y parece enamorarse del muchacho que lo compró, a veces se autoconduce, se regenera cuando es destrozado por unos gamberros a los que persigue y atropella uno por uno. Realización correcta --- nada más --- de Carpenter quien se quejó sobre el modelo de coche por ser poco impresionante, demasiado normal, cara al espectador. Más sobrecogedor es el Lincoln Mark III (1968-1971), negro con cristales opacos (arreglos en los faros, parachoques y carrocería para ser más terrorífico) de “The Car” (“El asesino invisible”, 1977), de Elliot Silverstein, sobre un coche que aparece en una comarca y en lugares solitarios atropella a inocentes vianantes o ciclistas. Tampoco se ve nunca el conductor pero el hecho de que unos niños de un colegio con sus profesores en día de fiesta puedan zafarse del terrible coche al refugiarse en un viejo cementerio (el automóvil no puede entrar en el recinto por más que lo intente, es tierra sagrada) nos da evidencias de quien lo conduce e igualmente en la impresionante camioneta, también negra, Chevrolet que persigue a un sacerdote que ha perdido su fe (afectado por la muerte de un niño en un cruce de balas policía- delincuentes en el atraco a un banco) por carreteras secundarias y desérticas: un sketch de los cuatro componentes de “Nighmares” (“Pesadillas”, 1983), de Joseph Sargent. En el momento que la camioneta aparece delante del coche desde debajo la tierra estamos ya ante un relato sobrenatural. El sacerdote volcará y saldrá malherido de su automóvil pero logrará arrojar lo primero que tiene a mano contra el vehículo perseguidor que se esfuma inmediatamente. Luego se dará cuenta que era un recipiente con agua bendita aún guardado en su coche. Al atender al herido los de la ambulancia le dicen que van a llevarle al hospital y él contesta: “No, a la parroquia”...
II)- COCHE VERSUS CAMIÓN
Hay cinco añadidos (la mayoría de espectadores no han visto la versión original para TV) para la traslación a pantalla ancha. Exponiendo el esquema del guión y gracias al formidable estudio de Santiago García podemos saber: el primer añadido está ya en el logotivo de “Universal” ACTO I --- El segundo está en el asiento del conductor (autoreflexión de David, piensa o habla consigo mismo) en la primera secuencia, escucha un programa radiofónico matutino de extrema estupidez --- Aparición del camión (tubo de escape hacia arriba, David habla consigo mismo de contaminación), el coche adelanta, despues, sorprendentemente, el camión adelanta al coche --- La primera gasolinera, para. El camión también lo hace. David mira bajo el camión y ve las botas del conductor que reclama al empleado ser atendido haciendo sonar el ruidoso claxon (es el tercer añadido cinematográfico). David llama a su casa, su esposa le reprende (tercer añadido). Vemos los dos niños jugando mientras la madre está al teléfono. El empleado le indica que debería cambiar el manguito del radiador. Él contesta que en otro momento, hay prisa. El empleado: “Usted manda”. David: “No en mi casa” (ironia de Spielberg). Los añadidos 2 y 3 son para subrayar a Mann como un hombre algo pusilánime y tímido ---De nuevo en la carretera: un adelantamiento casi mortal, ahora ya se ven las intenciones asesinas del camión --- El ACTO II empieza con el tercer adelantamiento y la persecución hasta el café de Chuck (pura acción) --- El ACTO III en el café de Chuck: frenazo brusco del coche cerca del establecimiento ¡El camión está fuera! --- Reflexiona sentado en una mesa --- Culpa a un camionero y le amenaza con llamar a la policía, éste le pega dos puñetazos y los clientes le toman por un desquiciado. El dueño del local calma al camionero y este se va. Ahora Mann ve que se ha equivocado, no era este. Sube a otro camión. Su perseguidor también arranca --- ACTO IV. David reemprende la marcha --- Aparece un autobús escolar (4º añadido para el cine), David quiere ayudar pero escapa: por detrás aparece el camión. Por el retrovisor ve al camión empujando al autobús para ayudarle a ponerlo en marcha (ironía) --- Ataque al paso a nivel (5º añadido): Mann se para ante un paso a nivel, pasa el tren. Aparece el camión por detrás y le empuja lentamente hacia la vía. Logra zafarse en tiempo justo que acaba de pasar el tren y se alzan las barreras --- Huye, llega a la segunda gasolinera, aparece el camión el cual se dirige directo hacia la cabina telefónica. Logra huir en el último segundo. El camión destroza todo el establecimiento --- ACTO V. Parece que el hombre ha logrado burlar a su enemigo. Queda dormido en su coche cerca de un cementerio de automóbiles. Despierta, ve al camión parado, como una fiera acechando a su presa. Mann desciende de su coche y se acerca al camión, este retrocede hasta desaparecer. Parará a un coche antiguo de una pareja de ancianos que no le hacen caso. De nuevo en carretera, vuelve a ver el camión detrás de él --- ACTO VI. Da la sensación que David acepta el reto, que ha perdido el miedo. El manguito del radiador falla, pierde velocidad, el camión otra vez detrás, a punto de alcanzarle. David logra poner su coche en marcha y sube por el desvío hacia un promontorio --- Confrontación final: llega arriba, sabe que su enemigo llegará dentro de unos momentos. Gira el coche, pone su maletín bloqueando el acelerador y salta. El Plymouth choca con el Peterbilt y se incendia. Intento de reducir la velocidad, pisa el pedal del freno pero no hay tiempo (dos planos subjetivos desde el asiento del conductor). Camión y coche se despeñan (en un solo plano) mientras se oye por última vez el sonido de su estruendosa sirena. Al caer los dos vehículos la imagen se ralentiza. No hay incendio (prueba que la cisterna estaba vacía, justificando la alta velocidad desarrollada en las persecuciones). Una piedra que rueda hacia la cámara pone punto y final al clímax (una gota de aceite y una rueda girando hasta detenerse testifican la muerte de “la bestia”). David salta de júbilo y celebra su victoria. Ha perdido el coche y el maletín pero ha sobrevivido. ¿Quien era el conductor del camión? ¿Porqué perseguía a muerte a David Mann? Él nunca lo sabrá y nosotros tampoco. Son “macguffins” o sea pretextos (herencia hitchcockiana) que llevan la trama al desarrollo pero que luego pierden importancia ...
Las escasas 27 páginas del libro pudieron facilitarle en mucho su trabajo para el pase a la pantalla (primero pequeña, después grande). Formuló unas situaciones las cuales pasarán a ser escenas y dado que además de excelente escritor era un curtido e imaginativo guionista encontró lo justo para funcionar sin saltos ni alargos innecesarios y superfluos. Veamos algunas diferencias libro- film:
--- En el libro se trata de un camión cisterna con trailer cisterna, ambas unidades con seis pares de ruedas. El camión está abollado y las dos cisternas (mal) pintadas de un color plateado barato ---
--- El libro nos informa de la matrícula del camión: California, y lleva un letrero con el apellido Keller (en un momento Mann parece leer “Killer” = “Asesino”). En el film lleva varias matrículas como trofeo (o como piezas de caza/víctimas según algún comentario) ---
--- El David Mann literario es un hombre más tosco (dice palabrotas, blasfema), el de la película es más educado y cultivado ---
--- La novela corta carece de las  sigüientes secuencias: de la 1ª gasolinera; del autobús escolar, los dos hombres al aparcar delante el café de Chuck, allí no dice nada, ni amenaza a ningún camionero al cual cree (equivocadamente) su perseguidor, solo reflexiona y por tanto no recibe ningún puñetazo; la pareja de ancianos en su coche, la 2ª gasolinera, la señora Sally y sus bichos, el paso a nivel ---
--- La parte final ya comentada. En el relato piensa que va a morir dentro de su coche que casi no puede correr. El camión no tiene tiempo de coger el desvío y se precipita por el barranco. Estalla, se incendia y luego estalla el trailer, produciendo otro incendio y una onda expansiva mayor que roza a David ---
Podríamos decir que el libro es telegráfico, comprimido y funcional además de bien escrito, cualidades para un relato breve. La película tiene equivalentes cualidades correspondientes a la cinematográfica y enriquece notablemente el trabajo de Richard Matheson ...
No tengo carnet de conducir, no he conducido nunca y a pesar de los inconvenientes estoy más tranquilo y más después de visionar esta interesante “El diablo sobre ruedas”.
                                                                                                                              Narcís Ribot i Trafí
1) “El diablo sobre ruedas” se publicó en castellano en una recopilación sobre Richard Matheson. El relato principal es el de “El increible hombre menguante” y el que da título al libro. Le siguen “La prueba”, “Mantage”, “El repartidor” y “El diablo sobre ruedas”. Editorial “La Factoría de iIdeas” (2006).
2)- Richard Burton Matheson (USA, 1926- 2013) ya escribía a los ocho años, después de la II Guerra Mundial cursó estudios de periodismo en Missouri y a principios de los cincuenta empieza a ser conocido en el campo de la fantasía, el terror y la Ciencia- Ficción. Entre 1953 y 1954 escribe dos de su más famosas novelas: “El increíble hombre menguante” y “Soy leyenda” y entra en el mundo del cine como guionista, productor e incluso actor. Fue guionista de sus propias novelas: “El increible hombre menguante” (Jack Arnold, 1957) y la primera de las tres versiones de “El último hombre sobre la Tierra”/”Soy leyenda” (co-guionista junto con otros tres). Entre su prolífera y cuantitativa producción será también guionista de la serie de Roger Corman con Vincent Price según relatos de Edgar A. Poe (cuatro de los siete títulos), incluso dos para Hammer- Films dirigido uno por Terence Fisher (“The Devil’s Rides Out”, 1968, según novela de Denis Wheatley). También entró en TV (“Twilight Zone”). Otro título destacado basado en libro suyo con propio guión es “La leyenda de la mansión del infierno” y muchos más. Es uno de los más grandes cultivadores del género. El choque real- fantástico es lo más característico de sus producciones con fricciones, fusiones e inversiones de ambos vectores.
3)- “El diablo sobre ruedas”- “Guías para ver y analizar” nº 51 de Santiago García Ochoa. “Nau Llibres” (Valencia, 2013). Magnífico y completo estudio además de desmenuzar el guión y comentar escena por escena. Imprescindible.



domingo, 20 de octubre de 2019

“THE MASK OF FU MANCHU” (“LA MÁSCARA DE FU-MANCHÚ”), CHARLES J. BRABIN, 1932)



                       Imagínate una figura clásica de mandarín chino: un hombre de alta estatura; delgado, de miembros recios, felino en sus actitudes y movimientos, con un entrecejo como el de Shakespeare y un rostro de expresión verdaderamente satánica. De su cráneo afeitado pende la coleta tradicional de los hijos del “Imperio Celeste”. Sus ojos tienen el fulgor magnético de los ojos de la pantera. (“El demonio amarillo”, relato de Sax Rohmer, 1913)

                La sociedad secreta del Si-Fan con sede en el Tíbet realizaba su habitual reunión presidida por su líder, el siniestro Dr. Fu- Manchú, el cual transmitía las consignas para conseguir su objetivo final: el dominio absoluto del mundo. Esta corriente y descriptiva escena será popularizada por un serial de 1940 en 51 episodios, típico de la compañía norteamericana Republic: “Drums of Fu-Manchu” (“Los tambores de Fu-Manchú”), en España distribuida en tres jornadas (“Los tambores de Fu-Manchú”, “La venganza del Si-Fan” y “La venganza de Fu-Manchú”), eficazmente dirigida por el especialista William Witney y John English. La fama de esta obra y del personaje aún crecerá más gracias a una colección de cromos igualmente muy popular.
Fu-Manchú nació de la pluma del escritor inglés Sax Rohmer, pseudónimo de Arthur Henry Sarsfield Ward (1883- 1959), muy prolifero cuya popularidad la ganó principalmente con sus trece novelas sobre este genio del mal (*). La primera historia del personaje, “The Myteri of Dr. Fu-Manchu” (“The Insidious Dr. Fu-Manchu”, título para U.S.A. y “El misterio del Dr. Fu-Manchú”, para España) se editó en 1913.
Antes de la compañía Republic ya se habían realizado diversas versiones cinematográficas. Retrocediendo más en el tiempo: A. E Coleby dirige a cargo de Stoll Pictures en 1923 la primera versión cinematográfica de este excitante personaje, “The Mistery of Dr. Fu-Manchu”, distribuida en 15 episodios. Avalada por el éxito la Stoll Pictures dio un año después la segunda versión del tema: “The Further Mysteries of Dr. Fu- Manchu” (1924), de Fred Paul, en donde Harry Agar Lyons daba su 2ª interpretación del inteligente y malvado oriental.
The mysterious Dr. Fu-Manchu” (1929) fue la entrada de Paramount en el tema en donde Warner Oland encarnaba al diabólico personaje. La siguiente fue “The Return of Dr. Fu-Manchu” (Paramount, 1930), repitiendo Rowland V. Lee (realizador) y Warner Oland (actor), primera versión que llegó a España aunque titulada absurdamente “La expiación de Fu-Manchú”. Continúan los asesinatos, puertas secretas, profundos pozos donde van a parar algunas víctimas, animales venenosos colocados para actuar, trampas mortales, etc., todos los ingredientes necesarios en una cinta de Fu-Manchú. Con “Daughter of Dragon” (“La hija del dragón”, 1931), de Lloyd Corrigan, Paramount daba su tercera y última cinta mientras que Warner Oland se despedía de su papel que tanta popularidad le había dado.
Llegamos a 1932, año de la producción de “The Mask of Fu-Manchu” (“La máscara de Fu-Manchú”) a cargo de M. G. M., con realización de Charles Brabin y con un Boris Karloff en alza  tras entrar en el cine fantástico y de terror gracias a “Frankenstein” (“El Dr. Frankenstein”, 1931), de James Whale y “The Mummy” (“La momia”, 1932), de Karl Freund, ambas de Universal Pictures. “La máscara de Fu-Manchú” es la joya de la filmografía y uno de los jalones esenciales de cualquier antología fantástica.
La película, al igual que las novelas de Rohmer, fue acusada de racista por el hecho de acentuar sobre el “peligro amarillo” ya que el deseo de Fu-Manchú es eliminar/esclavizar a toda la raza blanca, especialmente británicos. Estos detalles racistas se reparten por igual en el film, p. e. Nayland Smith, inspector de Scotland Yard y secular enemigo de Fu-Manchú dice “Maldito demonio amarillo” mientras el chino insulta a Terence Granville al ver que le he traído una espada falsa y no la de Gengis- Kahn (la cual junto a la máscara del líder mongol le permitiría el dominio de toda Asia y después del mundo), “Perro blanco” y en otra ocasión su hija Fa-Lo-See, tan malvada como él, exclama ante un Granville inconsciente “¿Verdad que está bien plantado este hombre?” a lo que Fu-Manchú responde “Sí, a pesar de ser un hombre blanco”.
El argumento sobre la 5ª novela de Sax Rohmer --- guión de John Willard, Edgar Alan Wolfe e Irene Kuhn --- cuya similitud entre ambas es pura coincidencia trata del intento del diabólico doctor para apoderarse de las máscara y la espada del conquistador  Gengis- Kahn (1162- 1216), reliquias que le garantizarían la sumisión de millones de personas. Naturalmente con la feroz oposición de Nayland Smith y sus amigos: Liolnel Barton, jefe de la expedición a Mongolia, Terence Granville, arqueólogo y novio de Sheila Barton, hija de Lionel. Después de innumerables aventuras lograrán escapar de la garras de Fu-Manchu, Terence desvía el “rayo de la muerte”  (otra invención del maléfico personaje) sobre el diabólico doctor y le golpea con la famosa espada (en realidad es una imponente cimitarra, propia del mundo árabe, no mongol, pero podría ser un botín de guerra del cual se prendaría el conquistador).
La originalidad  y la calidad del film no reside en su argumento --- previsible algunas veces, ingenuo otras --- sino en en el sadismo (atrevido en la época) desprendido por la realización de Charles Brabin, oscuro realizador de obra breve y casi desconocida el cual con este título se convirtió en la película de su vida. Brabin fue marido de la “vampiresa” Theda Bara (uno de los matrimonios más duraderos de Hollywood), antiguo ayudante de pioneros como Griffith y Edwin Porter y conoció cierta relevancia con algunos seriales para retirarse un año después de la realización de “La máscara de Fu-Manchú”, 1933.
Nos encontramos de nuevo con trampas mortales, pozos repletos de serpientes, experimentos de Fu-Manchú con venenos y brebajes para anular la voluntad de la gente y convertirlos en “dakois” (esclavos a su servicio), bases submarinas con cocodrilos que amenazan a Sir Nayland Smith; Barton, prisionero y atado, sufre de sed pero no quiere confesar donde esconde la máscara y la espada, Fu-Manchú restriega en su cara diversas frutas y le hace beber agua añadiendo “Perdone, olvidé decirle que el agua estaba salada” para luego hacer resonar constantemente una campana en el oído de su cautivo. Otra escena impactante es cuando Terence arranca la máscara de oro apareciendo la calavera de Gengis Khan y surgiendo una enorme tarántula de una de sus cuencas vacías. Son fragmentos inolvidables reforzados con la magnífica fotografía en blanco/negro del espléndido cámara Tony Gaudio junto a la interpretación de Boris Karloff (Dr. Fu- Manchú), Lewis Stone (Nayland Smith), Karen Morley (Sheila Barton), Myrna Loy (Fa- Lo- Se), Charles Starred (Terry/Terence Granville), etc.
La máscara de Fu-Manchú” es uno de aquellos míticos films de la “Edad de Oro” que ha resistido y se ha enriquecido con el paso del tiempo para los auténticos aficionados, no por los consumidores de efectos especiales, sangre y vísceras del triste panorama propio del fantástico actual. A diferencia de “King- Kong” /“King- Kong” (Ernst B. Schoedsack y Merien C. Cooper, 1933), “Bride of Frankenstein”/”La novia de Frankenstein  (James Whale, 1935), “Freaks” /“La parada de los monstruos” (Tod Browning, 1933), etc., “La máscara de Fu-Manchú” está construida con material similar al alimentador de los seriales y ello enriquece el relato fílmico y, por supuesto, los efectos especiales están al servicio de la atmosférica narración (a la inversa de mucho “fantastique” actual), sin música (como el primer “Frankenstein”/”El Dr. Frankenstein”, de James Whale en 1931) mientras la deslumbrante técnica únicamente es utilizada para crear el efecto integrador en la trama, los decorados mostrados son mezcla de estilos y civilizaciones diversas (arte árabe, hindú, además del chino), el uso de la luz es utilizado con gran precisión y los “momentos de delirio” se pueden comparar perfectamente a los de Browning, Whale, Schoedsack o Erle C. Kenton  en “Island of the Lost Souls” (“La isla de las almas perdidas”, 1932), auténticos creadores de cine fantástico de entre guerras.
Las solamente honestas y discretas aventuras --- cinco en total y en régimen de coproducción --- en color sobre el personaje encarnado por Christopher Lee (perfecto el el rol que ha interpretado más veces después de su Drácula), están dirigidas las dos primeras por Don Sharp, “The Face of Fu-Manchu” (“El regreso de Fu- Manchú”, 1965) y “The Brides of Fu-Manchu” (“Las novias de Fu- Manchú”, 1966), la tercera por Jeremmy Summers, “The Vengeance of Fu- Manchu” (“La venganza de Fu- Manchú”, 1967) mientras que la cuarta y la quinta serán realizadas por Jesús Franco, “Blood of Fu-manchu” (“Fu-Manchú y el beso de la muerte”, 1969) la cual en nada desmerece a las tres anteriores en sentido de mediocridad y “The Castle of Fu-Manchu” (“El castillo de Fu-Manchú”, 1969) en donde literalmente se “asesina” al personaje (rodada en el Parc Güell y en el Zoo de Barcelona, se nota a simple vista, al igual que cuando Fu-Manchú demuestra su poder hundiendo un barco se notan los extractos de “La última noche del Titanic”), es totalmente grotesca y de lo más risible que haya visionado en mi vida de aficionado al cine fantástico. Ninguna de esta pentalogía puede ni de lejos igualar el éxito artístico y comercial de “La máscara de Fu-Manchú”, auténtica joya del personaje en el cine......

                                               Narcís Ribot i Trafí

(*)- Las novelas de Sax Rohmer sobre el personaje de Fu-Manchú son:
-”The Mystery of Dr. Fu-Manchu”/”The Insidious Dr. Fu-Manchu” (“El misterio del Dr. Fu-    Manchú”/”El demonio amarillo”/”El misterioso Dr. Fu- Manchú”), 1913-
-”The Return of Dr. Fu-Manchu”/”The Devil Dr.” (“El regreso del Dr. Fu-Manchú”), 1916-
-”The Hand of Fu-Manchu”/”The Si-Fan Mysteries(“La mano de Fu-Manchú”), 1917-
-”Daughter of F.” (“La hija de F.”), 1931-
-”The Mask of F.” (“La máscara de F.”), 1932-
-”The Bride of F.”/”Fu-Manchu's Bride” (“La novia de F.”), 1933-
-”The Trail of F.” (“El rastro de F.”), 1934-
-”President F.” (“Presidente F.”), 1936-
-”The Drums of F.” (“Los tambores de F.”), 1939-
-”The Island of F.” (“La isla de F.”), 1941-
-”The Shadow of F.” (“La sombra de F.”), 1948-
-”Re-Enter F.”/”Re-Enter Dr. F.” (“Regresa F.”), 1957-
-”Emperor F” (Emperador F.”), 1959



miércoles, 25 de septiembre de 2019

TRES REQUIEM SOLEMNES


Réquiem, del latín “Requiem= Descanso”, es la misa de difuntos, oración por los difuntos antes, durante o después del entierro. También recibe el nombre de “Misa de Réquiem” (“Missa pro defunctis” o “Missa defunctorum”). Nació en la Iglesia Católica pero también fue usado en otras iglesias cristianas como la Ortodoxa, la Luterana o la Anglicana. Su denominación procede de las primeras palabras del “Introito”: “Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis” (“Concédeles el descanso eterno, Señor, y que brille para ellos la luz perpetua”).
Generalmente se siguen los movimientos de la eucaristía católica (recordemos que la Iglesia Luterana carece de eucaristía) supriemiendo el “Gloria” y el “Credo” y cambiando el “Aleluya” por el “Tractus”. Regularmente la estructura del “Réquiem” es: I) Introitus, II) Kyrie, III) Graduale, IV) Tractus, V) Sequentia, VI) Offertorium, VII) Sanctus, VIII) Benedictus, IX) Agnus Dei, X) Communio, XI) Responsorium, XII) Antiphona y XIII), alguna oración/canto añadido, optativo, siglo XIX. A partir del Concilio Vaticano II, sin suprimir el latín, estas composiciones fueron traducidas a las correspondientes lenguas propias de cada país.
Interpretados en la iglesia los réquiem, después, lo fueron también en las salas de concierto.



1)- EL REQUIEM DE MOZART

Mozart, divino Mozart….” (Franz Schubert, músico)
A Mozart no se le prefiere, se le ama” (Jean-Victor Hocquard, musicólogo y escritor)
        
                            Wolfgang Amadeus Mozart nació un 27-marzo-1756 en una modesta casa de   Salzburg (Austria) cuando el momento musical europeo muestra todo un amplio abanico de posibilidades. Hay una serie de formas en evolución en un tiempo rico y variado cuando acaba de finalizar el Barroco Tardío, fechado exactamente por algunos en 1750 cuando muere el sin par Juan-Sebastián Bach, observándose una corriente de profunda renovación que atraviesa todos los géneros, alcanzando, alguno de ellos su forma definitiva. Hay un tipo de música más ligera y melodiosa, con acompañamiento más simple que la del Barroco y cuyo fin primordial es el entretenimiento y la distracción del auditorio. Esta música se identifica con el período Rococó, manifestado también en otras artes (arquitectura, pintura, escultura e incluso la vestimenta, la jardinería y la construcción de muebles).
Aquí aparece Mozart  (la evolución musical  aún continuará), pilar del Clasicismo Musical junto a su gran amigo Joseph F. Haydn y el futuro Ludwig van Beethoven. La obra que Mozart legó a la posteridad presenta unas proporciones vastas e inusitadas: unas 800 obras en menos de 36 años, en las que la calidad no desmerece nunca y, casi siempre, se mantiene a un altísimo nivel (sólo parangonable a Juan S. Bach el cual produjo más de 1000, pero vivió 65 años).
Siendo un “niño prodigio” (como Schubert o Mendelsshon) la actuación de su padre, Leopold Mozart, músico académico y competente, pero “sin genio”, fue beneficiosa (en contra de algunas opiniones) al encauzar positivamente el camino musical de su hijo.
Las primeras composiciones datan de 1761 (a sus 5 años) y en el último año de su breve vida (1791) recibió un inesperado encargo para componer una “Misa de Réquiem” (“Misa de difuntos”) haciendo una pausa en la elaboración de su gran ópera (prácticamente finalizada) “Die Zauberflöte” (“La flauta mágica”, marzo-julio de 1791). Seguramente Mozart empezó a escribir el “Réquiem Aeternam” (en Re menor, K 626) en agosto si bien debió posponer el trabajo cuando le llegó el encargo de la que sería su última ópera: la hoy revalorizada “La clemencia de Tito” (agosto-septiembre). El 5-diciembre-l791, enfermo y angustiado, fallecía Mozart. Muchos han comentado que consciente o inconscientemente la obra la compuso para sí.
Su viuda, Constanza (que acababa de dar a luz), encargó la terminación de “Réquiem” a J. Ebler, músico muy estimado por su marido, más éste, ante los primeros compases del “Lacrimosa”, no se atrevió a continuar pasando el comprometido encargo a F. Süssmayer, fiel alumno de Mozart.
En el momento de la muerte de Mozart la situación de la obra era esta: los dos primeros episodios (“Introito” y” Kyrie”) estaban terminados; los seis pasajes estaban completados en las partes vocales y solamente esbozados en las partes instrumentales; el “Lacrimosa” se interrumpía en el 8º. compás, mientras que los fragmentos “Domine Jesu Christe” y “Hostias” (las dos partes compositivas del “Offertorium”) estaban sólo señalados en sus líneas generales mientras el “Sanctus”, el “Benedictus” y el “Agnus Dei” faltaban por completo.
Siempre se discutirá la forzada aportación de  Süssmayer (como lo sería igualmente la de cualquier otro), nunca sabremos como hubiera sido la obra enteramente realizada por el maestro pero podemos decir que el “Réquiem” es la elegía de un artista moribundo, una lamentación pura y humana” (1); hay resignación ante la muerte física inevitable pero también hay fe en la inmortalidad ideal. Es una pieza de una belleza conmovedora que abrirá el seguimiento de otros “Réquiem” (especialmente en el Romanticismo) de futuros músicos: Johannes Brahms, Gabriel Fauré, Giuseppe Verdi o Robert A. Schumann….
Recordemos el ritmo anhelante y resignado del “Introito” con estilo polifónico, la salmodia gregoriana del 2º y 3er. movimiento; la gran fuga (que nos recuerda a Haendel) en torno al “Kyrie Eleison”, cuyo contratema rápido sobre el “Christie Eleison” desarrolla sus vocalizaciones; el grandioso coro, sin descanso, para voces y orquesta del “Dies Irae” (“Dies Irae”, “Turba Mirum”, “Rex tremedae”, “Recordare”, “Confutatis” y “Lacrimosa”, junto con el “Ingemisco” son las siete partes que componen la “Sequencia”) que sugiere lo desconocido (de gran estima para los románticos); estilo concertante en un solo trombón para los versículos del “Turba Mirum”; del grito a la plegaria urgente que acaba en polifonía en el “Rex tremendae”; la arrolladora intensidad del “Recordare”; la alternativa violencia-pasión en el episodio dramático del “Confutatis”; el crescendo subido de tono del “Lacrimosa”; el motete contrapuntístico del “Domine” y el motete de gran serenidad con la destacable actuación de los violines que es el “Hostias”. El “Sanctus”, el “Benedictus” y el “Agnus Dei”, como hemos dicho, no son de Mozart.
El dramatismo del “Réquiem” no está pensado como golpe de efecto, es la visión desnuda de la vida terrena al levantarse el telón que la separa de la eternidad (2)….

                                                                    
1)- “Mozart, repertorio completo” (Editorial Cátedra/Clásica, 1994), de Amedeo Poggi y Edgar Vallora.
2)- Le preguntaron a G. Rossini “¿Quién es el más grande de los músicos?”. Respuesta: “¡Beethoven!”. “¿Y Mozart?”. Respuesta: “¡Oh, él, es el único!” (en esta época aún no estaba del todo “redescubierto” Juan-Sebastián Bach. De haberlo sido, la respuesta sería aún más difícil).





2)- EL REQUIEM DE BRAHMS


“Mientras el mundo siga enorgulleciéndose de personas como Brahms, con el corazón de un niño y el carácter de un héroe, no temo por la humanidad” (Dr. Richard Fellinger)


                                              Johannes Brahms (Hamburgo, 1833-Viena, 1897) presentó ya desde la infancia su vocación musical, bien secundada por su padre Johan Jakob Brahms, contrabajista e instrumentista bastante modesto y peor pagado.
 Brahms no fue un “niño-prodigio” como Mozart sinó un músico de estudio constante, muy meticuloso y exigente con sus composiciones (la 1ª. de sus 4 sinfonías fue gestada durante 21 años, 1855-1876, ya que no se atrevía a elaborar tal composición en su juventud). Era respetuoso con las formas heredadas (por lo que fue tachado, falsamente, de conservador), bebió esencialmente de las fuentes clásicas de un Mozart y un Beethoven en un tiempo en que el Romanticismo estaba ya finiquitado. Considerado clásico y académico fue en realidad un gran innovador; sólo él tuvo el atrevimiento, p. e., de introducir una estructura de chacona en homenaje a Juan Sebastián Bach, algo nunca visto, en el episodio final de su 4ª. sinfonía. Todo ello deja muy claro que es muy difícil separar lo que es invención temática y forma: una y otra van indivisiblemente unidas.
Pocos artistas han conseguido tanto como Brahms con su admirable economía de material (como el pintor que partiendo de escasos y austeros colores en su paleta logra obras magistrales). Durante su evolución eliminó la omnipresente repetición temática usada por muchos y rechazó los adornos, oropeles y la ampulosidad musical. Todo estaba calculado, todo en función de la música y su riqueza de significados.
La elaboración de su famoso “Ein Deutsches Requiem” (“Réquiem Alemán”, opus nº 45) requirió 12 años (1856-1868) en una época de transición humana y musical del autor. En muchos aspectos el “Réquiem” ocupa un lugar único entre sus obras: la más extensa y con una de sus más valiosas partituras. El autor tomó sus textos de la Biblia en alemán (de aquí el nombre de “Réquiem Alemán”), es una obra para sala de conciertos. Mientras Mozart, Cherubini, Berlioz, Verdi y algunos más se mantuvieron fieles a las palabras latinas prescritas por la liturgia católica, Brahms---luterano y buen conocedor de la Biblia---eligió los textos libremente.
La obra se aleja tanto de los luminosos corales de Bach como de las catarsis beethovenianas conquistadas después y a través de largos sufrimientos. Para Brahms el vértice supremo de la alegría era la paz y el silencio. Los afligidos tendrán y los difuntos tienen ya la paz prometida, expresada con acentos de extrema dulzura. El consuelo es la esencia del “Réquiem” brahmsiano.
La composición está dedicada a su madre, fallecida hacía poco, y a Robert A. Schumann (que murió en total enajenación) de quien Brahms fue discípulo y al que profesaba gran estima (en realidad Schumann lo reconoció y anunció como”futuro genio musical”).
La pieza es para soprano y barítono solistas, coro y orquesta (1). El esquema de la obra es: I) “Dichosos los afligidos…” (Mateo, 4), coro y orquesta sin violines de color; II) “Toda la carne es como la hierba” (1 Pedro, 1-24), únicamente coral con orquesta completa (en una melodía trágica que recuerda a Mahler); III) Salmo XXXIX, barítono solo y coro, fuga sostenida por pedal de “re” en el timbal; IV) Salmo LXXXIV, el coro canta al Eterno en un clima de serenidad; V) “Vosotros estáis tristes ahora, pero yo regresaré de nuevo y vuestro corazón se regocijará y nadie podrá frustrar vuestra alegría” (Juan, 16, 22), soprano sola y coro; VI) “Nosotros no tenemos ninguna ciudad duradera, mejor busquemos nuestra morada futura” (Hebreos, l3, 14), barítono y coro, página dramática de encomiable progresión hasta el final a estilo fugado y VII) “Bienaventurados los difuntos que mueren en la gracia del Señor” (Apocalipsis, 14, 13), recogiendo los violines aquella paz y serenidad de la 1ª. parte.
El 1er. episodio está estructurado como una coral donde predomina una atmósfera schubertiana lograda con melodías, timbres y colores doloridos pero siempre dulces (la originalidad en el desarrollo de esta pieza, que termina en fuga, es total); el 2º. episodio destaca por la sencilla articulación y por la deliciosa combinación arpa-flauta; el 3er. episodio ofrece un solo del barítono que da respuesta al coro; el 4º. es de una estructura más ligera en un carácter más de insistencia que
de intermedio con lo expuesto; el 5º. es un añadido después del estreno (magistralmente injertado), resultando una pieza exquisitamente mística y delicada (resulta excepcional la actuación de los dos pianos); el 6º. es una oscilación armónica entre las tonalidades mayor-menor que expresa la inquietud del ser humano ante sus dudas; tras una tempestad emotiva de inmensa fuerza es lógico que aparezca el 7º. movimiento que desemboca humildemente en la paz y tranquilidad…..”Bienaventurados los que mueren en el Señor…” (2).

                                                             
1)- Soprano y barítono solistas, coro y orquesta, compuesta por pícolo, 2 flautas, 2 óboes, 2          clarinetes, 2 fagotes, contrafagod “ad libitum”, 4 cornos, 2 trompas, 3 trombones, tuba, timbales, 1 o 2 arpas y órgano “ad libitum”.

2)- Una bibliografía en castellano sobre Brahms:
   - “El réquiem de la música romántica” (parte dedicada al “Réquiem de Brahms”), del Padre      
        Federico Sopeña Ibáñez (Rialp, 1965)-
   - “Brahms”, de Yves y Ada Rémy (Espasa & Calpe, 1978)-
   - “Brahms, su vida y su obra”, de Karl Geiringer (Altalena, 1984)-
   - “Brahms”, de Arturo Reverter (Ediciones Península, “Guías Scherzo, 1995)-
   -“Brahms, repertorio completo”, de Amedeo Poggi y Edgar Vallora (Cátedra/Clásica, 1999)-
   -“Brahms”, de Jeremy Siepmann (Acento Editorial, 1997)-


3)- EL REQUIEM DE VERDI

“Esta audición del espléndido Requiem de Verdi quedará entre los fastos de nuestras actividades musicales... Ir a escuchar un Requiem es algo que siempre exige cierta reflexión, cuando se ignora, como puede ocurrirle a muchos, que esta misa verdiana es uno de los más perfectos trozos de música profana que se haya escrito jamás ...” (Alejo Carpentier, escritor)


                        Continuamos con los “Réquiem”. Ahora toca el del italiano Giuseppe Verdi (Roncale, 1813- Milán, 1901). Cuando oímos el apellido Verdi lo asociamos ineludiblemente al mundo de la ópera, especialmente con algunos títulos de renombre universal (“La Traviatta”, “Aida”, Otello”, “Il Trovattore”, “Nabucco”, etc.) pero, en cambio, no muchos le recuerdan como autor de música religiosa o destinada al culto (aunque en poca cantidad y con intermitencia de varios años son composiciones más que notables): “Tantum Ergo”, “Libera me”, “Pater Noster”, “Ave María”, nuestra “Messa de Réquiem” y---unos 25 años después---“4 piezas sacras” formadas por 1) otro “Ave María”, 2) un “Stabat Mater”, 3) “Laudi alla Virgine María” y 4) un “Te Deum”, ya que antes de iniciar su carrera operística fue organista en la pequeña ciudad italiana de Monza.
Al fallecer G. Rossini en 1868 propuso Verdi elaborar una “Misa de difuntos” o “Réquiem” en colaboración con otros músicos, reservándose él la parte del “Libera” que compuso a toda prisa pero la obra jamás llegó a realizarse. Cinco años más tarde fallece el escritor Alessandro Manzoni, íntimo amigo de Verdi quien al punto decide escribir una misa de “Réquiem”---aprovechando el fragmento del “Libera”---que acabaría al año siguiente (1874) en su estancia en París.
Como los réquiems de Mozart o de Berlioz, o como las grandes misas de Bach o Beethoven, rebasa los límites habituales de la liturgia de la Iglesia. Superó las críticas de ser “obra teatral transplantada” (recordemos que Verdi poseía un temperamento puramente teatral) y de tener un sentimiento excesivamente dramático. El Réquiem de Verdi se convirtió inmediatamente en pieza idónea para conmemoraciones solemnes de carácter funerario, pero no en recintos eclesiásticos.
La instrumentación es la siguiente: Piccolo, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 4 fagotes; 4 trompas, 4 trompetas, 3 trombones, figle; timbales, gran caja; cuerdas y---“en distancia”---4 trompetas. Verdi dividió su obras en 7 partes, excluyendo los fragmentos habituales de la misa católica: el Gradual y el Tracto (como Mozart en su Réquiem) pero añadió el “Absolutio” (“Libera me, Domine…ya preparada para el frustrado homenaje comunitario a Rossini) como hiciera Donizetti en sus tres Réquiem. Verdi utilizó gran cantidad de recursos, tanto en la parte vocal como en la instrumental y coral. La orquesta posee gran riqueza propia de un Verdi musicalmente maduro en su totalidad mientras los 4 solistas principales son los encargados de expandir el discurso a través de arias, dúos, tercetos y concertantes.
Verdi dividió su “Misa de difuntos” en siete partes: I)- RÉQUIEM, formado por el “Introito” y  los “Kyries” (soprano y coro); II)- DIES IRAE compuesto por: 1) “Dies Irae” (coro), 2) “Tuba Mirum” (bajo y coro), 3) “Liber scriptum” (mezzosoprano y coro), 4) “Quid sum miser” (soprano, mezzosoprano y tenor), 5) “Rex Tremendae” (solista y coro), 6) “Recordare” (soprano y mezzosoprano), 7) “Ingemisco” (tenor), 8) “Confutatis” (bajo y coro) y 9) “Lacrimosa” (solista y coro); III)- OFERTORIUM, bifurcado por el “Domine Jesu Christie” (solista) y el “Hostias” (solista); IV)- SANCTUS (coro), V)- AGNUS DEI (soprano, mezzosoprano y coro); VI)- LUX AETERNA (mezzosoprano, tenor y bajo) y VII)- LIBERA ME, subdividido a su vez en 1) “Libera me”, 2) “Dies irae”, 3) “Requiem aeternam” y  4) “Libera me” (todos a soprano y coro).
A tener en cuenta que no hay prólogo orquestal, al decir en un “quasi parlato” coral “Requiem aeternam dona eis Domine” sube en intensidad  los violines para crear, dramáticamente, un cierto clima de presagio y al repetirse el “Réquiem” se vuelve simétricamente al bellísimo arranque. El “Dies irae”es, sin lugar a dudas, el fragmento más dramático, prolongado y mejor acabado de toda la obra. Sí, sale el “Dies irae” a gritos, pero ¡que mano más recia (1) sabe organizar todo este cataclismo! La genialidad está en combinar la violencia con una clarísima vocalización del canto de cada palabra, la orquesta alterna entre acordes secos cuyo solo timbre está en esta sequedad y en rápidas figuraciones cromáticas. No hay intervención de los solistas en este colosal griterío inicial del 2º capítulo (2). A destacar también la trompetería del “Tuba Mirum” -- recuerda las de “Otello” y “Aida”--- problema fácil para Verdi que resuelve con una proverbial concisión y distinción de matices; el “Confutatis”se expresa mediante un bajo y la orquesta que reproducen aspectos dramáticos y ásperos. También señalar la curiosidad del “Sanctus” (capítulo IV) al que Verdi confiere un aire de oratorio (con un comienzo de trompetería en marcha triunfal derivada de “Aida”).
La estructura armónica es nítida y sencilla, de gran flexibilidad y nobleza. Más espiritual que eclesiástico, este Réquiem ha sido pieza predilecta de grandes directores como Toscanini (lo dirigió 29 veces, entre l902 y 1951, sobreviviendo varias de ellas en disco), de un inigualable lirismo lleno de vigor y pasión o Giulini, quien lima la partitura de contenido teatral y logra una espiritualidad límpida y plena de recogimiento….
                                 
                                                           
1)- Parece a 1ª. vista que acabará en caótico y estrepitoso ruído pero la absoluta genialidad de un   
      Verdi, un Beethoven o un Wagner (y algún otro) convierte el estruendo en perfecta armonía.

2)- Citado por el Padre Federico Sopeña Ibáñez en su espléndido estudio sobre “EL REQUIEM DE LA MUSICA ROMANTICA”, Editorial Rialp (Madrid, 1965).